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Viernes, 27 de marzo de 2009 - 10:08 GMT
Venezuela: paro de maestros
Yolanda Valery
Yolanda Valery
BBC Mundo, Caracas

Los maestros de las escuelas públicas de Venezuela llevaron a cabo un paro nacional este miércoles, en medio de una creciente conflictividad laboral en el país.

Héctor Navarro, ministro de Educación de Venezuela (imagen del gobierno venezolano)
El gobierno sostiene que pocos acataron la huelga de maestros.

Al menos 240 acuerdos colectivos de la administración pública están vencidos o por vencerse, en momentos en que el país enfrenta las consecuencias de la caída en los precios del petróleo, el principal producto de exportación venezolano.

Entre las áreas conflictivas se cuentan la industria petrolera, las empresas de hierro y aluminio, electricidad, construcción, trabajadores de la industria agroalimentaria y tribunales. Algunos de esos sectores ya han efectuado protestas locales que amenazan con escalarse a nivel nacional.

La discusión de mejoras salariales se producirá también en un clima de división sindical en los mismos dos bloques en que parece separarse todo en esta nación sudamericana: hay sindicatos abiertamente "chavistas" y claramente "antichavistas".

Analistas coinciden en que el conflicto laboral representa uno de los retos más complejos para el presidente Hugo Chávez.

Con más de 2.500.000 empleados públicos -cifra que creció recientemente con la nacionalización de empresas consideradas estratégicas-, el gobierno es el principal empleador del país.

Años de bonanza económica han alimentado las expectativas del sector, al abrigo de la promesa gubernamental de eliminar la pobreza y reducir la desigualdad.

Contradictorios

El paro de educadores de este miércoles fue una vitrina de todos estos elementos.

De hecho, el gobierno y los docentes sí están discutiendo un acuerdo colectivo, por lo que el Ministerio de Educación declaró el paro ilegal y amenazó con sanciones. El problema es a quién acepta el ministerio como interlocutor válido, de entre la decena de organizaciones que agrupan a los maestros.

"El patrono (el gobierno) decidió discutir con el sindicato oficialista y con dos sindicatos que no representan la mayoría", le dijo a BBC Mundo el secretario de reclamos de la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV, oposición), Pablo Castro.

"Los sindicatos que no están en la discusión es porque no se han legitimado. Tienen más de diez años sin escoger autoridades", indicó, por su parte, el presidente de la Federación de Trabajadores Públicos, Franklin Rondón.

El nivel de éxito de la protesta no ayuda a dilucidar quién tiene la razón. Según el Colegio de Profesores (oposición) fue del 90%. Según Rondón fue un fracaso, y según el ministro de Educación, Héctor Navarro, no superó el 0,65%.

"El fracaso del plan antirrevolucionario en el sector educativo quedó evidenciado este miércoles, 25 de marzo, al registrarse una masiva asistencia de 78% a todos los planteles del país", según un comunicado publicado en la página de internet del ministerio.

Matices

Pero la cuestión tiene sus matices. El movimiento sindical ha sido uno de los opositores más férreos del gobierno de Chávez, cuya primera derrota electoral ocurrió en 2000, cuando perdió un referendo en el que se preguntaba al país si quería "renovar las autoridades sindicales" de la CTV.

El patrono decidió discutir con el sindicato oficialista y con dos sindicatos que no representan la mayoría
Pablo Castro, dirigente de la CTV

Sin embargo, mucha agua ha corrido bajo el puente en nueve años, incluido el golpe de Estado de 2002. El entonces presidente de la CTV, Carlos Ortega, tuvo un papel protagónico como líder de las acciones de calle que lo precipitaron, en las que actuó mano a mano con el gremio de los empresarios, Fedecámaras.

Según Pablo Castro, desde 2002 el gobierno ha creado "3.000 sindicatos paralelos", mientras que ha intentado erosionar las organizaciones establecidas "utilizando todos los mecanismos, como amenazas en los centros laborales, el chantaje, el no pago de las cuotas sindicales y las amenazas de despido".

En la otra acera, Franklin Rondón atribuye el deterioro de los sindicatos tradicionales a su "compromiso con los intereses del capitalismo, de las grandes transnacionales, de los partidos que buscan para desestabilizar el país".

Dilema

Pero aún si se pudiera comprobar que representan a la mayoría, quienes comparten la visión de Rondón enfrentan el dilema de cómo diferenciar la lucha por los derechos de los trabajadores de su respaldo a las transformaciones llevadas a cabo por el actual gobierno y patrono de los empleados estatales.

Los sindicatos que no están en la discusión es porque no se han legitimado
Franklin Rondón, presidente de la Federación de Trabajadores Públicos

"Nosotros no estamos del lado de un partido político, sino de un proceso de transformación social. Estamos defendiendo la revolución porque es un proyecto político liberador, que va hacia un cambio de modelo económico", le indica Rondón a BBC Mundo.

En la defensa de ese proyecto, el límite estaría "en no perder nada de lo que ya tienen los trabajadores".

"Por ejemplo, ahora tenemos 90 días de bono vacacional. Aspiramos a que sean 120 días. Supongamos que no consigamos eso o que no se pueda aumentar. No constituiría un sacrificio de nuestra parte siempre y cuando no me toques los 90 días que ya tengo", explicó el dirigente sindical.

"No vamos a aceptar la congelación de la discusión de contratos, pero tenemos que ver cómo transformamos el movimiento sindical para que no sea simplemente economicista, sino que también impulse medidas para que los contratos sean transformadores del hombre", agregó.

Basta saber si ese esquema le gustará a los trabajadores. En opinión de Pablo Castro, ése es el punto débil: "el discurso del presidente según el cual no necesitamos discutir contratos colectivos porque estamos en un proceso de cambio hacia una sociedad socialista de iguales, es contradictorio con las aspiraciones de los trabajadores de mejorar sus condiciones".

La "hora cero"

De hecho, dice Castro, algunos dirigentes que eran "rojos-rojitos" (el color simbólico del oficialismo) se unieron a "Solidaridad Sindical", una plataforma recientemente creada para aglutinar diferentes organizaciones sindicales.

"Hay sindicatos, como los de las empresas básicas, que han sido engañados. Que compraron el discurso presidencial según el cual iban a co-gestionar esas empresas. Las propuestas de los trabajadores para mejorar la productividad no fueron escuchadas, y en su lugar lo que hubo fue unos burócratas nombrados desde Caracas", señala.

Y algo de ese malestar parece admitir Rondón, cuando afirma que "puede llegar un momento determinado en que el mismo patrono empiece a atacar el movimiento sindical".

"Es ahí cuando tenemos que dar una respuesta como clase, con una caracterización revolucionaria, no de desestabilización en acuerdo con los sectores pudientes", añade el portavoz de los empleados públicos.

El hecho de que la estrategia no puede ser de conflicto masivo es algo en lo que parece estar de acuerdo Castro.

"No vamos a caer en lo que el gobierno quiere, en que se repita lo que pasó en 2002 con el paro petrolero, y que llevó a que ellos actuaran en forma arbitraria, despidiendo a más de 20.000 trabajadores", declara.

El año es joven, coinciden las partes.



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