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Jueves, 19 de febrero de 2009 - 22:08 GMT
Cancún, ¿el paraíso perdido?
Stephen Gibbs
BBC, Cancún

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Para la mayoría de sus cuatro millones de turistas, Cancún representa cielos azules, mar color turquesa, arena blanca y hoteles enormes con todo incluido.

La clase de lugar donde la gente bebe sin pensar en las preocupaciones del mundo.

Pero si uno recorre el centro de Cancún, a pocos kilómetros de la playa, la historia cambia completamente. Aquí, las preocupaciones del México moderno están a la vista de todos.

Patrullas militares recorren las calles. Las fuerzas especiales policiales de la ciudad se ocultan con pasamontañas y gafas oscuras para evitar represalias. Si el alcalde sale del ayuntamiento, lo hace siempre rodeado de guardaespaldas.

La geografía le brindó a Cancún un clima perfecto y una costa hermosa. Pero también la convirtió en un lugar de tránsito ideal en la ruta de las drogas que une Sudamérica con Estados Unidos.

Con el aliciente añadido de miles de consumidores con visados de turistas, lo que explica que Cancún sea la joya de la corona para los traficantes de droga mexicanos y que luchen a muerte por controlarla.

Restructuración

Gregorio Sánchez, alcalde de México
La gente nos eligió para que seamos sus líderes, necesitamos actuar de esa manera. Con carácter, coraje y determinación
Gregorio Sánchez, alcalde de México

El primer día de febrero, el general de Brigada retirado Mauro Enrique Tello Quiñones, llegó a la ciudad.

Este antiguo comandante del ejército en el estado occidental de Michoacán tenía la reputación de ser un hombre de guerra, alguien que podía arreglar cualquier problema. Fue invitado personalmente por el recién elegido alcalde de la ciudad, Gregorio Sánchez.

Su tarea era eliminar la corrupción en la policía local y retomar las calles, en manos de las bandas criminales.

Duró menos de tres días en el trabajo. El 3 de febrero fue secuestrado junto a su guardaespaldas y su chófer. Los tres fueron torturados y después conducidos a un lugar remoto en la jungla donde les pusieron una bala en la cabeza.

Cuando le conocimos en su oficina, el carismático alcalde Sánchez parece un hombre que no se amilana. Increíble considerando que no sólo ha perdido a un aliado sino que también ha padecido una tragedia familiar.

Su sobrino era el conductor del auto que transportaba al general ese día.

"Necesitamos superar el miedo y demostrarles de lo que estamos hechos", afirma golpeando la mesa con la mano. "La gente nos eligió para que seamos sus líderes, necesitamos actuar de esa manera. Con carácter, coraje y determinación", añade.

El asesinato del general provocó una reestructuración inmediata y dramática de la policía de Cancún.

Al día siguiente, el ejército llevó a cabo una redada de la comisaría local, con la excusa de comprobar las licencias de armas. Se llevaron al jefe de policía, Francisco Velasco Delgado, conocido como "El Vikingo", quien luego fue acusado de estar vinculado a pistoleros de un cartel de las drogas.

Los militares han hecho que se note su presencia. En la carretera principal entre Cancún y Playa del Carmen, los soldados han establecido un control, registrando autos en busca de armas y drogas. La policía observa a la distancia.

"No tengo ningún problema con eso, están haciendo su trabajo", afirma un turista brasileño mientras le conminan a salir del taxi para que los soldados puedan registrar el vehículo.

Abusos

Control militar en Cancún
El ejército ha establecido controles en y alrededor de Cancún.
Pero algunos temen que sea peligroso traspasar la responsabilidad de seguridad al ejército.

Según la Comisión Mexicana para la Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (CMDPDH), el ejército actualmente patrulla en 11 de los 31 estados mexicanos.

"Creo que el gobierno debería de tener mucho cuidado", afirma la directora de la organización, Paulina Vega. "En estas operaciones muchos civiles han sufrido violaciones de derechos humanos. Tenemos al ejército a cargo de la seguridad pero no hay ningún control una vez que han tenido lugar los abusos", agrega.

Voces cautas como la de ella contrastan con quienes piden a gritos que es necesario hacer algo, cualquier cosa, para frenar el espiral de violencia en México.

"Si queremos un país limpio tenemos que hacer lo que sea necesario", afirma Javier Ibarrola, un experto de seguridad con vínculos directos al ejército. "¿Luchar? OK...debemos de resolver este problema ahora", añade.

En las calles de Cancún, acompaño por un par de horas a una patrulla de la recién creada división de la policía local llamada la Fepa.

Sus agentes tienen que pasar un escrutinio mayor y están mejor pagados que la policía normal. Trabajan en colaboración estrecha con el ejército y están en la primera línea de la lucha contra el crimen organizado.

Nos desplazamos en un Hummer negro. El conductor está completamente oculto por un casco, máscara y gafas. Hasta sus colegas en la comisaría no saben quién es.

Sorprende en parte que sea una persona tan amable y elocuente.

Afirma que quiere ver un México más pacífico y seguro antes que se muera.

"Pero el problema está creciendo cada día", añade.

Le pregunto por qué. Su respuesta es rotunda: "Más gente necesita drogas".



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