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Viernes, 9 de febrero de 2007 - 14:28 GMT
Tarde o temprano
Miguel Molina
Miguel Molina
Columnista, BBC Mundo

Reloj
Perú anunció una campaña para promover la puntualidad.
El primer día de octubre de 2003, a las doce del día, se oyó en Guayaquil el fragor de las sirenas de los bomberos y el estruendo de las dianas en los cuarteles y un júbilo de campanas que no era de fiesta sino de precisión.

Ecuador se iba a convertir en una nación puntual, y la bulla marcaba la hora en que el país dejaría de perder más tiempo, y US$2.500 millones al año y algunos puntos porcentuales de su producto interno bruto sólo por dejadez.

Después nos enteramos de que el presidente Lucio Gutiérrez comenzó el día de la puntualidad con veintitantos minutos de retraso. Y la distancia y otros asuntos se encargaron de que muchos olvidaran la cosa.

Pero no todos olvidaron.

La puntualidad, dice Acuerdo Nacional, es una herramienta útil para promover la inversión privada, y necesaria para lograr la prestación oportuna de servicios públicos
La implacable organización no gubernamental Participación Ciudadana determinó que en el primer mes de la campaña el promedio general de retrasos fue de 17 minutos y medio, aunque el promedio de Gutiérrez era de casi una hora.

Participación Ciudadana consigna que la visita a Huachi Grande en Ambato, donde el Presidente entregó juguetes a niños pobres, se retrasó casi media hora, y que un concierto de Paulina Rubio en Quito empezó a las nueve en lugar de comenzar a las ocho.

Tres meses después la campaña por la puntualidad conoció una segunda etapa, aunque ya no supe si sirvió de algo o fue, ay, una pérdida de tiempo.

Virtudes cívicas, vicios personales

Pasaron muchos sábados. Un día, después de varias semanas de duda o de pereza, por fin fuimos a comprar la cerca que queríamos para contener la maleza del jardín del vecino. Caminamos sin prisa hasta la tienda bajo un sol tímido.

Reloj de arena
Una campaña similar se inició en Ecuador en 2003.
Al regresar leí que en Perú se anuncia una campaña para promover la puntualidad, una virtud cívica que fortalece las instituciones y hace que unos confíen en otros y que todos crean en sus gobernantes.

Los promotores del proyecto peruano son Acuerdo Nacional, un grupo en el que están casi todas las organizaciones políticas y sociales del país, y cuya propuesta es deslumbrante y simple.

La puntualidad, dice Acuerdo Nacional, es una herramienta útil para promover la inversión privada, y necesaria para lograr la prestación oportuna de servicios públicos.

Opine: Perú vs. la impuntualidad

Aunque no se sabe en qué va a consistir la campaña, hay datos que permiten pensar que será como la ecuatoriana, es decir con barullo de sirenas y campanas que marquen la hora en que Perú se convierta en una nación respetuosa del tiempo.

Cosas que no tienen remedio

El clásico diría que hay que tener cuidado, porque detrás de la sabia virtud de conocer el tiempo se oculta el vicio de perderlo.

Uno sabe que en Perú como en Ecuador como en cualquier otra nación de nuestra América la gente llega cuando llega y las cosas pasan cuando suceden
Uno sabe que en Perú como en Ecuador como en cualquier otra nación de nuestra América la gente llega cuando llega y las cosas pasan cuando suceden.

Uno sabe que el tiempo es oro pero también sabe, porque lo dice la canción, que el oro no es la vida ni es la felicidad.

Uno se atrevería a pensar que es cosa de herencia, de fatalidad geográfica, de sino económico.

Uno piensa en los piraha, que es el último pueblo puro porque no tiene interés en los números ni curiosidad por la historia ni necesidad del tiempo, y por eso nunca llegan tarde.

El resto de nosotros sí. Hay cosas que no tienen ni tendrán remedio.

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