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Viernes, 30 de junio de 2006 - 17:03 GMT
Despedidas
Miguel
Miguel Molina
Columnista, BBC Mundo

Un señor me apremia a que escriba sobre otra cosa porque a nadie le interesa saber qué pasa con los objetos que la gente se encuentra en el sistema de transporte colectivo de Londres.

Hombres norcoreanos de despiden desde un autobús de sus familiares surcoreanos
Las despedidas más terribles son las políticas.

Eso pasa cuando uno escribe una columna de opinión. Con el nombre y la fotografía se publican también los prejuicios, la ignorancia y la torpeza del columnista, pero a la vez preguntas y respuestas e intereses o asombros que otros comparten.

Así que si ese señor está leyendo, le recomiendo que se detenga aquí y busque otra cosa en este sitio o en otro. Lo que sigue tiene que ver con las despedidas y con quienes se despiden, y por tanto es personal aunque viéndolo bien sea universal.

Alguien se va, alguien se queda

Las despedidas más terribles son las políticas. En la soledad de una oficina resguardada todavía por secretarios privados y particulares, uno termina por admitir que el poder del cargo se escapa entre los dedos con la arena del tiempo.

Esa vez te dije que nunca te dejaría
Ilsa Lund , en Casablanca

Un ejemplo reciente y memorable es el de la emoción que venció a Gerhard Schroeder y le sacó las lágrimas en cadena nacional mientras pronunciaba su último discurso como jefe del gobierno de Alemania.

Pero otros también han llorado. Lloró Margaret Thatcher cuando salió del 10 de Downing Street, miró a la multitud de reporteros y dejó que los reflectores y los flashes iluminaran sus lágrimas antes de subir al auto que la llevó a otro lado de la historia.

En nuestra América todavía hay quienes recuerdan el mediodía de 1976 en que entre lágrimas José López Portillo pidió perdón a los pobres de México cuando se convirtió en presidente.

Todavía hay quienes recuerdan el mediodía de 1982 en que entre lágrimas José López Portillo pidió perdón a los pobres de México porque no pudo hacer nada por ellos como presidente.

Here is looking at you, kid

Soldados guatemaltecos de las fuerzas de paz de la ONU se despiden en la ciudad de Guatemala., durante una ceremonia que marca la partida de un contingente hacia la R.D. Congo.
Y están las despedidas de los compañeros de trabajo...
Todos sabemos, hasta el señor que no está leyendo estas líneas, que las despedidas de amor dejan huellas profundas. Años después uno se pregunta cómo sería la vida si no hubiera sido como fue, y como no sabe la respuesta sigue viviendo como si nada.

Pero todos hemos sentido, o sentiremos, el dulce dolor de la duda amorosa que nos hace pensar en lo que pudo haber sido o en lo que era.

El cine nos ofrece la escena de Casablanca, cuando Ilsa Lund y Rick Blaine se despiden en la penumbra del Café de Rick hasta que a uno se le salen las lágrimas.

Rick dice Siempre tendremos nuestro recuerdo de París. Fuma, arroja el humo. Dice Lo habíamos perdido hasta que viniste a Casablanca y lo recuperamos anoche. Ilsa lo ve a los ojos y dice Esa vez te dije que nunca te dejaría.

Rick le responde algo heroico, alza su copa y la mira. El piano toca As time goes by. Salud, niña.

El poeta

Y están las despedidas de los compañeros de trabajo. Se reúnen todos a tomar un trago y comer algo con el o la que se va, desearle suerte, darle un regalo, una tarjeta, un abrazo, y decir Vamos a comer un día destos, me llamas o te llamo, y Hasta el lunes los demás.

Carmen González, editora de BBC Mundo.com
Carmen González consolidó el equipo que hace BBC Mundo.com.
Pero no siempre. Hay tardes en que las despedidas expresan un verdadero deseo de que todo vaya bien en otra parte y envidia porque irse a otra parte es señal de que todo va bien.

A algunos les provoca alivio o gusto que alguien anuncie que se va y lo haga, y piensan A otra cosa mariposa. Y se ríen en secreto y sufren.

BBC Mundo.com despide este viernes a su editora Carmen González, quien consolidó el equipo que hace este sitio de internet y le dio un sentido de dirección a su talento colectivo con gracia y convicción.

El señor que no está leyendo dirá que la información sobre lo que sienten los periodistas cuando despiden a otros periodistas no vale la pena porque sólo les interesa a quienes trabajan en este sitio, que tendrán nuevo jefe. Pero no, como ya iremos viendo.

En todo caso, uno irá y le dirá a Carmen Vamos a comer un día destos, me llamas o te llamo, y Hasta el lunes los demás, pero además le deseará que todo vaya bien en otra parte y sentirá envidia porque irse a otra parte es señal de que todo va bien.

Y recordará con el poeta que las despedidas son un pretexto para no volver.

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