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Viernes, 26 de enero de 2007 - 00:10 GMT
Noriega
Miguel Molina
Miguel Molina
Columnista, BBC Mundo

Manuel Antonio Noriega
Noriega fue juzgado en Miami por narcotráfico y lavado de dinero.
Ese miércoles amaneció igual que siempre en todas partes menos en Panamá.

Los panameños, cerca y lejos, oyeron cada una de las bombas que Estados Unidos usaría para derrocar a Manuel Antonio Noriega a partir de la madrugada del 20 de diciembre de 1989.

Pero las cuatrocientas diecisiete bombas de Estados Unidos no derrotaron a Noriega sino los tres días de rock and roll a los que fue sometido cuando se refugió en la Nunciatura Apostólica.

El general, que huía de lo que muchos consideraban una muerte cierta, llegó el día de Nochebuena a la residencia oficial del enviado de El Vaticano y ahí se refugió hasta que el Nuncio no pudo más.

Noriega, adiestrado en la Escuela de las Américas, donde los militares aprenden técnicas de contrainsurgencia, no prestaba mucha atención al ruido, aunque dicen que se paseaba de arriba a abajo, preso de la impaciencia del que no sabe qué hacer.

El Nuncio, monseñor José Sebastián Laboa, que no soportaba el rock, o ese rock, convenció al general de que se entregara porque ningún país lo recibiría. Y Noriega se entregó el tercer día de enero de 1990.

Como prisionero de guerra fue juzgado en Miami por narcotráfico y lavado de dinero, y la justicia de Estados Unidos lo sentenció a cuarenta años de cárcel que después se redujeron a treinta.

Y todos nos olvidamos de él.

Cuentas pendientes

En eso estábamos. Pasaron muchos miércoles hasta el día en que nos enteramos de que Noriega saldrá de prisión este año y piensa regresar a Panamá y pasar algún tiempo con sus nietos.

Lo más probable es que la vuelta del general a su casa no sea fácil ni tranquila.

Un sondeo del sitio prensa.com revela que seis de cada diez panameños cree que el general debe regresar a Panamá y saldar sus cuentas pendientes con la justicia, que lo responsabiliza del asesinato de Hugo Spadáfora
Miguel Molina
Un sondeo del sitio prensa.com revela que seis de cada diez panameños cree que el general debe regresar a Panamá y saldar sus cuentas pendientes con la justicia, que lo responsabiliza del asesinato de Hugo Spadáfora.

Cuando las autoridades encontraron el cadáver decapitado del guerrillero que se había convertido en viceministro de Salud y crítico de los hombres fuertes, muchos pensaron que Noriega lo había mandado asesinar.

Y de eso lo acusarán cuando vuelva de Estados Unidos. La encuesta de prensa.com registra que muchos piensan que la presencia de simpatizantes de Noriega en el actual gobierno impedirá que el general sea juzgado.

Lo que sabe el general

Pero eso es lo de menos. Uno quisiera ir más allá, no para castigar sino para saber. Después de todo, el general Noriega fue informante de la CIA y está enterado de lo que pasó cuando Centroamérica estaba en llamas.

Manuel Antonio Noriega
"Noriega fue informante de la CIA y está enterado de lo que pasó cuando Centroamérica estaba en llamas".
Para los escépticos, lo que sabe Noriega le sirve como seguro de vida, porque sabe, como nadie, qué hizo Washington para financiar a la Contra que combatía al gobierno de Nicaragua violentando sus propias leyes y otras reglas internacionales.

Sin embargo, su conocimiento de las redes de narcotráfico debe despertar la curiosidad de las autoridades panameñas tanto como su presunta responsabilidad en otros delitos.

Y uno tendrá que conformarse con imaginar qué sentirá Noriega cuando vuelva, cuando vea el mar que limita a su país y sienta que el avión en que viaja va a posarse en el agua y en vez de eso lo reciban agentes de una autoridad que una vez fue suya.

Y uno tendrá que pensar si todo valió la pena.

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