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Jueves, 15 de julio de 2004 - 22:00 GMT
Todos tienen la culpa
Miguel Molina
Miguel Molina
Columnista, BBC Mundo

El Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte también fue a la guerra a causa de unas armas que no existían. Dejé pasar un día, y repito esas palabras y siguen diciendo lo mismo aunque no lo digan igual que Robin Butler.

Lord Butler.
"Todos tienen la culpa de que nadie haya dicho la verdad, concluye Lord Butler".

Robin Butler me impresiona porque siempre ha estado cerca del poder, desde la mañana de 1961 en que entró a trabajar en la Tesorería hasta la tarde de 2003 en que dejó de ser responsable de la administración pública, es decir de la burocracia, después de haber sido parte vital en los gobiernos de Edward Heath, Harold Wilson, Margaret Thatcher, John Major y Tony Blair. Su nombre oficial es Lord Butler de Brockwell, KG GCB CVO.

Después de investigar durante cinco meses la información que consiguieron los servicios británicos de inteligencia, Lord Butler llegó a tres conclusiones sobre la decisión de Tony Blair de invadir Irak: estuvo mal informada, estuvo mal organizada y se planteó de manera equívoca a la opinión pública.

Quizá lo único que haya que reprocharles a Bush y a Blair es que se hayan dejado engañar y no hayan hecho las preguntas que haría quien tiene que tomar una decisión que implica vida y muerte y destrucción y gasto y dolor y miedo, propios y ajenos

Cualquiera diría que así no se va a una guerra. Según la comisión que encabezó Lord Butler, la información en la que se basó Tony Blair para declarar la guerra era dudosa pero además nadie trató de confirmarla, o se basó en versiones de oídas o en rumores, porque los informantes que había no eran confiables.

La verdad es que los laboratorios móviles de producción de armas biológicas que vimos en la televisión no existían. La verdad es que Saddam Hussein no tenía armas de destrucción masiva, y por eso no podía prepararlas para atacar en cuarenta y cinco minutos ni en un año. Pero nadie -advierte Lord Butler- creyó lo que decían los inspectores de la ONU.

La investigación confirma que Tony Blair decidió atacar a Saddam Hussein después del 11 de septiembre de 2001, pero también confirma que nunca hubo ninguna relación entre Irak y al-Qaeda. Cualquiera diría que así no se va a una guerra.

Tony Blair, frente a su residencia del No. 10 de Downing Street.
"Tony Blair sigue convencido de que era moralmente correcto invadir a Irak".

Y después vino el dossier sobre la potencia bélica de Irak, que todavía se puede encontrar en internet. La capacidad de Saddam Hussein para preparar un ataque con armas de destrucción masiva era tal -dijo donde pudo el Primer Ministro- que podía estar listo en cuarenta y cinco minutos. Según Blair la información era extensa, detallada y contundente, pero tampoco era cierta, según Lord Butler.

Lo que dijo Lord Butler fue que el gobierno debería ser más serio a la hora de tomar decisiones y sostener reuniones formales de las que hubiera constancia escrita, y no los encuentros informales de sofá y mangas de camisa y capuchino, aunque tal vez lo del capuchino no sea cierto. Pero tal vez sea cierto que así no se va a una guerra.

En Estados Unidos, el Senado concluyó que el presidente George Bush, el vicepresidente, la asesora de Seguridad Nacional, el secretario de Estado, el secretario de Defensa y los estadounidenses en general fueron mal informados por el director de la CIA, quien resultó ser el causante de la invasión a Irak y todo lo que ha seguido y renunció aunque fuera por razones de familia. En Gran Bretaña no ha pasado nada.

Manifestantes contra el gobierno frente al Parlamento británico.
Los críticos de la guerra de Irak arremeten contra el gobierno de Tony Blair.

Nadie ha despedido a nadie y nadie ha ofrecido renunciar. No se ha armado un escándalo porque el país fue a la guerra engañado por las mentiras que nadie dijo. Lo más que ha pasado es que el Primer Ministro insiste en que el mundo es mejor sin Saddam Hussein y que sigue convencido de que era moralmente correcto invadir a Irak, pero cualquiera diría que uno no va la guerra por eso.

Todos tienen la culpa de que nadie haya dicho la verdad, concluye Lord Butler, aunque no sea con las mismas palabras. Lo que no dijo Lord Butler, ni ha dicho Tony Blair ni George Bush ni nadie es que por eso han muerto miles...

Quizá lo único que haya que reprocharles a Bush y a Blair es que se hayan dejado engañar y no hayan hecho las preguntas que haría quien tiene que tomar una decisión que implica vida y muerte y destrucción y gasto y dolor y miedo, propios y ajenos. En la vida real estaríamos hablando de irresponsabilidad o de incompetencia, algo que por ahora parece ser lo de menos.

(Tengo que decir que estoy intrigado por el hecho de que varios lectores no encontraron el toque de ironía que traté de usar en la entrega anterior sobre el George que nos llevó a la guerra, y así me lo hicieron saber en términos muy claros. Me apena. Me apena porque no logré expresar mi idea de que llega un momento en el que sólo el humor nos hace libres, y me apena porque también es señal de que algunos de mis lectores son gente que se lo toma todo muy en serio.)


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