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Lunes, 12 de mayo de 2008 - 17:40 GMT
Día 5: Convivir con el agua
Valeria Perasso
Valeria Perasso
Enviada especial al Amazonas

Casa en el Amazonas
Debido a las inundaciones las casas se construyen sobre pilastras.

Cada día, el río Amazonas descarga en el océano litros de agua suficientes para abastecer a una ciudad como Nueva York... por diez años.

La fuerza de este curso se hace sentir sobre el casco de nuestro barco cuando cruzamos la frontera entre el estado de Amazonas y su vecino oriental, Pará.

Una región que está en la mira de los ambientalistas: éste es uno de los estados, de los nueve que albergan la selva, con mayor índice de deforestación. Según un estudio del gobierno brasileño, difundido el pasado enero, Pará es culpable del 17,8 por ciento de la pérdida de vegetación.

El distrito ya empezó a tomar cartas en el asunto. Hace unos días, la gobernadora estatal se reunió en Londres con el príncipe Carlos para darle estatus internacional a su causa, y buscar financiamiento para programas de subsidios similares al "Bolsa Floresta", que funciona en el estado de Amazonas.

Mientras, a nivel nacional, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva promueve el Plan Amazonia Sustentable, anunciado el viernes pasado, que agrega tres millones de héctareas de selva a la zona bajo protección oficial. Según el mandatario, los beneficiarios del programa serán los habitantes del bosque.

Aguas sin límite

Muchos aquí se muestran escépticos.

Para llegar a la casa de Pedro Oliveira Marim hay que adentrarse por entre palmeras, bananos y arbustos, en bote o en canoa.

La intensa temporada de lluvia lo obliga, desde hace años, a aprender a convivir con la inundación. Algunas de las cabañas de esta pequeña comunidad, construidas sobre pilastres, han perdido la batalla, y el agua invade salones, terrazas y habitaciones.

Las inundaciones son, otra vez, la venganza feroz del río tras el daño ambiental que lo aqueja.
Las crecidas son cada vez peores, antes no era así... y eso empuja a las poblaciones tierra adentro. Vivimos atrapados por el agua

"Nadie se quiere ir, porque estamos acostumbrados. Lo lamentable es que no tengamos aquí a nuestras autoridades", dice Oliveira Marim, un pescador que habita en este asentamiento a la vera del río desde hace tres décadas.

Durante los meses de la estación seca, las aguas del Amazonas cubren unos 110 mil kilómetros cuadrados. En la época de lluvias, de noviembre a mayo, esta superficie se triplica. Y particularmente este año los lugareños se quejan de que las tormentas no han dado tregua.

"Las crecidas son cada vez peores, antes no era así... y eso empuja a las poblaciones tierra adentro. Vivimos atrapados por el agua", dice el hombre, mientras sus gallinas caminan sobre alambrados sumergidos, y su perro hace equilibio entre tablones sobre las zonas anegadas.

La pesca

También se hace dura su labor: las fuertes corrientes provocan una disminución en la población de peces que llegan aquí, de los que él necesita para comer y vender. Su hijo Pablo lo ayuda en la tarea.
La pesca se ha visto afectada

"Hay menos pescado, pero precisamente por eso el precio sube en las ciudades, así que no me quejo... 50 kilos ahora me dan una ganancia equivalente a unos 200 kilos en épocas normales", compara.

Parte del ecosistema, dice, se vio dañado asimismo por los búfalos traidos por grandes ganaderos de la cercana ciudad de Santarém.

Implantados en esta zona para la cría, estos animales, de naturaleza salvaje y adaptables a todo terreno, no sólo comieron todo lo que encontraron a su paso sino que, además, abrieron surcos en la tierra que luego facilitaron la entrada de las aguas.

Su comunidad se alió con el fin de presionar a los empresarios para que retiraran el ganado, y lo logró. Ahora, otros grupos de los alrededores de Santarém se proponen librar igual batalla contra el búfalo dañino.

En tanto, este caboclo, habita por derecho de uso una tierra que nunca compró.

El terreno lo heredó su esposa, después de que su padre lo dividiera entre todos los hermanos. Ellos viven aún en las casas cercanas, comunicadas por muelles o por cortos trayectos de canoa cuando el agua está alta.

"La tierra nunca se regularizó. Tenemos un recibo en la comunidad por el valor de compra venta, pero documentos oficiales, no", explica, mientras señala el frente imaginario de su propiedad, de unos 25 metros de ancho sobre el río.

El problema de la tierra

¿Cuánto mide de largo? No lo sabe. Nos dice que en esta zona a nadie le importa mucho hasta dónde llega el terreno tierra adentro.

Entre las medidas de protección ambiental anunciadas por el gobierno brasileño en diciembre de 2007, se contaba la de establecer un sistema de registro de tierras. Según las autoridades, esto permitiría identificar a aquellos que ejercen una acción predatoria sobre el ecosistema. Pero el programa no ha tocado esta región pérdida entre las aguas.

"El gobierno, por acá no vino", repite Oliveira con énfasis a BBC Mundo.

Médicos a bordo

Río abajo, otras comunidades sí reciben visitas: la de los voluntarios del proyecto "Saúde e Alegria". Nos encontramos con ellos en la cubierta de su barco-hospital, con el que navegan por el tributario río Tapajós.

De atención prenatal a odontología, cubren las necesidades de salud en consultorios relucientes y bien equipados.

Pero, además, se ocupan de dar instrucción para el aprovechamiento sustentable del medio. Educación ambiental a bordo.

Personajes de la comunidad

"Desde hace 20 años, soy un payaso ecológico", expresa Paulo Roberto Spósito, que es además abogado, fue profesor y productor de festivales de rock. Ahora, es simplemente Magnolio, como lo conocen todos.

Esta organización no gubernamental, financiada con fondos internacionales, lleva adelante el proyecto desde 1987, en unas 73 comunidades que visitan bimestralmente.

"Los pobladores sufren empobrecimiento porque no saben aprovechar sus potencialidades", opina.

Promovieron, por ejemplo, el programa "Un filtro por casa", para reducir las enfermedades transmitidas por el agua. Trabajan también en la sistematización de recetas medicinales tradicionales, basadas en plantas de la selva, para su uso en tratamientos.

De eso se trata, dice, de dejar que la gente escriba su propia historia. "Garantizar la supervivencia de la selva mediante el uso medido y sostenible es, a la vez, garantizar el derecho de los pobladores a una buena calidad de vida", concluye.

Para despedirnos, Magnolio, el eco-payaso amazónico, nos canta con su voz ronca y gastada, como lo hizo ayer ante unas 1200 personas en Santarém, que fueron a escuchar su mensaje en favor de la selva.


Gracias a todos los lectores por los mensajes que le han ido enviando a Valeria Perasso a lo largo de su recorrido por el Amazonas. En la octava y última entrega de su foto-diario, Valeria contestará algunas de las preguntas y comentarios que ustedes plantearon.


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