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Domingo, 28 de diciembre de 2003 - 12:55 GMT
Otra cosa es con testosterona
Raúl Fain Binda
Raúl Fain Binda
Columnista, BBC Mundo

La política sexual se está animando en Gran Bretaña.

Ahora resulta que si un deportista varón no está satisfecho con sus resultados puede presentarse como mujer y aprovechar su mayor fuerza física para llevarse los premios.

O podrá, si el Parlamento aprueba un proyecto de ley presentado por el gobierno.

Dana International, cantante transexual israelí.
Los transexuales quieren reconocimiento jurídico.

El origen de este disparate está en el deseo de reconocer legalmente a la gente (casi siempre hombres) que quiere cambiar de sexo, sin necesidad de una operación quirúrgica para darse los atributos del otro sexo.

La intención es progresista en lo que respecta al reconocimiento jurídico, la herencia, la adopción y otros asuntos que les amargan la vida a los transexuales, pero en lo que respecta a los deportes se abre una trampa grande como la pista central de Wimbledon.

Si lo único que hace falta para ser considerado mujer es declararse como tal, reteniendo no sólo los atributos sexuales masculinos sino también el equilibrio hormonal de un hombre, con su carga de testosterona, bueno, entonces ya no tiene sentido la distinción entre los sexos en el deporte.

El caso de Renée Richards

Cuando un hombre se convierte en mujer en la mesa del cirujano, renuncia a sus órganos masculinos y también a esa carga de testosterona que le da más fuerza y agresividad.

Portada de la autobiografía de Renée Richards.
Portada de la autobiografía de Renée Richards.

Pero la nueva mujer puede retener el vigor en relación directa con el tamaño, como ocurrió con el caso más famoso de un deportista transexual, el doctor Richard Raskind, o mejor dicho, la doctora Renée Richards.

Raskind era un eminente cirujano estadounidense que en los años 70 se convirtió en mujer y adoptó el nombre de Renée Richards.

Como hombre había sido un buen tenista, pero como mujer se convirtió en una campeona. Era más alta, más fuerte y más rápida que todas sus colegas.

Las otras tenistas protestaron, diciendo que tenía una ventaja física desleal, pero la Corte Suprema tomó cartas en el asunto y dictaminó a favor de la doctora Richards.

Buena y mala fe

A los 43 años, una edad provecta en tenis, alcanzó la final de dobles del Abierto de Estados Unidos y al año siguiente los cuartos de final de individuales. En ambos casos se interpuso en su camino la formidable Martina Navratilova.

Martina Navratilova.
Martina Navratilova fue más fuerte.

Si Renée Richards hubiera "nacido" a los 25 años, habría sido invencible.

Por supuesto que Richards no quiso defraudar a nadie. Pero ahora se abre la puerta para que algunos pícaros decidan jugar a las escondidas con la legalidad.

Las diferentes asociaciones deportivas podrían negarse a reconocer la condición de mujer de esos oportunistas, negándoles la posibilidad de participar en torneos y por lo tanto de ganar premios reservados a mujeres de "buena fe", pero aquéllos podrían reclamar compensación ante los tribunales: después de todo, la ley los hará mujeres.

Mucha y poca testosterona

Una posibilidad, que muchos no encuentran humorística sino perfectamente lógica, es que los torneos se clasifiquen según el nivel de testosterona de los participantes.

Una posibilidad, que muchos no encuentran humorística sino perfectamente lógica, es que los torneos se clasifiquen según el nivel de testosterona de los participantes

Por ejemplo, la final de los 100 metros llanos de baja testosterona a las 4 de la tarde, a continuación la final del salto con pértiga de mediana testosterona y en el otro extremo del estadio el salto triple de elevada testosterona.

Todos abiertos a hombres y mujeres, como requieren los nuevos tiempos de corrección política.

Esto será injusto para las mujeres, porque ellas no sacarán ningún provecho de la competición con hombres de su misma categoría.

Este asunto de la testosterona es insoslayable en deporte, por más que la ley pretenda lo contrario.

Ayer y hoy

Para participar en los juegos olímpicos, las atletas deben probar que son mujeres.

Stanislawa Walasiewicz (centro) en las Olimpiadas de 1932.
Walasiewicz ganó los 100 metros llanos en las Olimpiadas de 1932.

Cuando el análisis de cromosomas fue introducido, en los años 60, las hermanas soviéticas Tamara e Irina Press, ganadoras entre ambas de cinco medallas de oro, se retiraron prematuramente de las competiciones internacionales.

Más tarde, en 1980, durante la autopsia de una señora estadounidense muy respetable, Stella Walsh, que había muerto durante un intento de robo, se descubrió que tenía pene y testículos atrofiados, y cromosomas femeninos y masculinos.

Bajo el nombre de Stanislawa Walasiewicz y representando a Polonia, Stella ganó los 100 metros llanos en las Olimpiadas de 1932 y terminó en segundo lugar en las de 1936.

Los atletas transexuales podrán participar en los Juegos Olímpicos de Atenas, ya que el COI acaba de aprobar su inclusión, pero siempre que hayan pasado por la mesa del cirujano y tras un lapso (todavía no determinado) para que el organismo alcance el equilibrio hormonal del nuevo sexo.


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