Además de los muertos, se registran más de 300 heridos.
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La tierra se hizo agua, los pies se movían descoordinadamente, hacia arriba y hacia abajo. Se perdió toda lógica. Era casi la una y media de la tarde de un día fresco y soleado, cuando empezó a temblar. Yo, que estaba en la calle, miraba mi carro, que se movía como un barco.
Luego, el caos. De las casas y edificios, como ríos, salían las personas.
Los teléfonos colapsaron, todo intento de comunicarse, de tener noticias de seres queridos, quedó postergado; los semáforos sin luz, el tránsito enloqueció.
Un terremoto grado 6,2 en la escala de Richter sacudió, a las 13:22 del miércoles, la zona central de Costa Rica, donde están ubicadas cuatro de las siete capitales de provincias. El terremoto, producto de una falla local, fue sentido con gran fuerza en el Gran Área Metropolitana.
Mi casa está a solo unos pocos kilómetros de la zona más afectada, un área turística cercana al volcán Poás, al norte de la capital, entre Vara Blanca y La Cinchona.
En mi casa, cuando entré, encuentré vasos hechos añicos en el piso, libros caídos de los estantes, marcos de cuadros rotos.
Ha habido otros terremotos importantes en este país, que es de gran actividad sísmica, pero nunca había visto esos efectos en mi casa, ni siquiera en abril del 91, cuando un gran sismo afectó la zona del Caribe costarricense.
Turistas
Gran parte de la información aún es inexacta y hay zonas incomunicadas.
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De los hoteles de la zona cercana al epicentro empezaron a llegar este viernes los turistas traídos en helicópteros. Se estima que son entre 250 y 300 los que quedaron atrapados. Vienen del hotel La Cascada, en La Cinchona.
En general, en buen estado de salud, aunque una mujer tuvo que ser trasladada a un centro médico, afectada de hipotermia. Y todos están muy nerviosos, evitan a la prensa.
Desde anoche se están levantando campamentos, carpas improvisadas, en los hermosos campos de Fraijanes, unos 40 km al norte de la capital. Allí se alberga una cantidad todavía no precisada de gente.
Mujeres embarazadas, niños, pasaron frío en la noche, en esa zona de altura, donde la temperatura es siempre fresca y donde se pueden comer las mejores fresas producidas en el país.
Cifras incongruentes
El terremoto destrozó los hogares de familias que quedaron desplazadas.
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Tres niñas fallecieron en las cercanías del volcán Poás, pero la cifra podría aumentar. Hay varios desaparecidos en los alrededores de la laguna del lugar, donde carreteras y puentes yacen afectados por los derrumbes.
Organizados, los vecinos tratan de eliminar los deslizamientos de tierra, donde corren los rumores de que podría haber gente atrapada. Según la Cruz Roja, hay 42 personas desaparecidas. Pero, como todos, son datos todavía provisionales.
Este jueves las imágenes mostraban un par de autobuses caídos en barrancos profundos. No se veía movimiento alrededor y se suponía que, adentro estarían los cuerpos de los pasajeros muertos. Se hablaba de, por lo menos, trece. Pero no se ha podido llegar allí todavía.
Temor y preocupación
Los diferentes cuerpos de socorro del país están haciendo la valoración de los daños.
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En el centro de la ciudad, hay calles todavía cerradas a primeras horas de la mañana, ante el temor de que se desprendan pedazos de mampostería de los edificios. Muchos comercios seguían cerrados. Poca gente en las calles.
Hay preocupación por la situación en la planta hidroeléctrica de Cariblanco, que produce 80 megavatios y ahora quedó fuera de servicio.
El Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) evalúa la situación, pues el agua del embalse inundó la sala de máquinas. Hay también torres de transmisión afectadas y zonas aún sin energía eléctrica, cercanas al epicentro.
El gobierno decretó emergencia nacional y la Comisión Nacional de Emergencias (CNE) organiza las labores de atención a los afectados.
Los efectos
Los cuerpos de socorro recorren la zona, tratan de llegar a los lugares aislados, de trasladar los heridos a los hospitales y dar albergue a quienes perdieron sus viviendas. De abrir las vías cerradas. Pero la tarea es enorme.
Poco a poco el sobrevuelo de la zona permite vislumbrar los efectos del terremoto. Los cauces de los ríos se han transformado en profundas hondonadas que arrastran un agua achocolatada, llena de troncos, que desembocan en el río Sarapiquí, un importante atractivo turístico.
Las avalanchas arrastraron puentes y casas modestas. El país apenas empieza a salir del asombro del terremoto de ayer y a evaluar los daños y las pérdidas.
Por lo menos, las réplicas se han espaciado y perdido intensidad. Ya no hay que levantarse corriendo del asiento cada vez que la tierra tiembla, mientras se escribe una nota.