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Viernes, 2 de marzo de 2007 - 09:33 GMT
Bolivia y la mariposa
Miguel Molina
Miguel Molina
Columnista, BBC Mundo

Si una mariposa vuela de aquí a allá, el aire que desplazan sus alas desplaza otras cosas, las mueve, las perturba, las amplifica, y puede originar un huracán o el rizo de una ola en el otro lado del mundo.

Mariposa
Si una mariposa vuela de aquí a allá, el aire que desplazan sus alas desplaza otras cosas, las mueve, las perturba, las amplifica, y puede originar un huracán o el rizo de una ola en el otro lado del mundo

En el otro lado del mundo hay tormentas, inundaciones, cosas que antes no se veían y que causan desgracias y pérdidas y confusión cuyas consecuencias duran años y años.

Si yo le preguntara, el científico xalapeño Adalberto Tejeda sonreiría como sonríen los meteorólogos y me diría que lo que afecta a Bolivia, un país tan cerca y tan lejos del mar, es El Niño.

Y me diría que El Niño es una oscilación de la temperatura en el mar, un desacuerdo entre el agua de la superficie y el agua más profunda de la zona tropical del Océano Pacífico, la mariposa del mar que causa tanto mal.

Día y medio de guerra

Pero en el otro lado del mundo, que es dondequiera aunque en este caso es Bolivia, no piensan en la mariposa sino en lo que han hecho los países desarrollados con el clima, que es cosa de todos.

Niños juegan en medio de una calle inundada en Trinidad, Bolivia.
Al mal tiempo buena cara, parecen decir estos niños que juegan en Trinidad, Bolivia.

El mal tiempo se les volvió a los bolivianos una temporada de lluvias que no cesa y causa destrucción y alarma en muchas partes pero sobre todo en el departamento de Beni.

El departamento tiene una larga frontera con el Mato Grosso, y comparte con Brasil la selva y los ríos Ibare y Mamoré, cuyas aguas desbordadas han hecho huir a decenas de miles de familias.

El gobierno ordenó la evacuación total de Trinidad, capital del departamento donde viven más de 100.000 personas, y el vicepresidente, Álvaro García Linera, pasó el fin de semana en la zona afectada.

El presidente Evo Morales culpa de las inundaciones a las naciones ricas, que no han logrado resolver el problema que representa el cambio climático aunque hayan contribuido a crearlo, y no le falta razón.

Y uno se da cuenta de que el mandatario tiene razón porque sólo se necesita una docena de millones de dólares para reparar daños y para que los afectados vuelvan a empezar sus vidas.

Eso cuesta poco más de un día y medio de la guerra de Irak.

Con La Habana o sin ella

Pero señalar responsables ya no es suficiente porque todos saben ya o sospechan quiénes emiten qué y cuánto.

Calle inundada en Trinidad, Bolivia.
Las inundaciones causaron la muerte de al menos 35 personas. Miles de casas fueron destruidas.
Lo importante ahora es ver cómo se prepara el mundo para el nuevo clima, que no acaba de cambiar.

Quienes gobiernan tienen la misión de pensar en uno, en lo que puede ser de uno, en lo que hay que hacer para que la vida de uno, es decir las vidas de todos, sea menos dura y más feliz.

En el caso de Bolivia, un país rico en recursos con un pueblo pobre, su relación con Cuba puede ofrecerle la posibilidad de crear un sistema de protección civil que ha hecho frente a huracanes y otros fenómenos sin víctimas y sin alarmas.

Quién podría reprochar este paso, quién tendría el valor moral de oponerse a una organización que pueda reaccionar de manera rápida ante los estragos que pueden causar climas extremos.

Uno sabe que los países de la región harían bien en seguir el ejemplo boliviano, con La Habana o sin ella, y pese a las mariposas. O El Niño.

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