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Viernes, 6 de febrero de 2004 - 18:20 GMT
Inquieto y con mortal recelo
Miguel Molina
Miguel Molina
Columnista, BBC Mundo

Allá, cerca de Badajoz y de Mérida y de Zafra, en Tierra de Barros, cae Almendralejo, un lugar donde hay dólmenes desde tiempos inmemoriales y registros municipales desde el siglo XIV, y donde nació sin duda en 1808 el poeta José Ignacio Javier Oriol Encarnación de Espronceda y Delgado.

El poeta José Ignacio Javier Oriol Encarnación de Espronceda y Delgado.
El poeta José Ignacio Javier Oriol Encarnación de Espronceda y Delgado.

Es tierra de caldereta y migas y cochinillos con aceitunas negras y tostadas de caldillo y de mondongos y vinos del Guadiana, donde viven menos de treinta mil personas y hay veintiún restaurantes. Nada falta. El cielo es alto y el sol es fuerte y la tierra es pródiga como sólo es en Extremadura.

Una de las joyas de la ciudad es la ermita de Nuestra Señora de la Piedad, un sólido edificio blanquísimo que durante los últimos cinco siglos ha obligado a quienes lo ven a bajar la mirada si es mediodía y hace sol. Y frente a la ermita está el parque, y de un lado la plaza de toros y del otro el hospital y la residencia de ancianos, oficialmente conocida como residencia de la Tercera Edad Nuestra Señora de la Piedad de Almendralejo.

Juan Gil, de Higuera de Vargas, y Matilde Agreda, de Montijo, llegaron ahí por diferentes caminos, y ya habían vivido sus vidas con otras personas en otras partes, y ahí se encontraron entre cincuenta y tantos ancianos como ellos. Uno podría decir, o pensar, porque hay cosas que ya no se dicen, que el destino los juntó.

Una fotografía de doña Matilde muestra a una dulce señora mayor de cabello oscuro, aretes de perla y grandes anteojos redondos, sonriente y cálida. Al contrario, a don Juan lo conocemos por la descripción apresurada que dieron los periódicos: un hombre malhumorado y desaliñado con problemas de la vista, que usa bastón. Se casaron cinco meses después de conocerse.

A ese horror sucedió otro cuando explicó: "Vi entrar a alguien en mi habitación y pensaba que me era infiel. O es mía o no es de nadie".

Quien piense que la pasión se pierde con la edad corre el serio peligro de equivocarse. Hay gente que se aburre o se impacienta con las cosas del corazón, o que renuncia al sexo y otros excesos por falta de ganas o de fuerza, o que entristece ante la idea de que el fin está cerca, o que se siente solo y olvidado, pero nadie está exento de sentir intensamente.

En todo caso, don Juan manifestó una inclinación muy viva hacia doña Matilde. Y doña Matilde lo aceptó, y su familia pensó que así se sentiría menos sola. La prensa no da detalles de qué pensaban los dos hijos de don Juan, ni entonces ni después.

Se casaron un miércoles. La concejal de Servicios Sociales, Mujer y Mayores del Ayuntamiento de Almendralejo, Esperanza Lozano, estuvo en la boda y le dijo a Extremadura.com que no se explicaba cómo pudo don Juan hacer lo que hizo, porque en la fiesta notó que le temblaban las manos, a él y a doña Matilde.

Las hijas no fueron a la boda. Cuando las entrevistaron, dijeron que don Juan no les había caído bien desde el principio porque trataba de controlar a doña Matilde, y porque era un hombre violento. Pero todos los demás veían a un hombre enamorado de una mujer enamorada de él.

Imagen de Almendralejo.
"El cielo es alto y el sol es fuerte".

Luego fue jueves, viernes, sábado, domingo y lunes. Eran las cuatro y media de la mañana, una hora que ya no es de noche y tampoco es de día. Unos dicen que doña Matilde estaba dormida y otros dicen que estaba despierta y había tenido un altercado con su marido, pero todos oyeron los gritos de la señora.

Llegaron demasiado tarde. Don Juan reconoció que la había acuchillado. A ese horror sucedió otro cuando explicó: "Vi entrar a alguien en mi habitación y pensaba que me era infiel. O es mía o no es de nadie". Luego se supo que pensaba que su esposa de cinco días lo engañaba con otro anciano de la residencia.

Don Juan se entregó mansamente. La policía se lo llevó y lo iba a someter a pruebas psicológicas para determinar su estado, aunque por su edad pasará el resto de su vida en un centro psiquiátrico tanto si es culpable como si es declarado incompetente para ser procesado, porque así lo establecen las leyes españolas.

Quien piense que la pasión se pierde con la edad corre el serio peligro de equivocarse.

El drama no termina ahí. La familia de don Juan no se había presentado a ver qué pasará con él. La familia de doña Matilde consideraba iniciar una acción judicial contra la residencia. Hay dolor y hay tristeza en el aire.

Y lo peor es que para algunos la vida sigue, y lo mejor para otros es que la vida sigue. Los días son despejados, pese a que hay brumas y bancos de niebla en las mañanas de los valles, y hace fresco y calor y luego otra vez fresco, y soplan vientos flojos de dirección variable.

Nada cambia. Uno escribe sobre la tragedia y piensa en los versos de Espronceda sobre el dulce anhelo del amor que aguarda, tal vez inquieto y con mortal recelo, e imagina el cielo incierto de Almendralejo.


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