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Sábado, 28 de agosto de 2004 - 17:29 GMT
Fragilidad del palacio de cristal
Raúl Fain Binda
Raúl Fain Binda
Columnista, BBC Mundo

Nada es más impresionante que el colapso de un palacio de cristal. El edificio es tan grande, tan vasto y majestuoso, que el desastre sólo parece inevitable mucho después de comenzar, cuando las torres y los puentes levadizos se han hecho polvo en el suelo.

Allen Iverson, de Estados Unidos, ve caer a su equipo.
El rostro individual de la derrota.

Hablamos del prestigio de la NBA, del Dream Team, del supuestamente invencible baloncesto de Estados Unidos en los Juegos Olímpicos.

El Dream Team despertó a la realidad el viernes 27, ante Argentina. Ya había caído ante Puerto Rico y Lituania, en la fase previa, pero una convincente demostración de autoridad ante España restableció la confianza, y nadie imaginaba que Argentina se impondría con tanta amplitud (89-81) y, sobre todo, demostrando tanta superioridad.

El baloncesto argentino se ha convertido en el gran verdugo del orgullo estadounidense: en el Campeonato Mundial de 2002, jugado en Estados Unidos, Argentina fue el primer equipo que venció a los locales, hasta entonces invictos.

Las explicaciones

Las crónicas de los periodistas especializados ensayan numerosas explicaciones del desastre.

La más mencionada es la juventud del equipo: 23,6 años de promedio, en contraste con 27,1 de Argentina y 28,3 de Italia, el otro finalista. En promedio, los jugadores del Dream Team habían acumulado una experiencia de poco más de nueve partidos internacionales, mientras que los argentinos, por ejemplo, rondaban los cien.

En segundo lugar se destaca la falta de preparación previa: las prácticas comenzaron el 26 de julio.

Más importante todavía, numerosas figuras de la NBA desoyeron la convocatoria: del equipo que ganó fácilmente el torneo clasificatorio se escabulleron con diferentes pretextos Vince Carter, Jermaine O'Neal, Ray Allen, Tracy McGrady, Mike Bibby, Elton Brand, Kenyon Martin, Nico Collison y Jason Kidd.

De aquel poderoso plantel solo quedaron los formidables Tim Duncan, Allen Iverson y Richard Jefferson.

Ausentes sin pasión

Partido Argentina-EE.UU.
En el fragor de la batalla.

Los seleccionadores invitaron a Kevin Garnett, Shaquille O'Neal, Karl Malone, Koven Bryant, Richard Hamilton y Ben Wallace. Todos dijeron que no.

Los ausentes fueron el blanco del seleccionador Larry Brown, cuando dijo que envidiaba a los equipos internacionales de otros países, "que demuestran pasión por su equipo, compromiso con sus compañeros, con su país, con su deporte. Esas son las cosas lindas que nosotros no tenemos".

En Estados Unidos muchos creyeron que Brown hablaba de sus hombres, que habían perdido ante Puerto Rico y Lituania. En realidad, sus jugadores dieron la cara cuando otros daban la espalda.

Pero el equipo que acudió a los juegos resultó inexperto en las reglas del baloncesto internacional, que a diferencia de las normas de la NBA favorecen la defensa en zona y contemplan un campo de juego más corto.

Espacio y puntos

La cancha reducida favorece el juego defensivo de los adversarios, que toman posiciones más rápidamente, aunque sobre los papeles también debería facilitar la defensa propia y reflejarse en una elevada conversión de tres puntos, ya que el arco que delimita la zona es más pequeño que en la NBA.

No obstante, en todos los partidos, excepto ante España, los rivales de Estados Unidos encestaron más lanzamientos de tres puntos.

El último argumento, el preferido por los responsables de la delegación, es el evidente progreso del baloncesto fuera de Estados Unidos, que se refleja en una masiva presencia de jugadores extranjeros en la NBA.

Leemos una estadística muy elocuente: el Dream Team original, el de los juegos de Barcelona, en 1992, ganó sus partidos con una ventaja promedio de 43,8 puntos. En 1996, el promedio se redujo a 31,7 puntos por partido; en los juegos de 2000, el promedio se redujo a 21,6 puntos. Y en estos juegos de 2004, la ventaja promedio en los partidos ganados por este devaluado Dream Team fue inferior a los seis puntos.

Jugadores sin juego

Nadie duda que la NBA tiene los mejores jugadores del mundo.

Estados Unidos podría presentar cuatro o cinco equipos diferentes, todos capaces de ganar cualquier torneo. La gran diferencia es que ahora ni siquiera el mejor de ellos podría lograrlo sin una preparación adecuada.

La diferencia con el resto del mundo se estrecha, pero no todo se debe a la mejoría ajena: también es evidente el rápido deterioro del material humano que hizo grande a la NBA.

En el comentario más agudo que hayamos leído sobre el tema, Mike Wise, del Washington Post, escribió que el tan cacareado "juego de equipo" está virtualmente desapareciendo de la NBA.

Cultura del éxito

Citando a expertos, Wise afirma que "el desarrollo de jóvenes jugadores ha resultado irreparablemente dañado por una cultura atrapada en la promoción de individuos y de estrellas en detrimento de los equipos".

El desarrollo de jóvenes jugadores ha resultado irreparablemente dañado por una cultura atrapada en la promoción de individuos y de estrellas en detrimento de los equipos
Mike Wise, del Washington Post

Los jóvenes desdeñan ahora el aprendizaje. "Muchos partidos de la NBA son una maraña de tiros desacertados y pases ineptos, marcados por ocasionales jugadas vistosas" para beneficio de la televisión.

Lo cierto es que la NBA se está llenando de extranjeros porque los jóvenes nativos quieren convertirse en "estrellas" sin pagar derecho de piso.

Y Wise cita una declaración muy elocuente de Larry Brown, que no hemos encontrado en otras publicaciones:

"Cuando yo era joven, lo primero que los jugadores querían hacer era llevar la pelota a la zona, para ganar faltas o convertir tiros fáciles. Michael Jordan, Larry Bird y Magic Johnson comprendieron eso desde jovencitos. Pero los jóvenes de ahora no han sido enseñados, no los sientan en el banquillo ni les piden que jueguen para el equipo".

En otras palabras, han nacido para ser estrellas y les parece que no vale la pena aprender el oficio.


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