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Sábado, 16 de agosto de 2003 - 19:40 GMT
Las tres rebeliones
Raúl Fain Binda.
Raúl Fain Binda
Columnista, BBC Mundo

Los colonizados, por un lado, y los metropolitanos, por el otro.

Claude Makelele
Makelele se crió en la pobreza, al igual que Davids y Riquelme.

"Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría y también de la locura: la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación".

En Historia de Dos Ciudades, Charles Dickens sugiere que la verdad tiene al menos dos versiones paralelas, aunque a veces convergen y se cruzan como las cicatrices de un veterano.

Dos mundos, dos realidades. En el fútbol también.

Por un lado Claude Makelele, congoleño de Kinshasa, por el otro Florentino Pérez, español de Madrid; por aquí Edgard Davids*, surinamés de Panamaribo, por allá Luciano Moggi, italiano de Turín; en este rincón Juan Román Riquelme, argentino de Buenos Aires, allí enfrente Joan Laporta, catalán de Barcelona.

Makelele, Davids y Riquelme no se sienten a gusto y se rebelan según sus índoles, sus prejuicios, sus rencores. Pérez, Moggi y Laporta reaccionan según sus derechos legales.

Tres casos

Tanto Makelele, del Real Madrid, como Davids, del Juventus, son profesionales adultos y su rendimiento en la cancha no es motivo de disputa.

El surinamés con pasaporte holandés tiene una personalidad díscola y violenta, pero todos reconocen su entrega, su generosidad, sus dientes apretados de terrier del mediocampo.

El congoleño con pasaporte francés es el puntal defensivo del mediocampo de su equipo, la muralla que rechaza adversarios y sostiene a los galácticos, el peón que acarrea al escenario los pianos de los concertistas (ver El Piano de Pelé, La Vida es Juego, 29/3/03).

Claude Makelele
Makelele sabe que su aporte es fundamental para el Real Madrid y quiere justicia.

El argentino es un profesional adolescente, capaz tanto de echarse el equipo al hombro como de echarse a dormir, si le da la gana.

Los tres se criaron en la pobreza y ese conocimiento tiñe su reacción ante los ricachones que manejan el fútbol internacional.

El caso de Makelele

Makelele sabe que su aporte es fundamental en el esquema de juego del Real Madrid y le duele que no reconozcan su valía, ya que sólo le pagan la quinta parte de lo que ganan los "galácticos" (o un tercio, según ciertas versiones).

Makelele, un tipo leal, modesto, tímido, quiere la justicia del reconocimiento.

Quiere que le paguen más o que lo dejen marcharse a un club que le pagará lo que quiere. El problema es que, a los 30 años, ha firmado un contrato hasta junio del 2006 y su agente, Marc Roger, tiene la técnica negociadora del zorro en el gallinero.

De modo que el Madrid, con las plumas alborotadas, quiere imponer la justicia de los contratos.

El caso de Davids

Davids sabe que su aporte es fundamental en el esquema de juego del Juventus y le duele que no lo hayan dejado marcharse al Roma, donde su admirador Flavio Capello le prometía rienda suelta en el mediocampo.

Edgard Davids
Davids quiere libertad y respeto.

Davids, un tipo apasionado, susceptible, rencoroso, quiere libertad, quiere el respeto que le niega Luciano Moggi, director general de Juventus, el manipulador del mercado más astuto de Europa, que acaba de contratar a Stephan Appiah, un ghanés de 23 años, muy parecido a Makelele... y al propio Davids.

A Davids el dinero le gusta, cómo no, pero en la Juve no le pagan tan mal como a Makelele en el Madrid.

Él también tiene 30 años, pero su contrato vence en junio del año que viene, de modo que está en buena posición para ganarle el pulso a Moggi.

Davids puede esperar un año en el banquillo, ganando un buen sueldo, pero Makelele no puede aguardar tres temporadas ganando poco.

Marc Roger, el agente de la mano pesada, el negociador de la lengua de plomo, quiere repetir con Makelele el tránsito de Ronaldo desde el Inter al Madrid, olvidando las diferencias, especialmente el elevadísimo sueldo que el brasileño cobraba en Italia, que forzó la mano de Massimo Moratti, el presidente del club.

Moratti no se podía dar el lujo de sentar a Ronaldo en el banquillo, cuando se desplomaba el mercado. Pérez, en cambio, puede tocar la mandolina mientras Makelele se dora al sol.

El caso de Riquelme

Riquelme, un tipo introvertido, huraño, también amenaza con sentarse a tomar sol si el Barça no lo incluye en el plantel o lo cede al Boca Juniors, en vez de a otro club europeo, como pretenden los dirigentes.

Juan Román Riquelme

Su rebeldía puede ser suicida desde el punto de vista deportivo, ya que los clubes capaces de pagar su ficha y su sueldo (tres millones de euros por año, según Marca) han tomado nota de sus remilgos, pero a Riquelme no le importa, porque... bueno, porque a los 25 años ya es un veterano en esto de sentarse a tomar sol.

Ya lo hizo en Boca Juniors, presentándose como víctima de una dirigencia rapaz y entreguista, que toleraba sus actos de indisciplina y sus desplantes con la esperanza de "colocarlo" en Europa.

Riquelme no quiere justicia, como Makelele, ni libertad, como Davids. El quiere que lo dejen en paz. No le interesan los cambios, porque tiene la suerte de ser joven y gozar de un buen contrato.

Quién es el sabio, quién es el loco, cabe la pregunta.

*Agradecemos la cooperación de Daniel Martínez, corresponsal de BBC Deportes en Italia.


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