Oye, tío, me dijo un martes Pablo Comesaña, qué es lo que hablan aquí. Aquí hablan español y si les va bien inglés, le dije.
Los cantantes son del mismo sitio de donde son los hablantes.
|
Es que un tipo dijo: se le liquean las brecas a mi troca, y no sé qué dice, reconoció Pablo, que entonces era mi colega en el diario La Opinión. Aquí es Los Ángeles y eso quiere decir que los frenos de su camioneta tienen una fuga de líquido, nos explicaron cuando preguntamos.
Ese desencuentro ilustra el hecho fatídico que terminarán por sufrir idiomas como el español y el inglés en Estados Unidos, pero no se limita a ese caso. Si el clásico hubiera sido hispanohablante, habría dicho sin duda que nuestros países están separados por una lengua común, pero no tanto.
Hay casos en que uno se da cuenta cuando ya es demasiado tarde. Cuando un mexicano dice cajeta y no dulce de leche en Uruguay, cuando un chileno ve pasar una cuca en países que no son Chile (aunque tal vez ya no llamen así a las patrullas de la policía), hablan de cosas que sin duda podrían causar vergüenza o risa.
Pero a la vez cuando vuelan un cometa, un barrilete, un volantín, un papagallo o un papalote, vuela la misma cosa el mismo vuelo con nombre diferente. Y eso es bueno, porque de vez en cuando es bueno echar a vuelo aunque sea las campanas y celebrar que somos iguales aunque seamos distintos.
Lo único que se me hace difícil es aceptar el descuido. Mi breve paso por la escuela me permitió entender que la lengua es algo vivo, cambiante, caprichoso, sujeto a nada, que tiene una voz propia en cada parte como en cada persona, y que las reglas sólo explican las formas de la lengua y el sentido que tienen las palabras en cada comunidad.
También me di cuenta de que la palabra escrita tiene con frecuencia más peso que la palabra hablada porque permanece, pese al paso del tiempo, y está abierta a la repetición, a la difusión y a la interpretación.
Quien escucha ejerce un sentido. Quien lee vive y re-crea. Después ya no supe más porque dejé la escuela y comencé a ser reportero.
Miami, para bien o para mal, crisol de lo latino.
|
Y a veces hay quien se descuida y pone lo que sea como sea, que era lo que hacía un señor alto de bigote y melena con el que trabajé cuando nos decía que no hay como perderse en vez de cómo perderse, y uno se perdía.
O hay quien se descuida y habla del ayuntamiento en vez del Ayuntamiento, sin pensar muy bien que uno -ay- es breve y el otro dura alrededor de tres años.
Hay casos más complicados, como los de la radio y la televisión, en que uno tiene que hablar como si escribiera y tiene que escribir como si hablara. Y en esa actividad, como en cualquier otra circunstancia de la lengua escrita, hay que encontrar la palabra justa que perseguía Flaubert.
Las eternas discusiones en la babel de las redacciones de la BBC, disquisiciones en cuarenta y tantos idiomas, son un buen ejemplo de este ir y venir lexicológico.
En otros casos, por desgracia, la gente ha tomado un camino fácil. Ya sea por pereza o por comodidad, aunque una sea prima cercana de la otra, hay quienes terminan haciendo una lengua franca, como sucede evidentemente en Estados Unidos, donde no se sabe dónde acaba el inglés y dónde comienza el español, por poner un ejemplo cercano.
Pero eso es lo de menos, porque de esa mezcla despreocupada puede nacer una lengua que nadie imagina todavía. Están los claros ejemplos de los tecnócratas que aterrizan planes y otras cosas similares, o los usuarios de teléfonos celulares que se textean entre sí.
Y luego está internet, un territorio anárquico en el que todo está permitido, y en el que hemos visto las mutaciones de clic a cliquear y de access a accesar o acceder.
Esos ejercicios, que mucho molestan a quienes pensamos que hay que pensar antes de usar una palabra, son nuestra condena pero pueden ser nuestra salvación.
Todo depende de dónde son los hablantes. Después de todo para qué sirve una orquesta que sólo tiene oboes, que fue lo que le dijo Ernesto Sábato a una colega como ejemplo de lo que pasaría si todos habláramos la misma lengua de la misma manera.
Sería una vaina, tío.
Escríbale a Miguel:
La BBC se reserva el derecho de editar y publicar su mensaje. Los datos provistos no serán entregados a terceros.