Fanny tiene 10 años, y vive en una zona rural de Tegucigalpa, la capital de Honduras.
Cuando era pequeña trabajó haciendo tareas domésticas y agrarias. Ahora, a través de la Red Hondureña para el Desarrollo en Equidad de Género (Rehpadeg) -una ONG apoyada por la Organización Internacional del Trabajo- ya no trabaja, y asiste a la escuela.
Fanny le contó a BBC Mundo cómo cambió su vida:
Fanny, como millones de niños en el mundo, trabajaba en vez de ir a la escuela.
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Tenía 6 años cuando empecé a trabajar. Barría, trapeaba, fregaba. Vivo con mi mamá y mi abuela. Ellas también trabajaban. Mi mamá iba al ingenio (finca azucarera) o a cortar tomates.
Mi hermana de tres años la ayudaba a mi abuela a barrer en la casa. Y yo comía en casa ajena, porque mami no tenía bastante comida.
Trabajaba en casa de otras personas. Ayudaba a una doña a hacer todo. Ella me pagaba.
A mí no me trataban bien. Ella me dijo que yo tenía que trapear, fregar, esas cosas, y ella tenía que hacer la comida. Pero un día estaba fregando y ella me regañó porque no le di la comida, y ella era la encargada de eso.
Me pasaba mucho que me trataba mal. No me gustaba. Así que un día yo me salí y fui a ayudar a mami a cortar tomates y chiles.
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Mi mamá y mi abuela me ayudaban a leer con libros, a la noche
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Mientras trabajaba no iba a la escuela, pero a la noche mi mamá y mi abuela me enseñaban a leer con la ayuda libros que tenían en casa.
Un día vinieron los de Rehpadeg a la casa y nos preguntaron si nosotros trabajábamos. Y cuando les dijimos que sí, nos contaron de su proyecto, y ahí yo empecé a ir a la escuela. Tenía ocho años.
Yo me sentía feliz porque encontré una escuela donde me enseñaban todo. Fui pasando los grados, sacando buenas notas, y ahora estoy en tercer grado, gracias a Dios. Ya se leer. Estoy contenta.
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Cuando sea más grande quiero ser licenciada y profesora
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Ahora que ya no trabajo me siento bien, porque sólo estoy sentada y escuchando lo que la maestra está diciendo y cuando estaba trabajando no estaba sentada, y no descansaba.
Estoy feliz porque Dios nos puso a Rehpadeg enfrente para que nosotras no siguiéramos trabajando así.
Mi mamá sigue cortando tomates y chiles, pero yo me dedico a cuidar a mi hermanita, de dos añitos, y a ponerme a estudiar e ir a la escuela. De día mi hermanita se queda con mi abuela, porque mi mamá se va a trabajar a las cuatro de la mañana.
Mi hermana de 7 años también va conmigo a la escuela, está en primer grado.
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Algunos niños que conozco prefieren estar trabajando que ir a la escuela
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Yo me puse muy feliz cuando Rehpadeg me dijo que iba a platicar con usted porque entonces iba a poder expresar lo que yo sentía. Estoy muy agradecida por la ayuda que recibí.
Algunos niños que conozco prefieren estar trabajando que ir a la escuela, pero yo les digo que tengan interés en la escuela, porque yo prefiero ir a la escuela, y estar sentada prestando atención a lo que la maestra dice, a no estar cortando chile, porque eso cansa más.
Cuando sea más grande quiero ser licenciada y profesora. Mi mamá me dijo que puedo ser las dos cosas.
En el futuro, quiero enseñarle a otros niños lo que yo he aprendido de chiquita.

¿Y qué pasa en México? Véalo en el siguiente video