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Miércoles, 14 de mayo de 2008 - 14:44 GMT
Día 7: Santarém, un puerto de dos caras
Valeria Perasso
Valeria Perasso
Enviada especial al Amazonas

Las barcazas celestes y blancas se alinean en el puerto de Santarém, con ropas lavadas secándose en los techos y hamacas en las cubiertas para dormir a bordo. Detrás, el paisaje del río Amazonas, que aquí se encuentra con el Tapajós, se ve interrumpido por una gigantesca estructura de hierro naranja que avanza sobre el agua.

Puerto de Santarém

El puerto de Santarém tiene dos caras. Una, con el espíritu de otras ciudades amazónicas que cruzamos en nuestra travesía. La otra, es toda una novedad en la región, y tiene dueño: Cargill.

Esta multinacional, la mayor en el negocio mundial de granos, instaló aquí una terminal fluvial para dar salida a la soja hacia el exterior.

Es un puerto privado al que sólo se entra con permiso, y alberga un silo gigante capaz de almacenar 60 mil toneladas de granos. Desde aquí, la compañía exporta la soja que compra a productores locales rumbo a los mercados europeos. Desde que comenzó a operar, en 2003, 5 millones de toneladas se despacharon desde sus muelles.

Sobre el techo del galpón, alguna vez estuvo dibujado el logotipo de la compañía, que ahora está cubierto con una pintura blanca desprolija. Cargill quiso que su puerto, que parece observar la ciudad altivo desde el otro lado de las aguas, pasara desapercibido.

Polémica ecológica

Lejos estuvo de lograrlo. La llegada de la empresa a la ciudad generó toda clase de enfrentamientos, desde cruces entre las autoridades locales y las federales hasta campañas de alto impacto de organizaciones como Greenpeace.

Puerto de Cargill

Por un lado, las voces preocupadas por el ecosistema reclamaron que el permiso de operación fue asignado sin un estudio de impacto ambiental exhaustivo.

Otros, se decepcionaron ante la promesa de nuevos puestos de trabajo, porque la compañía emplea básicamente a expertos traídos de otras partes.

Pero la presencia de Cargill en esta ciudad, la cuarta del Amazonas brasileño con sus 130 mil habitantes, da testimonio del boom de la soja. Aquí, y fundamentalmente en el vecino estado de Mato Grosso: la salida por Santarém es la opción que encontró la empresa para recortar costos de transporte.

Hoy, la multinacional tiene capacidad de descargar unas 30 mil toneladas al día, y ha acordado respetar la llamada "moratoria de la soja", por la que se compromete a no comprar la cosecha de terrenos recientemente deforestados.

"Nosotros estamos aprovechando que esta empresa está aquí para producir soja. Es importante para nuestro campo, porque ayuda al proceso de rotación de cultivos", argumenta Joao Clovis Lisboa, presidente del Sindicato de Productores Rurales.

Soja

Pero, además, la asistencia económica que reciben los productores comerciales juega un papel fundamental: Cargill ofrece financiamiento a quienes deciden plantar soja. No así a los que se dedican al arroz o al maíz, tradicionalmente importantes en la región.

Según Lisboa, las hectáreas abiertas para la agricultura son tantas que todavía queda mucho terreno para expandir los cultivos, "sin derribar ni un sólo árbol", y la presión por aumentar los volúmenes de producción no tiene por qué poner en riesgo a la selva.

Batalla radiofónica

Desde el micrófono de Radio Rural, Edilberto Moura Sena libra su propia batalla, a punta de debates y columnas editoriales, contra el que él mismo llama "el monstruo del río Tapajós".

Este sacerdote católico - que ha sido amenazado de muerte y dice tener por gurúes a "Jesús, Gandhi y el Che"-, lidera el Frente de Defensa del Amazonas, un movimiento que se opone a la instalación del puerto y a la llegada de grandes empresas dedicadas al negocio de la soja.

"Este fenómeno obliga a los agricultores a plantar sólo para exportar. La soja no es un grano de esta región, no puede ser buena para el ecosistema, y no está produciéndose para satisfacer una demanda nuestra, de los brasileños", expresa, enfático.

Estudio de radio

Pero lo suyo no es sólo un ataque a la lógica de una gran corporación: según dice, la llegada de grandes productores presionó a la gente de Santarém para vender sus tierras y dejó a muchos sin medios de subsistencia.

La soja y la selva son también el disparador de un problema social.

En Cargill, aseguran que así como muchos atacan a la firma, otros la recibieron de buen grado. Por la calle, le preguntamos a los lugareños qué opinan del "monstruo naranja" que emerge frente a la costa: para muchos, los silos son señal de progreso. Otros, encogen los hombros y dicen que les da lo mismo.

En el depósito de madera

En la avenida que corre junto al puerto, descubrimos un galpón atiborrado de madera.

Aquí funciona la oficina de Ibama, el organismo federal para el medio ambiente, encargado de monitorear la salud de la selva. Aquí almacenan toneladas de madera incautadas por tala ilegal.

Aunque la situación mejoró en los últimos años, la cantidad de troncos, vigas y listones habla de una degradación de bosque de escala monumental: 80 mil hectáreas se perdieron sólo en esta zona entre 1999 y 2004, según un estudio que nos muestran. Lo que equivale a la superficie de 160 mil estadios de fútbol.

Tala ilegal

Pero, ¿cómo se hace la estimación? Usan sofisticada tecnología satelital para seguir de cerca las modificaciones en el manto verde, por la que se obtienen imágenes de alta resolución de porciones muy pequeñas de la selva. Así, dicen, pueden detectar la tala "árbol por árbol".

Brasil tiene, asimismo, legislación vigente que impide a los dueños de la tierra tirar más de un 20 por ciento de los árboles de su propiedad, y en las zonas más damnificadas hay en este momento normas de "tala cero".

Pero, como ya hemos escuchado en este viaje de boca de varios críticos, los controles reales están lejos de ser rigurosos, y los delincuentes encuentran con frecuencia atajos para burlar la ley (sea por la falta de penas adecuadas para los delitos, o por sobornos y mera corrupción).

"La gente no tala porque le gusta, sino por buscar una alternativa económica. Los controles y las multas están bien, pero aún más importante es crear el concepto de explotación sustentable en todos los sectores de la sociedad", dice Daniel Cuenca, gerente de Ibama en Santarém.

Atrás, pilas de madera en lotes numerados, grandes troncos, y una montaña de motosierras incautadas a los infractores esperan ser subastadas, pasado mañana.


Gracias a todos los lectores por los mensajes que le han ido enviando a Valeria Perasso a lo largo de su recorrido por el Amazonas. En la próxima y última entrega de su foto-diario, Valeria contestará algunas de las preguntas y comentarios que ustedes plantearon.



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