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Martes, 13 de mayo de 2008 - 13:55 GMT
Día 6: Los dólares de la soja
Valeria Perasso
Valeria Perasso
Enviada especial al Amazonas

Bajo el sol furioso, las plantaciones se extienden por kilómetros. Son campos enteros con hileras infinitas de plantas brillantes. La soja, "oro verde" de la región.

Campo de soja
La soja y el ganado son las principales causas de la deforestación.

Es un paisaje que podría ser el de las zonas rurales de Paraguay o Argentina, salvo porque, en el horizonte, se descubren aquí y allá "islotes" de selva amazónica.

Dejamos atrás el río para viajar por caminos de tierra colorada hacia el centro-este del Amazonas brasileño. El paisaje nos confirma que estamos en una de las zonas de producción agrícola que mayores dividendos genera para el país.

Junto con la ganadería, el cultivo de soja es la principal causa de deforestación del Amazonas.

¿Cómo decirle a los productores que planten arroz o sorgo, si el rendimiento por hectárea es la mitad del que obtienen con la soja?
Benito Guerrero
El área cubierta por plantaciones se ha quintuplicado desde 1985, hasta alcanzar 6 millones de hectáreas en 2007, lo que ha permitido a Brasil convertirse en el primer exportador de este grano en el mundo.

Con un mercado ávido, sobre todo en Europa y China, la soja ofrece a los productores rentabilidad asegurada.

Claro que, para abrir espacio para los cultivos, hace falta talar. Un estudio de Imazon, un centro de investigaciones de esta región, dejó al descubierto que las variaciones en las tasas de deforestación estuvieron, durante los últimos doce años, directamente ligadas a los precios de la soja en los mercados internacionales.

El dilema medioambiental aquí se tiñe de color dólar.

"¿Cómo decirle a los productores que planten arroz o sorgo, si el rendimiento por hectárea es la mitad del que obtienen con la soja?", se pregunta Benito Guerrero, un nicaragüense que trabaja en concientización de los dueños de la tierra.

Mato Grosso

El problema en esta región, que se hace aún más agudo en el estado de Mato Grosso, es que la soja empuja a la selva.

Plantación de soja en Belterra

Un buen reflejo de las realidades económicas que dejan la sustentabilidad en segundo plano son las declaraciones recientes del gobernador de ese distrito, Blairo Maggi.

El "rey de la soja", como lo llaman, sugirió que es necesario despejar más hectáreas en el Amazonas para aumentar los cultivos, y así ayudar a paliar la crisis mundial de los alimentos.

Lo cierto es que estos terrenos han visto el paso implacable de tractores y arados desde hace ya mucho tiempo. Incluso, los manchones de árboles que interrumpen las plantaciones no son ya parte de la llamada "selva primaria" u original, sino que han sido modificados por la acción del hombre.

"La soja está aquí, no se puede evitar. No tenemos que verla como el villano de la selva, sino como una forma de alteración del ecosistema nativo que debe ser regulada", dice Guerrero.

Responsabilidad con la tierra

Él es la cara visible del proyecto Soja Responsable, una iniciativa de la organización no gubernamental The Nature Conservancy, que intenta regularizar la situación de los productores y recibe para ello financiamiento del Reino Unido.

"Soja Responsable"

Según el Código Florestal brasileño, los dueños de la tierra están obligados a conservar intacto un 80 por ciento de éstas, y dedicar el 20 por ciento restante a la explotación. Pero pocos lo cumplen.

"Lo que buscamos es que, pese al crecimiento de la demanda de los granos, los ecosistemas que quedan en pie sigan siendo funcionales, aunque estén modificados", agrega el experto.

En tres años de trabajo, sumaron cerca de 200 productores - y sus respectivas 120 mil hectáreas- al plan de concientización.

Nuevos Horizontes

La familia de Pío Stefanelo arribó a Brasil en los años setenta, en busca de las tierras para la agricultura que ya escaseaban en su Italia natal.

Este productor nos recibe en su fazenda, ubicada en la localidad de Belterra, vestido con una camisa impecable que desafía el calor agobiante. En su terreno de mil hectáreas, se produce soja y arroz, tiene unas 400 cabezas de ganado y madera para vender.

Pío Stefanelo

Como muchos otros empresarios sojeros, compró tierra abierta que había sido utilizada antes para otros cultivos. La suya había sido una plantación de caucho, ya abandonada, que consiguió a muy bajo precio.

"Fue muy difícil comenzar a producir, porque la tierra estaba muy degradada. Ya no había árboles, nosotros no tuvimos que talar para cultivar", asegura a BBC Mundo.

Sabe que los productores como él no gozan de buena reputación en los círculos ambientalistas. Sin embargo, se dice consciente de los cambios de los tiempos.

"Hay que concentrar la producción de alimentos en las zonas ya deforestadas y trabajar, sí, para conservar lo que queda. Pero no tiene sentido lamentarse", dice.

"Lucha con sangre"

Para María Ivete Bastos, la resignación no es una opción de vida. Esta activista y representante de las comunidades tradicionales del Amazonas, alza la voz ante el avance de la soja: reclama que no sólo está diezmando el ecosistema, sino también destruyendo prácticas de producción ancestrales.

"Luchamos contra los grandes productores de soja porque, en nombre de un desarrollo económico para unos pocos, están desintegrando grupos sociales asentados, con su cultura propia y sus medios de subsistencia", dice.

Esta mujer, de 41 años, hace dos dejó atrás su comunidad para mudarse a Santarém y ocupar la jefatura del sindicato local de trabajadores rurales. Desde entonces, vive con un policía estatal que la sigue a sol y a sombra, porque su nombre está en la tristemente célebre "lista de la muerte" del estado de Pará.

María Ivete Bastos

Las múltiples amenazas que ha sufrido provendrían, según especula, de los hacendados con los que su sindicato libra una lucha abierta.

"No sabíamos del impacto que podía tener la soja en nuestra vidas. La soja no es de aquí, llegó por conveniencia económica, y todo cambió desde entonces", lamenta.

Dice que hay unas 70 comunidades dispersas por la zona, que se sienten acorraladas por empresarios ávidos de comprarles las tierras por poco dinero, o incluso -según denuncia- de expulsarlos con métodos violentos, para dejar paso a la agricultura comercial.

Con el legendario líder sindical Chico Mendes como inspiración, Ivete es abanderada de la reforma agraria entre los suyos, y entre sus logros cuenta el haber podido lograr el establecimiento de dos reservas, cerca del río Tapajós.

Nos explica que, al recibir legalmente la tenencia colectiva de esas tierras, sus habitantes no pueden ser expulsados. Le preguntamos si no tiene miedo, si no está cansada... Responde con una sonrisa suave: "Ésta es una lucha con sangre, pero yo estoy preparada para todo. El Amazonas, y mi gente, lo valen".

En los próximos días Valeria Perasso seguirá mandando sus fotos e impresiones desde el barco en el que viaja por el Amazonas.


Gracias a todos los lectores por los mensajes que le han ido enviando a Valeria Perasso a lo largo de su recorrido por el Amazonas. En la octava y última entrega de su foto-diario, Valeria contestará algunas de las preguntas y comentarios que ustedes plantearon.


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