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Jueves, 4 de enero de 2007 - 23:18 GMT
Asesinatos, ejecuciones y motines
Miguel Molina
Miguel Molina
Columnista, BBC Mundo

Manifestación contra violencia en Colombia.
En Colombia hubo dos asesinados cada hora del año que pasó.

Ya viste, viejo, me dijo Alberto Souviron, editor de BBC Mundo.com. El mundo está marcado por la violencia.

Uno esperaba recuperar el optimismo con el pretexto de que algo termina y algo empieza en el latido que separa el treinta y uno de diciembre del primero de enero, pero el panorama es triste.

Desde que Caín mató a su hermano Abel, y aun antes de ese episodio que sucedió en la noche de los tiempos, el hombre es enemigo del hombre, como lo muestra la historia reciente.

No digo Irak, no digo Afganistán, no digo Medio Oriente, porque esas partes del mundo viven conflictos intensísimos desde hace años, y porque no he podido olvidar que un día alguien dijo que la gente ya no quería saber nada de eso.

Pero digo Colombia, digo México, digo Venezuela, digo Brasil para ilustrar cuatro formas de la violencia que enfrenta nuestra América.

Asesinatos, ejecuciones y motines

Policías y militares mexicanos en Tijuana
El gobierno mexicano ha enviado a tropas a combatir la violencia en Tijuana.

Leo que en Colombia hubo dos asesinados cada hora del año que pasó, que en México se registraron nueve mil ejecuciones en el sexenio de Vicente Fox y que en Venezuela hay otra vez motines de presos.

Las rebeliones venezolanas han ido de un lado a otro. De la reciente en Uribana, en el estado Lara, a la de noviembre en Puente Ayala, y antes hasta completar trescientos y tantos muertos. Esta vez, como otra, intervino la Guardia Nacional.

Las muertes colombianas se deben a males añejos que comenzaron con los partidos y continuaron ejército y guerrillas y paramilitares y traficantes y delincuentes comunes, y ahora son un cuento de nunca acabar.

Y los mexicanos, sobre todo en la frontera con Estados Unidos, que empieza en el norte y termina en los balnearios del Caribe, pero en muchas partes de la república, saben de lo que son capaces las organizaciones de narcotraficantes.

Cuatro personas fueron ejecutadas cada día del sexenio de Vicente Fox, sin contar los muertos que causó la delincuencia de ocasión. El gobierno actual recurrió al ejército para controlar las cosas.

Confirmaciones

Pancarta contra la violencia en Colombia.
Colombia experimenta altas tasas de criminalidad.

El caso venezolano confirma que las prisiones no sirven para impedir el delito ni para reformar a quienes delinquen.

Quienes se escandalizan por el número de internos en las cárceles de Venezuela se sorprenderán al encontrar que es el país del continente con la menor proporción de presos, según estudios sobre las poblaciones penitenciarias del mundo.

Pero en Venezuela como en el resto del mundo, las cárceles no impiden que los delincuentes sigan organizando fechorías y aprendiendo nuevas malas artes. Hay más violencia en las prisiones que en las calles.

Uno puede pensar que quienes terminan tras las rejas son en su mayoría personas marginadas por la sociedad, y que en realidad eso fue lo que las sentenció a pasar años en el lugar en que están, pero eso es otro asunto.

Los narcotraficantes no conocen ni aceptan ninguna autoridad, aunque muchas veces han sido la propia autoridad o la han comprado para disfrutar los lujos de una rápida y breve vida violenta.

Uno puede pensar también que el caso colombiano muestra que la violencia es un problema prácticamente insoluble. La elevada cifra de asesinatos significa que las pasiones de asesinos y de familiares de las víctimas rebasaron el punto de control.

Si mañana se desatara la paz en Colombia, qué harían todos aquellos que vivieron con un arma en la mano, en qué trabajarían, con qué cara saludarían a todos, cuántas generaciones se tardarían en olvidar.

Uno puede pensar que el caso mexicano advierte lo que puede pasar cuando un país deja que las cosas lleguen a mayores.

Los narcotraficantes no conocen ni aceptan ninguna autoridad, aunque muchas veces han sido la propia autoridad o la han comprado para disfrutar los lujos de una rápida y breve vida violenta.

Cosas que no se combaten con armas

Buses destruidos en disturbios en Rio de Janeiro, Brasil.
Los disturbios en Rio de Janeiro causaron numerosos daños.

Pero no puede uno dejar de pensar en Brasil, sobre todo en Río, donde se ven las consecuencias de los tres escenarios. Una vida de pobreza, una temporada en la cárcel, el espejismo del narco y la euforia y la desesperación que provocan las drogas.

En Brasil, como en los otros tres países, el gobierno usará al ejército contra un enemigo incierto en una situación para la que las fuerzas armadas no se se preparan tradicionalmente.

Ninguna institución militar tiene armas para combatir la pobreza, el rezago social, el abandono absoluto, la incompetencia de las instituciones, la falta de solidaridad.

Por lo pronto no parece haber respuestas.

Sí, viejo, le respondo a Alberto. El mundo está marcado por la violencia.


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