Ángel Bogarín es paraguayo y tiene 22 años. Cuando era pequeño debió trabajar en la calle para poder sobrevivir.
Con la ayuda de la fundación Dequení -una ONG paraguaya que asiste a niños y familias necesitadas- pudo formarse, y mejorar su calidad de vida.
En el Día Mundial Contra el Trabajo Infantil, Ángel compartió su historia con BBC Mundo:
Angel trabaja desde los 6 años.
|
Empecé a trabajar cuando tenía 6 años.
Originalmente mi familia era del campo. Teníamos cosecha, comida abundante. Para mí era como un paraíso. Pero cuando tenía cinco años vino una creciente y destruyó toda la cosecha. Perdimos todos los animales, nos quedamos sin nada.
Un mes después murió mi hermano mayor, que era el que nos cuidaba y nos sustentaba. Entonces mi papá se quedó con mi hermano menor y mi mamá se fue con mis dos hermanos mayores. Yo me fui a vivir al campo con una tía.
De los seis a los ocho años trabajé en el campo. Me levantaba a las cuatro de la mañana, cuidaba de las vacas, las alimentaba y las llevaba hasta el corral. Después iba a la escuela, y a la vuelta buscaba leña, siempre trabajaba.
Cuando tenía ocho, mi mamá volvió y me llevó con ella a vivir a Asunción. Ahí mi hermano mayor, que tenía once años, me dijo: "tenemos que trabajar.
 |
Cuando tenía ocho, mi mamá me llevó a vivir a Asunción. Ahí mi hermano mayor, que tenía once años, me dijo: "tenemos que trabajar"
|
A la mañana vendíamos panchos (perros calientes) y a la noche cuidábamos autos por el centro, en una plaza frente a la catedral.
Me acuerdo que había algunas chicas mayores que también cuidaban autos. En mi primer día una chica me dijo que yo estaba sacándole su puesto y me tiró un vidrio, que me rompió la frente. Es lo primero que recuerdo. También a veces un auto me pisaba el pie. Por momentos me sentía maltratado y rechazado por los conductores.
Pero después ya me parecía más una aventura. No pasaba hambre pero sí sentía la falta de mi hermano mayor y de mi padre.
Mi mamá tampoco estaba mucho en casa, porque trabajaba como empleada doméstica. Mi hermano y yo vivíamos con nuestra madre y teníamos un padrastro.
 |
Cuando cumplí diez años ya me cansé de trabajar tanto
|
Mi padre vivía lejos, pero sabía de nuestras vidas. Él venía a visitarnos de vez en cuando y trataba de mantener a mi hermano menor. Siempre me prometía que iba a conseguir una casa e íbamos a estar todos juntos otra vez.
Cuando cumplí diez años ya me cansé de trabajar tanto. Lustraba botas por la ciudad y además seguía yendo a la escuela. Fue por esa época que mi mamá y mi padrastro estaban buscando un segundo carrito para los panchos, y les dijeron que había una fundación (Dequeni) que los podía ayudar.
Fuimos y nos explicaron que no daban carritos de panchos, pero sí ayudaban a los niños con útiles y pagando la escolaridad. Además te alimentaban y te cuidaban.
Eso cambió mi vida. Encontré un lugar donde me podía sentir más aceptado. Las profesoras de la fundación me aconsejaban, me alentaban y sobre todo me daban amor.
Como ellos trabajan con niños en edad de primaria, cuando pasé al secundario ya no me podían cubrir los estudios y los útiles. Después de eso me quedé en la fundación para ayudar a las profesoras, como un voluntario.
 |
(La fundación) cambió mi vida. Encontré un lugar donde me podía sentir más aceptado
|
A los 18 años gané una beca a través de la fundación y la AFS (una ONG que se dedica a intercambios culturales), y me fui a Jamaica por un año.
Cuando volví estuve desempleado un año hasta que conseguí trabajo vendiendo seguros médicos. Ahora trabajo por cuenta propia, soy revendedor de cosméticos.
También estoy trabajando con la iglesia para crear una fundación para ayudar a niños que trabajan. Me encantaría trabajar en contra del trabajo infantil, y especialmente en concientizar a los padres a que puedan amar a sus hijos y cuidarlos. Eso es para mí el trabajo más grande que se puede hacer.

¿Y qué pasa en México? Véalo en el siguiente video