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Jueves, 22 de marzo de 2007 - 19:07 GMT
Cuántos muertos necesita el mundo
Miguel Molina
Miguel Molina
Columnista, BBC Mundo

Un niño paquistaní besa una fotografía de Sadam Husein durante manifestacions en Karachi.
Había un Sadam y lo ejecutaron... pero ahora hay cientos de Sadam, y nadie sabe qué hacer.
La muerte ya no significa nada.

Ahí está el caso de Irak, para ira de los neoconservadores que oyen la voz de dios y ejecutaron a Sadam Husein por la masacre de Dujail, aunque no hayan invadido el país para eso.

Pero desde que Sadam dejó el poder decenas de miles han perdido la vida, aunque sean pocos los que llevan la cuenta de los muertos.

El arzobispo de Bagdad, Jean Benjamin Sleiman, explicó a la BBC en pocas palabras lo que pasa. Había un Sadam, y lo ejecutaron. Ahora hay cientos de Sadam y nadie sabe qué hacer con ellos.

Ahí está el caso de la antigua Yugoslavia, para frustración de los inventores del liberalismo intervencionista, que bombardearon los Balcanes para salvar a las minorías bosnias musulmanas y croatas, y a los kosovares de origen albanés.

Pero Slobodan Milosevic fue depuesto y procesado en un tribunal que Estados Unidos no reconoce, y murió ahí un día de marzo del año pasado, tal vez con la conciencia ocupada por miles de muertes que ordenó o no quiso impedir.

La paz no ha estallado en esa parte del mundo. Y la muerte se volvió imagen común en las salas de occidente.

Dos partes de una historia

Y está el caso de Darfur.

Unos dicen que los muertos son decenas de miles. Otros sostienen que ya suman cerca de un cuarto de millón. Uno piensa que son demasiados.

Para muchos, todo comenzó en 2003, cuando a los rebeldes del Ejército Sudanés de Liberación y del Movimiento de Justicia e Igualdad se les ocurrió que el gobierno de Jartum no había prestado atención a la provincia de Darfur.

Darfur es tan grande como Paraguay, y ahí viven o vivían comunidades árabes nómadas abbala rizeigat y comunidades de agricultores massaleet y zagawa, que terminaron peleando por las tierras de pastoreo.

Una mujer desplazada mira a través de las tablas del barracón donde vive, en un campamento de refugiados de la ciudad de Nyala en Darfur
Los "diablos a caballo" quieren esparcir su religión con la espada, en una zona rica en petróleo.

Los rebeldes acusaron a Jartum de favorecer a los árabes y atacaron. El gobierno respondió con milicias a las que la voz popular llama janjaweed, diablos a caballo. Y la gente que no tenía que ver en el conflicto comenzó a morir o huyó.

El caso de Darfur no comenzó ciertamente hace tres años sino hace seis o siete siglos, cuando se instituyó un sultanato que impuso al Islam como religión de Estado hasta que llegaron los ejércitos de la alianza egipcia y turca y conquistaron los territorios que recorre el Nilo.

Después llegaron los británicos, que aliados con los egipcios gobernaron desde finales del siglo XVIII hasta mediados del XX, aunque dejaron a Darfur más o menos tranquilo.

El norte de Sudán está controlado por musulmanes que quieren imponer a toda costa su religión y sus prácticas. El resto del país sólo quiere paz.

Esa es una parte de la historia. La otra parte de la historia es que en Darfur hay petróleo.

No hay respuesta

Un estudiante de la Universidad de Connecticut participa en una representación de muertos
La paz no ha estallado en esa parte del mundo. Y la muerte se volvió imagen común en las salas de occidente.

Las Naciones Unidas no han hecho nada. Es decir, han emitido resoluciones que en la realidad no valen ni el papel en que fueron firmadas porque no se han puesto en práctica.

Jartum se ha negado a recibir fuerzas de paz, africanas o de otras, y ha rehusado presentarse ante el Consejo de Seguridad de la ONU a explicar por qué se han muerto tantos y han huido tantos en busca de una paz que el gobierno no puede garantizar ni ofrecer.

Los liberales intervencionistas como Tony Blair y los republicanos compasivos como George Bush no han dicho nada y han hecho menos ante esta nueva desgracia. El resto del mundo calla, aunque diga discursos sobre el tema.

Al parecer el único país que ha hecho algo respecto de Darfur es China, que en opinión de muchos ha usado su posición en el Consejo de Seguridad de la ONU para impedir que se produzcan acciones concretas contra el gobierno de Sudán.

Después de todo, China compra dos terceras partes de la producción petrolera de Sudán, y le vende armas y aviones militares, pero Pekín tiene un dudoso récord en materia de derechos humanos.

Lo que uno se pregunta es cuántos muertos más necesita el mundo para hacer algo. Y no hay respuesta, porque la muerte ya no significa nada.

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