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Sábado, 1 de noviembre de 2003 - 17:33 GMT
Un Phileas Fogg moderno
Raúl Fain Binda.
Raúl Fain Binda
Columnista, BBC Mundo

Si no se muere en las próximas horas, Ranulph Fiennes concluirá este domingo 2 de noviembre, en Nueva York, su séptimo maratón en siete días en siete continentes.

Ranulph Fiennes
Fiennes controla su tiempo tras terminar su maratón londinense.

Corrió el primero en el sur de Chile, el segundo en las Islas Malvinas o Falklands, el tercero en Australia, el cuarto en Singapur, el quinto en Londres y el sexto en El Cairo (donde acaba de completar los 42 kilómetros mientras escribimos estas líneas, el sábado 1).

Toda la serie en siete días, saltando de avión en avión, entre fines de octubre y comienzos de noviembre.

Fiennes no es joven ni está sano. Este ex oficial de la SAS británica tiene 59 años y hace cinco meses le practicaron un cuádruple by-pass en el corazón, tras un ataque que estuvo a punto de llevárselo de este mundo.

Sus aventuras

Pero Fiennes está acostumbrado a los grandes esfuerzos y los graves riesgos: llegó por tierra al polo norte en dos ocasiones y al polo sur en una, atravesó a pie la Antártida y África, sufrió gangrena, lo tirotearon en el Medio Oriente, descubrió en Omán la ciudad perdida de Ubar, cruzó varias veces los Andes, los Alpes, el Himalaya, exploró el Nilo y remontó el Amazonas en canoa.

Ranulph Fiennes
Fiennes conoce ambos polos.

Y cien otras aventuras.

A su lado, Indiana Jones es un poroto.

Fiennes es un explorador en una época en la que ya no quedan cosas por explorar. Debió haber nacido en el siglo XIX, pero un error administrativo de la oficina divina lo envió a Inglaterra con cien años de retraso.

Se supone que hace todo esto por deporte. Deporte desinteresado, en el sentido clásico, nos dicen.

Nosotros no estamos convencidos.

Aventurero o deportista

En primer lugar, Fiennes se ha ganado la vida con sus andanzas, lo cual lo convierte en un aventurero profesional.

Sus admiradores lo equiparan con Phileas Fogg, el héroe de La Vuelta al Mundo en 80 Días, y hasta lo acompañaría su propio Passepartout, que ya no es un valet sino un compañero de aventuras, un tal Mike Stroud.

Pero Phileas Fogg, en el libro de Julio Verne, invirtió su propia fortuna en la vuelta al mundo, mientras que Fiennes gasta en sus viajes el dinero de sus patrocinadores.

Y si corre peligro lo rescatan con fondos de los contribuyentes.

En segundo lugar, el verdadero deportista no hace esfuerzos en detrimento de su cuerpo y de su espíritu. Se abstiene de las drogas porque son innobles y también porque perjudican la salud.

Lo mismo vale para los esfuerzos sobrehumanos que hace el explorador inglés.

Una forma de masoquismo

Fiennes, en esta empresa supuestamente deportiva, se está torturando a sí mismo.

Película de Indiana Jones
Indiana Jones, un "poroto" al lado de Ranulph Fiennes.

Los médicos le han dicho que no corre peligro si mantiene sus pulsaciones por debajo de 130 por minuto, pero la posibilidad de un nuevo ataque al corazón no es el único riesgo.

Valga un breve recorrido por los trastornos que experimenta ahora su cuerpo.

A pesar de que Fiennes viaja hacia el oeste, acompañando al sol, sufre los inconvenientes del jet-lag y ya ha corrido varios maratones en un horario "de madrugada" para su reloj biológico, cuando el metabolismo funciona en cámara lenta.

Para un hombre de su edad y condición, correr 42 kilómetros todos los días durante una semana suena a locura, aunque no se contemplen los viajes.

Los atletas especializados en maratones (jóvenes y sanos, además) aconsejan un intervalo de por lo menos tres semanas entre una carrera y otra.

Azúcar y grasa

En un maratón, los músculos consumen el glicógeno o azúcar acumulado.

Cuando éste se agota (el momento en que el atleta choca con "la pared"), el organismo comienza a consumir sus grasas.

La grasa es menos eficiente que el glicógeno y además el organismo debe trabajar para convertirla, de modo que el corazón se esfuerza mucho más.

Mike Stroud y Ranulph Fiennes
Stroud, más jóven que Ranulph Fiennes, ya sufre los estragos de la travesía.

El golpeteo de los pies en el suelo y el tironeo de los músculos deben ser insoportables. "Passepartout" Stroud ya orina con sangre, a pesar de ser más joven y sano que Fiennes.

Capilares de los pies se rompen y fibras musculares de las piernas se rasgan. Uno o dos por ciento de los músculos se dañan en cada carrera y no hay tiempo para recuperarlos.

Arterias limpias Cuando le preguntaron por qué se embarcaba en esta locura cinco meses después de su ataque al corazón, Fiennes ofreció una respuesta ingeniosa:

"Este es un viejo proyecto. Lo puedo hacer justamente porque tuve el ataque al corazón. Si no lo hubiera tenido, me habría muerto en el segundo o tercer maratón. Ahora, en cambio, tengo las arterias cero kilómetro".

Fiennes y Stroud ya han recaudado cuatro millones de libras esterlinas, que destinarán a la investigación de las enfermedades cardíacas.

Nos sacamos el sombrero ante Ranulph Fiennes, pero sus siete maratones en siete días en siete continentes no son deporte.

Nos hacen pensar en un largo suicidio, con fines de beneficencia, claro está, pero suicidio al fin.



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