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Sábado, 20 de septiembre de 2003 - 16:44 GMT
Media copa de racismo
Raúl Fain Binda.
Raúl Fain Binda
Columnista, BBC Mundo

Un grupo de ex futbolistas negros, en el que se destacan John Barnes (Liverpool) e Ian Wright (Arsenal) lanzará la semana que viene una campaña para denunciar la falta de oportunidades en la dirección técnica de clubes ingleses.

Destacarán que sólo cinco de los 92 clubes de las cuatro divisiones profesionales del fútbol inglés tienen entrenadores negros.

John Barnes

No hay ninguno en la Premier League ni en la Primera División. En la Segunda División está el internacional Carlton Palmer, al frente del Stockport*. Otros cuatro clubes, de la Tercera División, Torquay, Lincoln, Mansfield y Bury, tienen técnicos negros "porque son baratos", dice Wright con amarga ironía.

Wright, Barnes y sus compañeros quieren organizar un sindicato de jugadores profesionales negros, que actuará en coordinación pero independientemente de la Asociación de Futbolistas Profesionales.

Este tema, como todos en los que se menciona al racismo, tiene tantas puntas como un erizo.

Empeorar o mejorar

Cuando todos hablan de racismo, cuando aumentan las denuncias de abusos, cuanto más ruido y furia, acusaciones y excusas escuchemos, eso no quiere decir que las cosas están empeorando: al revés, quiere decir que las cosas están mejorando.

Es cuestión de ver la copa medio vacía o medio llena.

En los malos años, cuando la población negra de Estados Unidos debía ceder sus asientos en el transporte público a los blancos, muy pocos protestaban. Ahora, que las cosas han mejorado, todos o casi todos protestan todos los días.

Cuando yo llegué a Londres, en 1980, muchos aficionados, jugadores y periodistas blancos tenían como artículo de fe que los jugadores negros, aunque fuertes físicamente, se acobardaban en la adversidad, cuando el adversario ganaba y el equipo propio estaba en inferioridad numérica.

En aquella época los jugadores negros eran relativamente pocos y estaban sometidos a una terrible presión, con pocos amigos en el vestuario, dirigentes indiferentes u hostiles y una hinchada cuyos líderes más ruidosos eran casi invariablemente racistas.

Sapos de otro pozo

Aquellos jugadores eran la mosca en la leche, porque el racismo blanqueaba las tribunas. Eran sapos de otro pozo, tratando de afirmarse y conservar el pellejo. Exigirles que encima de todo se convirtieran en caudillos, desafiando la desconfianza generalizada, era una pretensión absurda.

Patrick Vieira del Arsenal y Cristiano Zanetti del Inter de Milán.
Patrick Vieria es uno de los mejores jugadores pagados del Arsenal.

Muchos equipos, con hinchadas casi totalmente blancas, tienen hoy en sus plantillas a numerosos jugadores negros. Es notable el contraste entre la proporción de negros en la cancha y de negros en la tribuna, porque estos últimos no pasan de 2%.

Este porcentaje es nacional, claro, e incluye a muchos clubes de barrios donde la población negra es bajísima, hasta inexistente. La proporción de hinchas negros es menos baja donde se concentra la población de color, pero la diferencia persiste: proporcionalmente hay muchos más jugadores negros que hinchas negros en las tribunas.

El fútbol se nutre de la marginación, de los barrios pobres. Los jóvenes blancos de clase media se interesan por el rugby o el cricket, mientras que los habitantes de los barrios pobres prefieren casi siempre el fútbol. Y no hace falta subrayar donde vive la mayoría de la población negra.

Base de jugadores negros

Es por eso que los jugadores negros surgen como hongos, en una proporción mucho más elevada que los blancos en relación con las dimensiones de sus comunidades raciales y sociales.

Muchos clubes tienen una base de jugadores negros. Y no sólo los equipos relativamente pobres, que no pueden pagar buenos salarios: también el Arsenal, por ejemplo, muchas veces presenta nueve o diez jugadores negros.

Los mejores hombres del Arsenal, los mejor pagados, son negros: Vieira, Henry, Campbell. En otros equipos, como el Manchester, los mejor pagados han sido invariablemente blancos.

¿Quiere decir esto que Alex Ferguson y los dirigentes del Manchester son racistas?

En el debate que se abre muchos lo dirán así, con todas las letras. Pero antes de arrancarnos los ojos, recordemos algo muy importante.

Entrenador como general

Un entrenador no es únicamente un conductor de la plantilla de jugadores, un sargento al frente de un pelotón. Es un general, con múltiples responsabilidades: debe controlar el vestuario, mantener el apoyo de los aficionados y la confianza de los dirigentes que lo han nombrado, le pagan el sueldo y son capaces de echarlo a la menor contrariedad.

Y encima de todo esto, ganar partidos.

Si tenemos en cuenta que el racismo no ha sido extirpado de las tribunas ni de los pasillos, los dirigentes bien intencionados (que los hay, por cierto) vacilan ante la posibilidad de contratar un técnico negro: ¿Podrá resistir toda esa presión?, se preguntan.

Los dirigentes del Celtic de Glasgow lo intentaron en 1999 con John Barnes, cuya experiencia como técnico era mínima. Lo despidieron a los siete meses, en febrero del 2000. "Nunca más le dieron una oportunidad", dice Wright.

Otros dicen que Barnes es muy pretencioso y que después de aquel fracaso en Escocia debió probar su talento con clubes de divisiones inferiores, que pagan menos de lo que él pretende cobrar.

*Palmer fue despedido el viernes 19 de septiembre.


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