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Jueves, 15 de junio de 2006 - 23:54 GMT
Mira lo que me encontré
Miguel
Miguel Molina
Columnista, BBC Mundo

Dinero
Hay quienes se encuentran poco y otros, que se encuentran mucho dinero.

El rollito estaba ahí, frente al gimnasio. Lo recogí y vi que eran tres billetes de diez libras. No recuerdo qué compramos para celebrar.

Una mañana de hace poco, no muy lejos de la oficina, me llamó la atención el sello brillante de los billetes británicos debajo de una silla de café en el centro de Londres. Otras diez libras.

He encontrado otras cosas.

Un lunes encontré la vida de una mujer contada en fotografías desparramadas en el camino a la estación del tren. Alguien nació, y tres metros de imágenes más allá se llamaba Vanessa, y tenía un vestido rojo y un pastel de chocolate.

Cuando llegué a la estación la niña tenía casi doce años y su mamá, que había sido una muchacha rubia común y corriente, había envejecido y sonreía con un cigarro en la mano.

Estoy seguro de que el barrendero del barrio ignoró las fotografías durante toda la semana para que todos viéramos la historia.

Un sábado nublado me encontré a mi mamá en Notre Dame. Otro sábado, a una hora en que la noche pide fiesta en el centro de Londres, me encontré a un diputado mexicano a quien yo conocía.
Miguel Molina

En otra estación, sin duda como augurio del rigor cronológico de los trenes alemanes, me salió al paso un reloj en el piso. Era una baratija que terminó en un cajón del comedor y sin duda sigue dando la hora para nadie y para nada.

Un sábado nublado me encontré a mi mamá en Notre Dame. Otro sábado, a una hora en que la noche pide fiesta en el centro de Londres, me encontré a un diputado mexicano a quien yo conocía.

Pero prefiero encontrar dinero.

Lo que encontraron los soldados

Unos dicen que el domingo de Resurrección de hace tres años el teniente Sanabria llamó al subteniente Roa y en el calor de la selva colombiana le dijo que habían encontrado algo insólito.

Estaban en Coreguaje, san Vicente del Caguán, territorio de las FARC, y al parecer iban en busca de unos rehenes estadounidenses. Lo primero que habían visto fue cosas de aseo y comida de la guerrilla, y después vieron los contenedores con fusiles y munición, y mucho dinero. Se lo repartieron.

Una estación de trenes
Cuando llegué a la estación la niña tenía casi doce años y su mamá, que había sido una muchacha rubia común y corriente, había envejecido y sonreía con un cigarro en la mano
Miguel Molina

Todavía no se ha logrado establecer con precisión cuánto le tocó al grupo del subteniente Roa, que tiene cinco suboficiales y treintaitantos soldados, aunque se sabe que el dinero estaba en contenedores de plástico de doscientos cincuenta litros y se cree que había una veintena de millones de dólares.

Roa declaró que el dinero se repartió en los contenedores y que como la tropa no podía cargar más quemaron al menos mil litros de dólares. El subteniente también aclaró que el soldado Loaiza Poloche no quiso recibir plata porque su religión se lo prohíbe.

El soldado Velandia jura que no recibió dinero y cuenta que al otro día le dio diarrea, tal vez por la emoción. Otros soldados se fueron a Popayán de parranda y se gastaron la plata en trago y sexo y carros.

Una corte marcial juzga si el teniente, el subteniente, el soldado y medio centenar de detenidos cometieron peculado y nadie sabe dónde está el otro centenar de acusados.

La carne es débil

Lo primero que piensa uno en un tren atestado es de quién es el dinero que encontraron.

Habrá quien opine que no es de nadie. Habrá quien diga que los soldados representaban al Estado colombiano y por tanto debían reportar su hallazgo.

Militares colombianos
Miembros del ejército colombiano encontraron cerca de US$20 millones de la guerrilla. de las FARC.

Habrá quien señale que los soldados colombianos arriesgan mucho y ganan poco. Habrá quien alegue que eso es lo de menos.

Habrá quien argumente que lo decomisado debe ir a las arcas de la Nación. Habrá quien recuerde que la carne es débil.

Habrá quien se alegre porque los soldados disfrutaron una breve vida que otros soldados sólo alcanzan a imaginar. Habrá quien se muera de envidia.

Habrá quien dé a conocer pruebas de que los soldados se mataron entre sí por la riqueza recién descubierta. Habrá quien afirme que es un tema interesante y cambie de canal para ver quién ganó en la Copa del Mundo.

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