¿Una vuelta de hoja en la historia de España?
|
Por segunda vez en menos de medio siglo, España tiene ante sí la oportunidad de cerrar heridas viejas y verse de otro modo.
La muerte de Francisco Franco en 1975 permitió la vuelta a la democracia, fortaleció las instituciones y alentó el destape, pero no eliminó las intenciones independentistas de algunas regiones.
El alto el fuego que anunció la organización separatista vasca ETA este miércoles para buscar en las urnas el reconocimiento que no le dieron las armas marca el fin de otro tiempo regido por la violencia y el atentado inútiles.
Dicen los que saben que pocos esperaban una declaración de paz tan contundente, pero también dicen que desde hace cuatro años comenzaron a escucharse voces que advertían que el conflicto entre el Estado español y los separatistas vascos era cosa de negociación y no de terror ni de amenaza.
Los que saben observan que los atentados de marzo de 2004, falsamente atribuidos a ETA por el gobierno de José María Aznar, también sirvieron para convencer a la nueva generación de separatistas etarras de que el grupo seguía una estrategia equivocada.
De lejos, uno ve lo que pasa y piensa que ha llegado la hora.
Reconciliación u olvido
En esta hora que uno, como todos, recoge con cautela más por experiencia que por esperanza, es claro que España puede elegir la duda del olvido sin más o la verdad de la reconciliación.
 |
Aunque el olvido no signifique perdón implica resignación, algo que los familiares de las ochocientas cincuenta víctimas de ETA no parecen dispuestos a asumir
|
No será fácil para quienes perdieron a los suyos ante la bomba o bajo gatillo etarras, porque muchos esperan justicia o buscan venganza y mantienen viva la llama del recuerdo "para que no olvidemos, porque es posible olvidar, y si olvidamos, para que recordemos que jamás debemos perdonar".
Y aunque el olvido no signifique perdón implica resignación, algo que los familiares de las ochocientas cincuenta víctimas de ETA no parecen dispuestos a asumir.
Los demás españoles tienen ante sí la perspectiva de la reconciliación, que implica un examen de conciencia y el reconocimiento de culpas y responsabilidades de todos no para olvidar sino para aprender.
Después de todo, España no sería el único país donde los actores políticos han cedido a la necesidad de resolver con votos lo que nunca logró solucionarse con balas. Pero para eso tiene que encontrar una fórmula que le permita tomar en cuenta a todos.
Esperanza o experiencia
El Estatuto Catalán, que se debate como debe, parece señalar la disposición del gobierno español a transformarse y ceder autoridad a una parte importante de la nación sin perder soberanía, y puede servir como modelo para el País Vasco.
La reconciliación no será fácil para las víctimas de ETA y sus familiares.
|
Sin embargo, lo importante es ver qué piensan los españoles en pleno sobre este asunto de la paz que busca y ofrece ETA, porque pese a la cautela y la prudencia que recomienda el gobierno lo cierto es que siempre habrá alguien que recuerde a Begoña Urroz Ibarrola, una niña de año y medio que fue la primera víctima de los etarras en junio de 1960.
Por lo pronto, la esperanza se impone a la experiencia, aunque uno vea que para quienes no olvidan el anuncio etarra es una nueva trampa de los proscritos para conseguir objetivos políticos.
Pero también ve uno que para quienes prefieren pensar en el futuro el alto el fuego es un punto de partida y no el final de un camino que hasta ahora no llevaba a ninguna parte. Y es primavera.
Visite el nuevo blog de Miguel Molina