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Sábado, 15 de abril de 2006 - 17:33 GMT
Por estas fechas
Miguel
Miguel Molina
Columnista, BBC Mundo

Holloko, Hungría, semana santa.
En Holloko, Hungría, se lanza agua como señal de fertilidad.
Hasta donde puedo ver, todo comenzó con los anglosajones, aunque puede ser que ellos hayan recogido la leyenda de otras fuentes más antiguas.

Los anglosajones celebraban por estas fechas el día de la diosa Eostre, la Aurora, cuyo animal era una liebre que renunció a hibernar para reproducirse, cosa que a los conejos les sale muy bien.

Las tribus comían, bebían, echaban granos al viento y regaban agua en las entradas de las casas para hacer propicia la estación florida, y lo más probable es que luego se entregaran a una celebración propia de la diosa de la fertilidad con rituales más específicos.

Pero lo significativo es que rendían homenaje a Eostre, y que habían tomado prestada esa deidad y su leyenda de los babilonios unos cinco siglos antes de Cristo.

La diosa original, mesopotámica, babilónica en todos los sentidos, era Ishtar, deidad del deseo, causante de que pasaran cosas en el mundo, razón de que el sol fuera más intenso en la primavera, motivo de que la vida animal y vegetal floreciera en todas partes.

El destino de los dioses

Semana santa en Florida, EE.UU.
Pocos de acuerdan de Eostre, aunque su simbología permanece.
Cuenta la leyenda que Ishtar, a la que los griegos llamaban Astarté, conoció carnalmente y de otras formas a todos los dioses mayores y menores del panteón asirio-babilónico, y a no pocos mortales que jamás se recuperaron de su visita.

La diosa era causante del deseo, que orienta las intenciones y nubla la razón y entorpece las expresiones, y deja las rodillas trémulas, entre otras cosas, pero todos, dioses y humanos, tienen un destino.

El de Ishtar fue conocer a Tamuz, deidad de las cosechas, padre de la abundancia y señor del alimento y la bebida, conocido entre los fenicios como Adonis.

Y ese encuentro con Tamuz cambió agitada vida de la diosa, que se enamoró por razones que ignoro, pero que no pueden ser muy distintas de las razones que hacen que una persona se enamore de otra.

Ishtar y Tamuz retozaron contentos hasta que llegó el otoño, que hace caer las hojas de los árboles y arruga los frutos.

A veces, los dioses deciden recordar la temporada que pasaron en el subsuelo y se recogen a descansar en la penumbra, y de su fasto y su recogimiento se producen las estaciones
Y pasó que Tamuz murió en la época que ahora llamamos septiembre u octubre y pasó al otro mundo, bajo la tierra, listo para esperar su nuevo renacimiento.

Ishtar, que era una diosa, no pudo o no supo evadir su destino.

Presa de la impaciencia bajó desnuda a los infiernos por su amado. Y el mundo sufrió su sufrimiento, porque durante su ausencia de la faz de la tierra la procreación se detuvo y se apagó la luz.

Todos sabemos qué pasó. Ishtar recuperó a su amante, lo roció con el agua de la vida para resucitarlo, y lo trajo de regreso al mundo, donde los dos se regocijan sin descanso desde entonces.

A veces, los dioses deciden recordar la temporada que pasaron en el subsuelo y se recogen a descansar en la penumbra, y de su fasto y su recogimiento se producen las estaciones.

La estación florida

Amanecer en Vermont, EE.UU:, durante la Pascua.
El significado ha cambiado, pero los amaneceres no tanto.
El tiempo, que todo lo cambia, cambió la moda religiosa, y por eso ahora ya no se entrega uno en estas fechas a los goces de la carne para celebrar la leyenda sino que se va de vacaciones, o va a la iglesia y medita sobre el profundo sentido de la vida y la muerte.

Los columnistas reflexionan sobre Easter (que se pronuncia íster en inglés y se parece a iostre y a ishtar) y el hecho de que el conejo siga siendo el símbolo de esta fecha.

Otros prefieren no pensar en los símbolos de la época, que tienen que ver con la vida, la reproducción, la vuelta del calor, la estación florida que celebraba Garcilaso.

Pero si uno presta atención, si uno mira bien y escucha con cuidado, nota que en los rincones frescos de las casas, en los crepúsculos que despiden al día en el campo, en los amaneceres que despiertan a los pájaros mucho antes de que salga el sol, hay algo semejante a un eco regocijado y antiguo.

Son Ishtar y Tamuz, que hacen al mundo lo que la primavera hace con los cerezos.

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