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Jueves, 13 de julio de 2006 - 23:15 GMT
Los doscientos treinta y tantos
Miguel Molina.
Miguel Molina
Columnista, BBC Mundo

El final del concierto Live 8.
No se apagaba la furia del concierto Live 8 cuando el G8 se comprometió a ayudar a África...
Hace poco más de un año el mundo se despertó con la noticia de que las naciones más ricas habían decidido hacer algo que cambiaría el mundo.

La prensa destacó que los presidentes y los primeros ministros de Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Rusia, el Reino Unido y Estados Unidos adoptarían medidas extraodinarias de ayuda para África y promoverían iniciativas para aliviar la deuda externa de los países más pobres.

El Grupo de los Ocho se comprometió además a impulsar programas de lucha contra el sida, de educación, de acceso al agua potable para mejorar la salud de quienes no tienen, y a negociar acuerdos comerciales con naciones pequeñas en términos justos.

Todavía no se apagaban ni el sonido ni la furia del concierto Live 8, que vieron por televisión tres mil millones en diez puntos del globo y que hizo que todos pensaran, aunque fuera un momento, en los problemas de Africa y de muchos países en otros continentes.

Con el mercado no se juega

Pero flores tan bellas nunca suelen durar, como advirtió a tiempo el poeta Amado Nervo. Y uno se vuelve escéptico. Como muchos, pensé que me sorprendería que los Ocho fueran más allá de las palabras.

Tras siglos de colonialismo y aventuras militares, las naciones africanas son teóricamente independientes pero siguen endeudadas y sus antiguos amos y otros que no lo eran todavía saquean sus recursos y les venden armas.

Si alguien les da ayuda en vez de limitarse a ofrecerla, la condiciona a que contraten empresas de los países donantes.

No se ve cómo o por qué van a cambiar las cosas.

Y si las cosas cambiaran afectarían intereses de empresas estadounidenses, británicas, francesas, canadienses, chinas, sudafricanas, indias, holandesas, noruegas, italianas y malayas, y eso no puede ser.

Con el mercado no se juega.

Una buena y otras malas

Logo del G8 en San Petesburgo.
... pero los países del G8 llegan a la cumbre de San Petesburgo con promesas sin cumplir.
El informe de Live 8 sobre los compromisos que adoptó el Grupo de los Ocho hace un año tiene una noticia buena y otras malas.

La buena es que los países ricos han avanzado en sus programas de alivio y de perdón de deuda.

La mala es que ninguno de los ocho cumplió lo que habían prometido en materia de negociaciones comerciales. La peor es que los acuerdos comerciales que había sufieron retrocesos, según Live 8.

Y uno no sabe qué pensar, o sí sabe, cuando lee lo que la organización de artistas que busca hacer un mundo mejor dice sobre la ayuda que ofrecieron los presidentes y los primeros ministros.

La situación no es clara para la organización aunque para uno lo sea. Para cumplir su palabra, el Grupo de los Ocho y los países que se agregaron al compromiso, tendrían que aportar cinco mil millones de dólares al año hasta 2011.

Estados Unidos, el Reino Unido e Italia, que elevaron el monto de su ayuda, necesitan hacer más, dice Live 8. Alemania no modificó la suma que aporta para ayuda africana, y Canadá da menos de lo que daba. Nadie sabe cuánto dio Japón.

Trece, divididos

En la cumbre de San Petersburgo Tony Blair piensa proponer que el Grupo de los Ocho invite a China, a India, a Brasil, a Sudáfrica y a México para que estas naciones ayuden a impulsar las negociaciones comerciales estancadas.

El primer ministro del Reino Unido, Tony Blair.
Tony Blair piensa proponer que los países más industrializados inviten a China al grupo.
Pero más allá de las desproporciones que hay entre los invitados de este fin de semana, China y México por ejemplo, la reunión anual de potencias que ya quieren ser trece podría verse marcada por los desencuentros.

Hay que recordar que Rusia no es socio de la Organización Mundial de Comercio, y que el presidente Vladimir Putin ha tenido roces recientes con el vicepresidente de Estados Unidos Dick Cheney.

También hay que tener en cuenta que los gobiernos occidentales están dispuestos a cuestionar el estado de la democracia en Rusia y las presiones y las pretensiones de Moscú sobre Bielorrusia, Ucrania y Georgia.

Hay que tomar en serio lo que digan sobre Irán, que no tiene armas atómicas como Corea del Norte y por tanto sería el que sigue en la lista de las guerras de Washington.

Y hay que evaluar las diferencias entre políticas energéticas, la dimensión del daño climático y los límites del multilateralismo, y todos sabemos que nadie puede hacer tantas cosas en un fin de semana.

Pero uno tendría que considerar sobre todo las ventajas de la idea de Blair, porque cuantos más países haya en el Grupo original de los Ocho habrá menos naciones pobres, y un día seremos felices sin necesidad de promesas ni conciertos.

Nosotros y el Grupo de los doscientos treinta y tantos.

Visite el nuevo blog de Miguel Molina

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