Skip to main contentAccess keys helpA-Z index
BBCMundo.com
OTROS IDIOMAS
English
Português
mas idiomas
Viernes, 18 de agosto de 2006 - 16:56 GMT
Estrellas cercanas
Miguel Molina
Miguel Molina
Columnista, BBC Mundo

Edificios  en una noche de tormenta
No siempre se pueden ver las estrellas.

Como el lunes estuvo nublado no pudimos ver la lluvia de estrellas que regala el cielo de agosto desde que el mundo es mundo.

Los primeros que registraron esta maravilla anual fueron los chinos, o mejor dicho el chino que vio cientos de luces una madrugada de un agosto olvidado en el primer siglo de nuestra era.

Desde entonces hay comentarios sobre ellas en documentos chinos, japoneses y coreanos.

Entre los siglos VIII y XI hay referencias a luces que cruzan la oscuridad del universo cercano de tiempo en tiempo, pero al parecer hay lagunas enormes del siglo XII al XIX, lo que atribuyo sin duda a que hubo otros lunes nublados en la historia.

Y cuenta la leyenda, porque los asuntos de las estrellas son cosas de leyenda y no de historia, que ciento sesenta veces se iluminaron los ojos de Eduard Heis un amanecer de 1839, y que al poco tiempo pudo establecer que el origen de esa maravilla estaba en las constelaciones.

Otras noches

Pero ya casi nadie mira al cielo. Las luces urbanas no dejan ver la noche, al menos no como uno la recuerda desde lugares tan opuestos como las rectas infinitas del valle de Perote o el camino en sombras que recibe a quien vuelve de La Paloma.

Ya casi nadie mira al cielo. Las luces urbanas no dejan ver la noche
Una noche de insomnio en el rancho contamos dos docenas de estrellas fugaces con los ojos asombrados del humano original y supimos que el asombro fue antes que la palabra y en vez della, pero era martes y el ron era cubano.

Una tarde en el mar, cuando yo esperaba que el mundo dejara de moverse para bajarme del bote, sobrevino una calma chicha. Pese al mareo pude ver docenas de meteoros surcando el espacio de ninguna parte a ninguna parte.

Y cuando iba a la secundaria, antes de que amaneciera para pasar a comer pan de Pepe y preparar las clases, y el verano era benigno y nadie pensaba en el efecto invernadero, las madrugadas se iluminaban con los resplandores fugaces que tiene agosto.

Un mito como otros

Me complace saber que la tribu menomini vio los cielos con los mismos ojos llenos de desconcierto y asombro que yo.

Los menomini, que vivieron o viven en los Grandes Lagos, comprendieron que cuando una estrella cae del cielo deja un rastro de fuego.

Los menomini saben que una estrella no muere porque su sombra vuelve al lugar de donde vino y vuelve a brillar, aunque a veces encuentran estrellas diminutas entre la hierba.

Líbano
Y yo recuerdo esa noche y otras en este espacio para no pensar en las guerras que azotan Medio Oriente
No dudo que otros pueblos hayan descubierto las mismas cosas que los menomini supieron sobre los cuerpos celestes, y aun otras que lograron conservar del conocimiento original antes de que todo se perdiera sin remedio.

Sin embargo, prefiero el mito menomini porque me hace recordar la noche en que E-mary tiritaba entre mis brazos viendo meteoros en la oscuridad, y yo le mostraba los rastros de fuego y le aseguraba que al amanecer el polvo de estrellas cubre los ojos de quien ama.

Y yo recuerdo esa noche y otras en este espacio para no pensar en las guerras que azotan Medio Oriente, ni en las amenazas que se ciernen sobre el mundo, ni en los padecimientos de Fidel ni las protestas del candidato presidencial de la izquierda mexicana.

En todo caso, tendremos que conformarnos con aceptar, como aceptaban los antiguos, que las estrellas, incluso las que huyen de una inmensidad a otra, guardan los secretos de lo que es y de lo que va a ser en la vida de las naciones y de las personas.

Con eso basta por ahora.

Visite el nuevo blog de Miguel Molina




 

BBC MUNDO - PRODUCTOS Y SERVICIOS


banner watch listen