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Jueves, 23 de febrero de 2006 - 22:01 GMT
El otro banquero de Dios
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Miguel Molina
Columnista, BBC Mundo

Monseñor Paul Marcinkus
Marcinkus nunca quiso hablar sobre lo que pasó en el Banco Vaticano.
Cuando monseñor Paul Marcinkus declaró que la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, no se podía manejar sólo con avemarías, llevaba quince años como director del Banco Ambrosiano y quizá el mismo tiempo como víctima o cómplice de la Mafia.

Más allá de sus virtudes espirituales, el religioso tenía talento organizador. Cuando Paulo VI viajó a Jerusalén en 1964, el primer periplo papal fuera de Italia desde 1812, Marcinkus se encargó de coordinarlo todo y después de ese viaje dejó de ser un funcionario más de la secretaría del Estado Vaticano.

Los siguientes seis años el pontífice visitó otros lugares, entre ellos India, Estados Unidos, Afrecha, el sureste de Asia, y Marcinkus siguió a su lado como asesor, intérprete y guardaespaldas hasta 1970, cuando Paulo VI dejó de viajar.

Para entonces ya era arzobispo y el favor papal lo convirtió en presidente del Instituto para las Obras Religiosas, o Banco Vaticano.

Y en esa cima se detuvo la carrera de monseñor Marcinkus. La historia oficial cuenta que se dejó asesorar por dos conocidos suyos con quienes jugaba golf, y que los resultados financieros fueron desastrosos.

En casi dos décadas a la cabeza del banco del Vaticano don Paul vio la quiebra de un banco, fue corresponsable de una importante pérdida en los cofres de la iglesia romana, y su nombre figuró de manera prominente en los escándalos que causaron las muertes de dos banqueros italianos.

Otro atentado

En casi dos décadas a la cabeza del banco del Vaticano don Paul vio la quiebra de un banco, fue corresponsable de una importante pérdida en los cofres de la iglesia romana, y su nombre figuró de manera prominente en los escándalos que causaron las muertes de dos banqueros italianos.
David Willey, corresponsal de la BBC en El Vaticano, cuenta que en mayo de 1982 el cuerpo de prensa internacional acompañó a Juan Pablo II a Fátima, donde el Papa quería dar gracias por seguir vivo tras el atentado de ese año.

Y en Fátima, después de orar, el pontífice sufrió otro atentado. Monseñor Marcinkus, siempre cerca, se arrojó sobre el asaltante, un sacerdote español con serios problemas psiquiátricos y una navaja, y logró someterlo con ayuda de otros y entregarlo a la policía.

David llamó más tarde al arzobispo y le preguntó sobre el incidente. Marcinkus le dijo que no había pasado nada. Y al otro día todos vieron en la televisión a monseñor salvando la vida o la integridad del Papa.

Un escándalo grande

Monseñor Paul Marcinkus
El estadounidense murió el martes en Phoenix.
El escándalo fue grande. El Times de Londres recordó que el Banco Vaticano era propietario de varias empresas fantasma en paraísos o en purgatorios fiscales y asumió la responsabilidad de un préstamo de casi US$1.500 millones ante el banco Ambrosiano.

Pero eso se supo sólo cuando el Ambrosiano se declaró en quiebra y los directores que recibieron lo que quedaba del banco anunciaron que El Vaticano podría verse obligado a pagar el préstamo pendiente.

El director del Ambrosiano, Roberto Calvi, a quien se conocía como El Banquero de Dios, apareció en junio de 1982 colgando de un andamio en el puente Blackfriars de Londres con las bolsas de su abrigo llenas de ladrillos y diez mil dólares en efectivo.

Hay quienes sostienen que la tercera parte de El Padrino cuenta la historia de los negocios del arzobispo con la Mafia, pero se trata de una teoría sin mayor fundamento.

El otro banquero conocido de monseñor Marcinkus fue Michele Sindona, un financiero siciliano que sirvió como asesor del Vaticano hasta que su banco quebró en 1974, causando unos treinta millones de dólares en pérdidas al Vaticano.

Sindona murió en la cárcel cuando alguien puso cianuro en su café. Marcinkus logró evadir órdenes de arresto gracias a su posición en el Estado Vaticano y al Tratado de Letrán, pero para entonces monseñor ya no era importante.

Un par de años después del escándalo, el arzobispo Marcinkus volvió a su natal Chicago y terminó por retirarse en un centro para religiosos católicos cerca de Phoenix, Arizona, donde la semana pasada apareció muerto sin mayor explicación.

Monseñor nunca quiso hablar sobre lo que pasó en el Banco Vaticano, y muchos prefirieron olvidar lo que pasó. Yo vivía en Texas cuando supe que el arzobispo estaba en Arizona y lo llamé por teléfono.

Una voz dulce y anónima me dijo que don Paul no estaba y que ya me llamaría más tarde o durante la semana. Jamás llamó. Su secreto, si es que tuvo algún secreto, se perdió para siempre.

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