Es de no creerlo. Muchas vidas y dineros dependen de que un humano resfriado no se acerque a un ave resfriada. No es un chiste, sino una de las enfermedades de nuestro tiempo, que viene a recordarnos que somos más que nunca mortales.
Esta pieza de una ceramista inglesa respondió al pánico que la gripe del pollo causó en Hong Kong en 1997.
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Pero las nuevas enfermedades no son tan nuevas. Son nuevas tal vez para algunos de nosotros, pese a que comenzaron a aparecer durante el siglo pasado.
En 1959 se registró el primer caso de inmunodeficiencia adquirida, que condujo al SIDA y a la muerte a un hombre bantú en lo que fue Zaire y ahora es la República Democrática del Congo.
También hay versiones no confirmadas de que la primera víctima del mal fue un marinero de Manchester en el mismo año, y hay teorías de que el virus mutó a mediados del siglo XVII, y registros de que apareció en África alrededor de 1930, porque así lo indica el reloj molecular del virus.
Aunque sea terrible decirlo, parece que el mundo ha terminado por acostumbrarse a la idea de que muchos mueran por este mal, que es una enfermedad mayormente de gente pobre y sin recursos en naciones pobres y sin recursos.
Hay gobiernos como el de Sudáfrica, que hasta hace poco se negaban a reconocer que el VIH causa el SIDA que mata a millones.
En general hace falta dinero para atender a las víctimas de esta lenta enfermedad letal con respeto y dignidad.
Uno con alas
Ahora viene el virus H5N1, una vigorosa cepa que afecta a las aves.
Los expertos temen que la influenza aviar sea la primera pandemia del siglo.
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Halcones y patos, pero sobre todo pollos y gallinas, sufren gripas mortales que se transmiten velozmente. Le dicen gripa de pollo y uno de sus nombres técnicos es influenza aviar, y las dos cosas se han estado contagiando a personas que entran en contacto con animales enfermos.
Ya van varias personas muertas. Comienzan con tos y dolor de garganta, les viene una fiebre y luego sufren lo que la ciencia llama agotamiento respiratorio y neumonía y se mueren, como pasó en 1997 con la epidemia de influenza de Hong Kong.
Los virus no tienen fronteras, y menos el H5N1, que ya ha asolado a la raza humana durante mucho tiempo con nombres y formas distintas.
Quizá ya no quede nadie que haya sobrevivido a la epidemia de Gripa Española que entre septiembre de 1918 y junio de 1919 mató entre cuarenta y cincuenta millones de personas.
La Gripe Española mató a medio centenar de millones de personas en 1918.
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Como el del VIH, el virus H5N1 es un agente animal que se adaptó a los humanos por su gran capacidad de cambio, que le permite reproducirse a gran velocidad sin mucho obstáculo, y quizá por eso mata a más personas y más animales más rápidamente.
La Organización Mundial de la Salud advierte que las tendencias históricas señalan que se pueden esperar pandemias tres o cuatro veces por siglo, que es el ciclo en que aparecen nuevos tipos de virus mutantes y mutados, y la simple gripa de pollo podría ser la primera del XXI.
Sobre todo si un humano resfriado se acerca a un ave resfriada, y sus virus se encuentran y se convierten en algo que mata gente y afecta a los mercados, porque este virus no respeta gente y mucho menos mercados.
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