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Jueves, 12 de abril de 2007 - 17:56 GMT
Apuntes sobre reforma migratoria
Miguel Molina
Miguel Molina
Columnista, BBC Mundo

Trabajadores hispanos trabajan campos en California
Los estadunidenses no quieren hacer los trabajos que hacen los indocumentados, y si quisieran no habría suficientes o estarían sobrecalificados.

Todo funciona como debe.

Según el diario Christian Science Monitor, en la frontera de Estados Unidos con México la vigilancia es tan buena que no pasa nada.

Según el presidente George Bush, quien estuvo esta semana en Yuma, en una de las esquinas de Arizona, todo se debe a que su estrategia fronteriza está saliendo bien.

La Guardia Nacional vigila mientras la Patrulla Fronteriza se prepara para evitar que mexicanos, centroamericanos, sudamericanos y hasta asiáticos entren sin documentos a Estados Unidos.

La frontera, dijo el presidente Bush bajo el cielo azul de Arizona, debería estar abierta sólo al comercio y a la migración en regla.

Pero el gobierno de Bush decidió revivir un debate sobre uno de los temas en el que ni siquiera el Partido Republicano lo apoya.

Mitos que se repiten

Los argumentos no son nuevos.

La migración ilegal es un problema serio que presiona los sistemas de educación y de salud públicas no sólo en la frontera sino en todo el país, dicen los críticos.

La migración ilegal afecta los presupuestos estatales y locales, insisten los críticos.

La gente viene a ganarse el sustento, y hace trabajos que los estadounidenses no quieren hacer, como saben los agricultores de esta parte del mundo, dice el presidente Bush.

Estadounidenses protestan para que se refuercen las medidas contra los indocumentados
La inmigración es un tema políticamente delicado en Estados Unidos.

Lo que propone el gobierno es un programa de trabajo temporal para aliviar las presiones en la frontera, semejante al Plan Bracero que hubo hace medio siglo pero que no funcionó.

Y es que, como apunta Tamar Jacoby, del Manhattan Institute y una de las voces conservadoras más autorizadas en materia de migración, la realidad es diferente.

La migración, que nunca fue un problema policial, es ahora producto de la globalización de los mercados de trabajo, y no un experimento que Washington puede controlar.

Tanto peca el que mata la vaca

El caso de Jacoby, publicado en la revista Foreign Affairs, es claro y contundente.

Los estadunidenses no quieren hacer los trabajos que hacen los indocumentados en industrias como la de la construcción o de los restaurantes, y si quisieran no habría suficientes o estarían sobrecalificados.

Lo que pasa, dice la investigadora, es que hay quienes creen que la globalización y sus realidades son buenas pero sólo cuando se aplican en otras partes.

Y el resto de los argumentos de los críticos tampoco se sostiene. Por ejemplo el de la carga económica que representan los migrantes sin documentos.

Emigrantes mexicanos huyen de las patrullas que vigilan la frontera norte de su país
Se aduce que muchos inmigrantes están dispuestos a hacer trabajos que los estadounidenses no quieren hacer.

Quien trabaja en Estados Unidos paga impuestos porque se le descuentan directamente de su salario, pero además paga impuestos quien compra y quien vende, como todos.

En muchos casos, los agricultores o los rancheros que contratan mano de obra indocumentada descuentan impuestos y seguridad social de los salarios pobrísimos, pero no entregan esos fondos a donde deberían.

Tal vez por eso, piensa uno, ahora se proponen vías que apliquen la ley a quienes emplean trabajadores indocumentados. Tanto peca
el que mata la vaca, etcétera.

Soluciones

Pero el problema no termina ahí porque, como ya se dijo, no es sólo un fenómeno económico.

Uno diría, a riesgo de desatar la ira de los intransigentes, que la migración indocumentada es un asunto social que requiere soluciones sociales.

En este caso, primero hay que resolver la situación legal de millones de personas que ya están en Estados Unidos.

Construir un muro de miles de kilómetros no es práctico, como ya se vio en Berlín, como se ve en Medio Oriente

Pero la idea de ofrecer amnistía encuentra resistencia política, porque la amnistía es el perdón de una falta sin que haya una sanción, dicen los críticos.

Y porque dentro de una década podría haber otro presidente hablando de amnistía para los nuevos indocumentados, dice el presidente Bush.

Pero sobre todo se necesita una solución práctica.

Lo que propone Washington, tan lejos de la frontera, no es una solución práctica.

Cosa de políticos

Construir un muro de miles de kilómetros no es práctico, como ya se vio en Berlín, como se ve en Medio Oriente, aunque por diferentes razones.

Tampoco es práctico pensar que quienes han evadido los mecanismos legales para ganarse la vida en condiciones difíciles van a pagar visas que costarían miles de dólares, y multas de decenas de miles de dólares.

Una bandera de EE.UU. se recorta sobre el muro levantado en la frontera con México
Según el diario Christian Science Monitor, en la frontera la vigilancia es tan buena que no pasa nada.

No es práctico pensar que quienes han sido explotados y estafados pueden probar que han pagado impuestos, porque lo más que pueden hacer es probar que se les descontaron de sus salarios.

Tampoco es práctico esperar que un país creado por la migración pueda aislarse con sólo desearlo.

Y sobre todo no es práctico esperar que una columna enliste soluciones a un problema tan complicado como simple.

Para eso están, ay, los políticos, aunque como hemos visto... quién sabe.

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