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Jueves, 2 de diciembre de 2004 - 19:00 GMT
Buscan explosivos en el Parlamento

Miguel Molina
Columnista, BBC Mundo

Ese día fue martes. Los guardaespaldas reales y la policía entraron al edificio del Parlamento a las diez de la mañana y buscaron por todas partes a ver si había explosivos, como el día de 1605 cuando Guy Fawkes trató de volar todo y a todos.

Guy Fawkes
Guy Fawkes y sus cómplices fueron ejecutados.

Poco después ese mismo martes, escoltada por la Caballería Real y otros cuerpos de seguridad, la reina Isabel II salió de su palacio, subió a su carroza y se fue al Parlamento. Al llegar le pusieron su capa, le ciñeron su corona, y le abrieron paso enmedio de pompa y circunstancia hasta su trono en la Cámara de los Lores.

La oyeron en silencio mientras leía el programa del gobierno laborista. Según los laboristas, la parte fundamental de sus planes de gobierno es una estrategia de lucha contra la delincuencia y el terrorismo. Según los críticos, se está usando el temor como en Estados Unidos para ganar las elecciones del año próximo con el voto del miedo.

Es verdad que el proyecto legislativo del gobierno abarca créditos financieros, protección animal, reforma constitucional, organizaciones humanitarias, seguridad vial, cambios en el sistema ferrocarrilero, y adecuaciones a la responsabilidad penal de las empresas. Pero lo que ha causado preocupación es el elemento de seguridad.

Los que se preocupan no son personas que quieran estar inermes ante la posibilidad de un atentado, sino quienes ven la posibilidad de abusos y de errores en los nuevos y amplios poderes que podrían tener los cuerpos policíacos oficiales y civiles que serán guardias que serían guardias civiles.

Porque a partir de 2008 toda persona tendrá que tener y traer consigo una tarjeta o cédula de identidad, herramienta útil para combatir al terrorismo internacional, impedir el uso de información o documentos falsos y ayudar a los servicios migratorios.

Isabel II
Isabel II: vivimos amenazados por el terrorismo y la delincuencia organizada.

La policía y los guardianes civiles tendrán autoridad para detener sospechosos y hacerles análisis para detectar adicciones, forzar a los adictos a recibir tratamiento, y desalojar a quienes usen vivienda pública y consuman drogas. Bajo la nueva ley, quien tenga restos de droga en su organismo será acusado de posesión de droga.

Para los casos más serios habrá una unidad que combata a las organizaciones de delincuencia organizada, con autoridad para detener a cualquier persona por cualquier falta administrativa, delito o transgresión, advirtió la reina a nombre de los laboristas.

Hubo otras propuestas de ley y medidas generales sobre seguridad que no estaban en el documento que leyó Isabel II, quien terminó por reconocer que vivimos en una época de incertidumbre global con una amenaza cada vez mayor del terrorismo internacional y la delincuencia organizada, una cosa y la misma.

Pero tal vez se trate de dos cosas distintas, pese a lo que digan quienes usaron las armas de destrucción masiva para asustar literalmente a medio mundo. Sus fines son distintos aunque sus medios sean los mismos.

Uno podría jurar que las organizaciones criminales prefieren comprar su entrada al poder corrompiendo lo que tocan, y que los extremistas -el terrorista de uno puede ser el libertador o el mártir de otro- buscan destruir el orden establecido e imponer el suyo.

La delincuencia común -común en todo el mundo- es causa de preocupación si está muy extendida y fuera de control, pero no alienta el miedo que puede provocar un atentado o la inminencia de un ataque porque la violencia del hampa es específica, es personal, es limitada. Aunque el símil no es exacto da bien la idea: quien no debe no teme.

La violencia extrema es aleatoria y general porque va más allá de sus víctimas. El miedo nos afecta a todos porque nadie sabe cuándo ni tiene idea de dónde ni se imagina por qué. Pero no es algo que se pueda combatir con leyes dada su naturaleza furtiva y desconcertante.

Policía
¿Más poderes para la policía?

El razonamiento puede confundirse en este punto. No se trata de hacer a un lado las leyes, uno de los elementos que permiten a un pueblo convivir, sino de buscar más allá de las leyes, en los principios, para encontrar la explicación del problema, porque no se puede resolver nada que no se conozca ni se entienda.

La delincuencia, en cambio, es materia de leyes, de transgresiones no necesariamente violentas que impiden pensar que un delincuente puede ser un extremista. Sin embargo, lo que siempre distingue a un Estado de derecho es su principio, una actitud que lo hace diferente de quienes combate...

Pongamos por ejemplo extremo que ningún delincuente estaría particularmente interesado en atentar contra la reina Isabel II, y que algunos terroristas no dudarían en intentarlo si pudieran. Por eso, y no por otra cosa, los guardaespaldas reales y los policías buscaron explosivos en el Parlamento ese martes.

Lo que no he podido entender es por qué dicen que el mundo es más seguro que antes de la caída de Saddam Hussein y se preocupan por lo que puede haber en el Parlamento cuando va la reina, y al mismo tiempo dicen que Londres -una ciudad a punto de cualquier atentado- es la sede ideal de los juegos olímpicos.


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