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Sábado, 11 de octubre de 2003 - 17:30 GMT
Estadios sin policías
Raúl Fain Binda.
Raúl Fain Binda
Columnista, BBC Mundo

Una de las formas de la felicidad es un estadio de fútbol sin policías.

Edgar Davids de Holanda se abraza al árbitro Kim Milton Nielsen
Los holandeses alcanzaron una de las formas de la felicidad.

Las autoridades argentinas han elegido el modelo holandés para garantizar la seguridad en las canchas de fútbol.

Norberto Quantín, secretario de Seguridad, dijo al diario Clarín que "la idea no es copiarlo sino adaptarlo a nuestro fútbol".

Menos mal, porque el sistema holandés es tan estricto que resulta inconcebible en Argentina, por lo menos en el corto plazo.

En BBC Deportes hablamos con Pedro Salazar, el portavoz del PSV Eindhoven, uno de los grandes clubes holandeses. De nuestra conversación con este dirigente de origen chileno surgieron los siguientes elementos:

Todos los aficionados holandeses que quieran ir a la cancha deben tener una tarjeta o carnet de inscripción en uno de los clubes, que contiene numerosos datos: nombre, lugar de trabajo, teléfono, dirección, fecha de nacimiento, etc.

Esta tarjeta es personal e intransferible. Sin ella no se puede comprar una entrada. "Si usted quiere ver un partido en Holanda, se debe registrar; yo no le puedo prestar mi tarjeta", nos dijo Salazar.

De visitante

Cuando los equipos juegan como visitantes, los hinchas compran sus entradas por anticipado a través de los clubes de aficionados que también operan los ómnibus que los llevarán al estadio. No es posible viajar por separado y comprar entradas en los estadios a último momento, ni en taquilla ni a revendedores.

Todas las personas que asisten a un partido de fútbol holandés están registradas. Esto sólo es posible si los estadios tienen asientos numerados: en el fútbol moderno ya no hay lugar para el tablón, la tribuna de pie.

Si existen pruebas de comportamiento antisocial grave, el sistema (en el que participan la federación, la policía, el ministerio de Justicia y el club) impone al responsable una prohibición de asistir al fútbol que fluctúa entre algunos meses y varios años.

De esta manera, la seguridad se garantiza antes del comienzo del partido.

En la comisaría

Policías lanzan granadas de gas en la tribuna de un estadio de fútbol
La violencia en los estadios no es sólo patrimonio del tercer mundo.

El sistema holandés contempla que los inadaptados se presenten en su comisaría local un par de horas antes de los partidos y se retiren dos o tres horas después de su finalización, para prevenir también los desórdenes en los alrededores de los estadios.

Este filtro permite resolver uno de los problemas más graves de la seguridad en todo el mundo: el carácter provocativo de la presencia de unidades policiales armadas hasta los dientes dentro y fuera de los estadios.

"En mi club, el PSV, la presencia policial dentro del estadio está restringida a cinco o seis agentes, a lo sumo diez o doce en partidos muy importantes. También es mínima la presencia de guardias profesionales de seguridad, un puñado de ellos para casos muy especiales, como la protección de invitados especiales, gente importante o muy vulnerable. El resto del operativo de seguridad corre por cuenta de voluntarios, que en nuestro club llegan a 300 o 400 personas, según los casos".

Estos voluntarios controlan el ingreso en las puertas de acceso y la correcta distribución de los aficionados en las tribunas.

Policías en el estadio

"Los pocos policías dentro de los estadios", nos dijo Salazar, "sólo llevan su arma reglamentaria y no están allí para reprimir. En los alrededores de los estadios la policía se ocupa de dirigir el tránsito, en lugar de disuadir con un ostentoso despliegue de carros, perros, bastones y equipo antidisturbios, como es el caso en muchos países, incluso europeos".

"Aquí se comprende muy bien el carácter provocativo de un despliegue de esa naturaleza, pero quiero aclarar que en el fondo estamos ante un fenómeno cultural, que no comienza cuando la gente quiere ir al fútbol sino en la casa, con el ejemplo de los padres. El éxito de un operativo de seguridad de este tipo pasa por la responsabilidad social de los individuos."

"Los inadaptados existen en todas partes y también están los que beben, los que se drogan, que antes de un partido nos prometen portarse bien y después pierden la cabeza. Aquí todavía tenemos problemas con ellos", agregó.

Debate político

Salazar nos explicó también que existe un debate político y social sobre algunos de los aspectos más draconianos del sistema.

Marcelo Gallardo y Edgar Davids
Argentina quiere seguir el modelo holandés... no de fútbol sino de seguridad en los estadios.

"Aquí existe una tradición de privacidad, de libertad de movimientos, de modo que la obligación de presentarse en las comisarías y permanecer allí durante varias horas no es algo que se acepte mansamente. Esto se refleja en un debate político muy intenso."

De todo esto surge que la fórmula holandesa para resolver el problema de la violencia en las canchas de fútbol es de prevención: consiste en privar a los violentos del oxígeno de la aventura, sofocarlos antes de que lleguen al estadio.

Y otra cosa, que señala Salazar:

"Es una cuestión de conocimiento, de información: si el inadaptado que está sentado en el asiento número 4 de la fila tercera de la tribuna tal y cual, sabe que nosotros sabemos cómo se llama, dónde vive, dónde trabaja, pues no tendrá muchas ganas de probar su virilidad."

Responsabilidad de los medios

Le dijimos que en Argentina, por ejemplo, no cuentan todavía con un sistema de "todos sentados" que permita un control de este tipo.

"Sí, pero también es una responsabilidad de ustedes, los periodistas. La televisión debería denunciar con imágenes a los violentos, y el resto de los medios de comunicación y las fuerzas vivas deberían hacer una campaña para condenarlos moralmente, para marginarlos".

Después de hablar con Pedro Salazar nos quedó la impresión de que lo más atractivo del sistema holandés es que elimina la necesidad de la presencia policial en los estadios, que en Argentina forma parte del problema de la violencia, debido a la relación simbiótica que existe entre policías y barrabravas.


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