El domingo 28 de septiembre de 1986, Cindy llevó a Mordecai a un apartamento en Roma.
Vanunu denunció su secuestro en un mensaje escrito en su mano.
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Se habían conocido en Londres y bastaron unos días, semanas a lo sumo, para que el romance los llevara en busca de algo más en otra parte.
Pero tan pronto como entraron, dos hombres atacaron a Mordecai, lo drogaron, se lo llevaron a la costa, lo embarcaron en un yate y lo encadenaron en un viaje que duró varios días, hasta que un comando lo llevó a la costa de Cesárea y de ahí fue a dar a la cárcel donde pasó 18 años, convicto de traición a la Patria.
Y es que el Mordecai de Roma es el mismo Mordecai Vanunu que trabajó de 1976 a 1985 como técnico en el Centro del Reactor Nuclear de Dimona, en el desierto de Negev.
Una semana después de que desapareció Vanunu, el periódico británico The Sunday Times publicó los secretos del arsenal nuclear israelí que el técnico había revelado.
Potencial bélico
Muchas cosas cambiaron, entre ellas el potencial bélico que hasta la fecha se había atribuido a Israel.
The Sunday Times publicó los secretos del arsenal nuclear israelí.
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La nueva información permitía pensar que hace 20 años los israelíes tenían entre 100 y 200 cabezas nucleares, diez veces más que las podrían tener ahora India y Pakistán.
El viernes 27 de febrero de 1988 en Ashkelon, no muy lejos de la Franja de Gaza, en la costa mediterránea de Israel, Mordecai Vanunu entró a prisión y ahí estuvo hasta este miércoles.
Su castigo, que incluyó años en confinamiento, no ha terminado.
La vida sigue llena de restricciones. Vanunu no puede salir del país, comunicarse con extranjeros, acercarse a una frontera o a un puerto ni estar a menos de cien metros de una embajada.
Y, aunque haya cumplido su condena, estará bajo arresto domiciliario. Además, lo han amenazado de muerte.
Héroe o traidor
Para muchos, Vanunu sigue siendo traidor. Para muchos sigue siendo un héroe. Cada quien tiene sus razones.
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Para muchos, Vanunu sigue siendo traidor. Para muchos sigue siendo un héroe. Cada quien tiene sus razones
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Pero también para muchos la capacidad nuclear de Israel, el poder de sus armas de destrucción masiva, sigue siendo una excepción no tan llena de misterio.
Irak, el Irak al que no le encontraron armas de destrucción masiva, pagó el precio de su enemistad con la Casa Blanca.
Irán, que podría tenerlas, parece dispuesto a aceptar algunas de las reglas del juego.
Corea del Norte, quien también podría tener un arsenal nuclear, se ha sentado a la mesa de negociaciones con otros cinco países.
Israel
Pero nadie le ha dicho nada a Israel ni ha llamado mucho la atención sobre su armamento.
Israel, como India y Pakistán, no ha firmado el Tratado de No Proliferación Nuclear, un acuerdo que, según Washington, expresa el consenso internacional ante el peligro que representan las armas nucleares para la seguridad de las naciones y la estabilidad global y regional, y para los esfuerzos de quienes buscan soluciones pacíficas a los problemas entre países.
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Nadie le ha dicho nada a Israel ni ha llamado mucho la atención sobre su armamento
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Pero Israel no permite que organismos como la Agencia Internacional para la Energía Atómica revisen su programa de armas.
Tampoco acepta restricciones que la comunidad internacional -¿quién es la comunidad internacional?- impone a los arsenales de otros países, en nombre de valores que se han usado para justificar guerras e invasiones.
Desigualdades
Este miércoles que escribo debería servir para recordar que todavía hay desigualdades, desequilibrios peligrosos e injusticias.
Antes de que alguien diga que soy antisemita debo aclarar que un gobierno no es un pueblo aunque lo represente, y que la comunidad internacional que sirvió para justificar la guerra en Irak ha censurado a los gobiernos israelíes, aunque sus críticas hayan sido vetadas por la Casa Blanca.
Este miércoles que escribo debería servir para que todos pensáramos un momento en lo que hizo Mordecai Vanunu en septiembre de 1986 y decidiéramos si hizo bien o hizo mal, y si es justo o injusto lo que le hicieron.
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