Los ciudadanos de menores ingresos reflejaron estar más satisfechos.
En América Latina, los ciudadanos de los países cuyas economías tuvieron un crecimiento más lento se muestran más satisfechos con sus vidas que aquellos que viven en naciones con mayores ingresos.
Así lo demuestra un estudio sobre la región realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Esta investigación, que contó con los resultados de la Encuesta Mundial Gallup, revela que en América Latina y el Caribe la riqueza y el acceso a los servicios públicos no son necesariamente los mejores indicadores para medir la satisfacción de sus ciudadanos.
Para las personas de la región que fueron consultadas sobre la forma en que perciben los aspectos clave en sus vidas como la educación, salud, vivienda o el empleo, el ingreso per cápita del país en que viven no es un factor determinante en su satisfacción.
Así, en Brasil, Argentina, Chile y Uruguay los niveles de satisfacción de vida son moderados en comparación con Guatemala, Colombia y Jamaica que tienen un ingreso per cápita menor.
"Curiosamente, las personas que viven en unos países más pobres son más optimistas", declaró el presidente del BID, Luis Alberto Moreno, quien considera además que "el crecimiento económico alienta el descontento en lugar de generar mayor felicidad, al menos a corto plazo".
Más rapidez, más expectativas
Este fenómeno puede deberse a las expectativas que una persona tiene de acuerdo al rendimiento económico del país donde vive, pues según el estudio, los cambios rápidos en la economía -y no sólo en los niveles de ingreso o consumo- afectan los niveles de satisfacción.
Al respecto, el economista Eduardo Lora advierte que "los gobiernos que concentran sus políticas únicamente en el crecimiento, están destinados a perder apoyo a largo plazo" si no responden a las altas expectativas sobre educación, salud y distribución de ingresos que trae consigo el buen estado de la economía.
Existen otros factores que influyen en la satisfacción de los ciudadanos que están fuera de las políticas públicas, como las relaciones familiares, las amistades o las creencias religiosas.
Esto no quiere decir que la acción gubernamental no tenga su cuota de responsabilidad en la felicidad de sus ciudadanos.
"Las conclusiones del estudio incrementan la urgencia de los gobiernos por mantener o incluso expandir programas como transferencias condicionadas, particularmente en aquellos países que están sufriendo un descenso marcado en las remesas de sus trabajadores migrantes", aclaró Moreno.
Una región satisfecha
En relación con el resto del mundo, el informe "Calidad de vida, más allá de los hechos" revela que en América Latina la percepción de las personas sobre educación y empleo pueden diferir de la realidad.
La mayoría de los habitantes de la región están satisfechos con la educación pública.
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Por ejemplo, la mayoría de los habitantes de la región están satisfechos con la educación pública, a pesar de que sus estudiantes obtienen bajos resultados en las pruebas internacionales de rendimiento escolar.
En Venezuela, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Honduras y República Dominicana mostraron niveles de satisfacción superior a Japón, a pesar de que los estudiantes nipones rindieron un 35% más.
En cuanto al empleo, el 81% de los latinoamericanos están más satisfechos que Japón y Corea del Sur, a pesar de que un cuarto de la población no gana lo suficiente para rebasar la línea de pobreza.
Si hablamos de nivel de vida, América Latina tienen un nivel de satisfacción más alto que otras regiones en el mundo, pues según los resultados del estudio están más contentos que Europa y Asia Central, pero no tanto como los estadounidenses, canadienses y los ciudadanos de la Unión Europea.
En una misma ciudad
La tendencia del informe se mantiene si se estudia el nivel de satisfacción entre habitantes de una misma ciudad.
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Un alto desempleo, impulsado por un lento crecimiento económico, puede alimentar el conflicto en las ciudades
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De esta forma, los ciudadanos de menores ingresos reflejaron estar más satisfechos en relación con la educación, la vivienda, el empleo y la salud que los que tienen mayor poder adquisitivo.
Según el BID, esto se debe a que los más pobres tienen menos aspiraciones.
Sin embargo, cuando se trata de inseguridad parece haber consenso entre los ciudadanos de todos los países de la región, pues el crimen es una de las mayores preocupaciones.
En total, 60% de los entrevistados -el porcentaje más alto en todas las regiones del mundo- no se sienten seguros de caminar a solas durante la noche.
"Un alto desempleo, impulsado por un lento crecimiento económico, puede alimentar el conflicto en las ciudades", advirtió el analista Lora.
Es en las urbes donde habita el 77% de la población de la región, un dato que Lora resalta para aconsejar que los gobiernos locales deben adoptar políticas que reduzcan la violencia y fortalezcan la seguridad pública.