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Jueves, 4 de mayo de 2006 - 22:13 GMT
El derecho de Bolivia
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Miguel Molina
Columnista, BBC Mundo

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Muchos reprochan que el gobierno de Bolivia haya decidido replantear las reglas del juego, como hacen con frecuencia las naciones ricas
Unos dicen que es política populista, otros recuerdan que son promesas de campaña, otros más advierten que puede ser parte de un complot comunista, algunos mueven el dedo índice y señalan que las consecuencias pueden ser desastrosas.

Pocos toman en cuenta que la nacionalización de los recursos energéticos de Bolivia es parte del compromiso político que asumió el gobierno ante los bolivianos, y todavía menos se avienen a ver el proceso como lo que es, una decisión de mercado.

Aunque corro el riesgo de equivocarme, me parece que todos los socios de la Organización de Países Exportadores de Petróleo se han declarado propietarios soberanos de lo que hay en el subsuelo, como hizo Bolivia.

Argelia, Indonesia, la República Islámica de Irán, Irak, Kuwait, Libia, Nigeria, Qatar, Arabia Saudita, los Emiratos Arabes Unidos y Venezuela, tienen una población de más de quinientos millones de personas que depende en muchos sentidos del petróleo y sus derivados.

Nadie ha cuestionado el derecho de esos países a hacer lo que quieran o lo que puedan en su territorio conforme a sus leyes. Pero muchos reprochan que el gobierno de Bolivia haya decidido replantear las reglas del juego, como hacen con frecuencia las naciones ricas.

Pobres en un país rico

A ver quién se atreve a defender el acuerdo que daba a las empresas extranjeras noventa y seis por ciento de las ganancias que produce el gas de Bolivia.

Evo Morales
Evo Morales "usa en el gobierno un derecho que anunció en una campaña y ganó en una elección".
A ver quién puede criticar a un político que usa en el gobierno un derecho que anunció en una campaña y ganó en una elección.

El New York Times ve los fantasmas de políticas populistas que se extienden por obra y gracia del gobierno de Venezuela.

El Times de Londres descalifica a los bolivianos que aplaudirán "esta petulante demostración de nacionalismo", y advierte que el gobierno ha enfurecido a sus vecinos, socavado la confianza externa, debilitado una industria vital y atrasado diez años el desarrollo del país.

El País de Madrid busca ideologías donde no puede hallar explicaciones, y advierte que las decisiones ideológicas no han tenido resultados mágicos en ninguna parte, como si el gobierno boliviano hubiera hablado de resultados mágicos y no de derechos soberanos.

A otros les interesa o les preocupa qué dirá Washington, y otros más se empeñan en encontrar conspiraciones. Pocos analistas recuerdan que siete de cada diez bolivianos son pobres que viven en un país rico.

Pérdida o ganancia

El mercado es brutal. No conoce la compasión ni sabe de misericordias. A veces ignora la democracia y aplica su fuerza para que se cumpla la ley de la oferta y la demanda por sobre todas las cosas.

gas
Habrá que reconocer que un gobierno electo de forma democrática tiene el soberano derecho de hacer lo que se le pegue la gana
Pero el mercado es débil también y asustadizo, conservador y corrupto, y no conoce derechos que no sean los suyos. De vez en cuando se topa con alguien que piensa que no todo es pérdida o ganancia.

Hay naciones en que los servicios públicos que se pagan con los impuestos han comenzado a adoptar el discurso del mercado. Los pacientes se convierten en clientes, y los hospitales en centros de servicios, como en Inglaterra.

Se piensa en términos de metas y no de personas, y así no hay institución que cumpla, porque cuando uno invoca al mercado el mercado aparece y desaparece la sociedad, como dijo o quiso decir Margaret Thatcher.

Pero Bolivia no es el Reino Unido, y habrá quien diga que por fortuna Evo Morales no es la señora Thatcher.

Más allá de la ideología y de los cristales con los que uno mire el cambiante panorama político de América Latina, habrá que reconocer que un gobierno electo de forma democrática tiene el soberano derecho de hacer lo que se le pegue la gana, porque a fin de cuentas es la gana de la gente que lo eligió.

Hay que pensar en eso. Lo demás es berrinche.

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