Gritos, abrazos, besos y lágrimas; muchas lágrimas. Es lo que se ve en la Terminal Dos del aeropuerto José Martí, de La Habana. Aquí se encuentran cada día los cubanos de la isla con sus familiares de Estados Unidos, que ahora pueden viajar todos los años a Cuba.
Podrán viajar más a menudo y gastar más en la isla.
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El presidente estadounidense, Barack Obama, cumplió la promesa y levantó las restricciones que había impuesto su antecesor. George W. Bush había limitado los viajes a uno cada 3 años y les redujo la cantidad de dinero que podían gastar en la isla.
Las visitas cayeron en picada, las compañías chárter que hacen la ruta La Habana-Miami redujeron el número de vuelos y decenas de miles de cubanos perdieron la oportunidad de ver a sus seres queridos. Tendrían que esperar 36 meses para volver a abrazar al padre o al hijo que dejaron en Cuba.
Ahora las instalaciones de la Terminal Dos han sido remodeladas para aumentar la capacidad de recepción de pasajeros, los tramites de migración y sobre todo los de aduana, dada la enorme cantidad de bultos que traen con regalos para sus familiares.
Reencuentros
"Esperamos a mi mamá y a mi hermano; es maravilloso que puedan viajar otra vez, maravilloso, maravilloso", repite Tania Ruiz con visible alegría. Maida Camelas me asegura "que las relaciones van a mejorar porque Obama es un hombre inteligente".
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Estoy esperando a mi nieta con sus dos hijas, hace tres años que no las veo
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Tras la reja que separa al público de la puerta de salida de los viajeros hay una anciana que mira ansiosa."Estoy esperando a mi nieta con sus dos hijas", me comenta María Dolores Díaz y agrega con tristeza que "hace tres años que no las veo".
Los que llegan también están satisfechos. "Es una vía más directa para ver a la familia aunque de todas formas veníamos por terceros países", nos dice el joven Roberto Abrantes mientras sus padres, con lágrimas en los ojos, lo abrazan y lo besan.
Marcial Giménez arrastra un carro lleno de paquetes, encima de los cuales viaja un enorme perro de peluche. Él también apoya la medida de Obama. "Es lo mejor que podían hacer porque aquí hay mucha necesidad y a nosotros nos hace falta venir para ayudar a los nuestros".
La promesa de Obama
La eliminación de las restricciones es temporal; expira en septiembre, pero dará unos meses de respiro a las familias cubanas. Después ya se verá; los políticos estadounidense tendrán que encontrar una fórmula que convierta la medida en algo permanente.
Los viajeros traen bultos con regalos para sus familiares.
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Impedir que los familiares se encuentren es algo tan impopular que Obama se opuso públicamente y en medio de su campaña electoral les aseguró a los cubano-estadounidenses que eliminaría la prohibición. Meses después ganaba Florida.
Ahora los cubano-estadounidenses pueden viajar para ver a cualquier familiar, hasta con tres generaciones de distancia, o con un antepasado común y se les permite gastar en su estancia en la isla US$179 diarios en vez del límite de US$50 que impuso el gobierno de Bush.
El aumento de los viajes disparará también el envío de remesas en una especie de "contrabando hormiga" que realizan muchos cubano-estadounidenses cuando visita la isla: en sus bolsillos vienen los US$100 para la mamá del amigo o los US$20 para el algún pariente o conocido.
La Habana insatisfecha
El gobierno cubano, sin embargo, no está satisfecho. El periódico oficial afirma que "estas medidas no restituyen el derecho de los cubanos residentes en Estados Unidos a viajar libremente a Cuba, como tampoco contemplan el derecho de los ciudadanos de aquel país a visitar la vecina isla".
El aumento de los viajes disparara también el envío de remesas.
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Reconoce, de todas formas, que representan "un primer revés para la mafia anticubana de Miami", refiriéndose a los políticos y organizaciones anticastristas, pero recalca que en lo esencial "no modifica el cerco" que se mantiene contra Cuba.
Para las autoridades de La Habana el crecimiento de las visitas de los emigrados traerá un aumento de las remesas pero es una cantidad ínfima si se la compara con las divisas que podrían entrar al país si Obama permite el turismo de ciudadanos estadounidenses.
Los cálculos de las agencias de viajes sitúan en 3,5 millones el número de personas que llegarían a la isla durante el primer año y podría dispararse hasta 5 millones en un quinquenio, el doble de los turistas que Cuba recibe en la actualidad del resto del mundo.
De todas formas en cada vuelo se ven estadounidenses, la mayoría de ellos con una "licencia humanitaria" y portando un pequeño paquete de medicinas que la justifica, mientras otros obtienen una de carácter "cultural" para, por ejemplo, exponer sus cuadros en la Bienal de La Habana.