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Sábado, 10 de mayo de 2008 - 15:29 GMT
Día 3: Los rostros de Uatumã

Valeria Perasso
Valeria Perasso
Enviada especial al Amazonas

La reserva de São Sebastião de Uatumã es una de las 34 bajo protección estatal en la región del Amazonas.


El río ancho comienza a multiplicarse en brazos y riachos con vegetación baja, y en las orillas se divisan casetas aisladas o pequeñas comunidades de aquellos que hacen de la selva su hogar, y su medio de subsistencia.

Es fácil adivinar cuando nos acercamos a alguna, porque el terreno que rodea estos asentamientos muestra la huella inequívoca del hombre.

Los árboles fueron talados, en las laderas que se arrastran hasta el río hay surcos de arado, y un poco más arriba, corrales con aves y ganado vacuno. Por ahora... ¡estos son los únicos animales que divisamos!

A Marco Tulio y Juan Carlos Astocaza, dos de los lectores de BBC Mundo que escribieron intrigados por la fauna selvática, prometo contarles en cuanto veamos algún ejemplar más exótico.

Según el capitán del barco, los animales de la selva se ven poco, con excepción, claro, de los delfines de río, los incansables mosquitos, y los muchos insectos que soy incapaz de clasificar.

Para subsistir

Para llegar a la casa de Ozmar Bruno Vieira, hay que desviarse del río Uatumã y llegar hasta un muelle precario, para luego trepar por una pendiente cubierta de listones.

Los pobladores saben lo que les enseña la selva.

Él nació en la zona, y se casó con Jucirene, oriunda de un poblado cercano. Viven aquí desde 2001 con sus cuatro hijos, aunque, en ocasiones, si la estación seca se alarga ella se muda temporalmente a la ciudad para ganarse el sustento.

Su modo de vida es el que abrazan la mayoría de los pobladores de esta zona: con una economía de subsistencia, plantan para comer, talan para construir, y venden lo que les sobra para conseguir bienes que no tienen capacidad de generar. A veces, lo logran.

Viven sin luz ni TV, claro, que era lo que quería saber el lector Julio César Cisne-Ponce. Saben lo que les enseña la selva, sus hijos van a la escuela por épocas, y ellos dicen que prefieren vivir aquí porque la ciudad les "da miedo".

"Sabemos que está prohibido tirar árboles, pero sólo lo hacemos para construir la casa, y los botes. No vendemos madera a otros", dice Ozmar.

Le preguntamos si, como parte de los programas ambientales del estado para las reservas, alguien le explicó las razones por las que es indispensable moderar la tala.

"No, no sé por qué no hay que talar... si es lo que toda la vida han hecho mis padres y mis abuelos", nos dice.

Talar para criar

Alrededor de la casa de Elías dos Santos Souza, pastan unos cebúes flacos, mordisqueando arbustos en el páramo que está junto al río.

Souza vive en la orilla, en una cabaña de madera gastada por las lluvias amazónicas.

Una de las mayores amenazas: la tala para la cría de ganado

Tiene 43 años, 12 hijos, y suficiente actividad para garantizar la subsistencia se su familia. Su día se va cuidando unas 20 vacas, y cosechando piña y cajú para vender.

La porción de tierra en la que está instalado muestra, en pequeña escala, una de las mayores amenazas para la supervivencia de la selva: la tala para la cría de ganado.

Según las estadísticas, ésta es la principal causa de deforestación, responsable del 70 por ciento de árboles perdidos.

La técnica de queimada, utilizada principalmente por los pequeños productores, también es un problema grave.

Consiste, básicamente, en la tala de la madera valiosa en un terreno, para luego proceder a quemar el resto de la vegetación, con el fin de despejar el predio para los animales de cría.

La región del Amazonas brasileño contiene unas 55 millones de cabezas de ganado, el doble de las que había hace dos décadas.

Elías y su familia apenas ganan para vivir y nadie puede juzgarlos responsables de la pérdida de árboles, pero su historia muestra, otra vez, la tensión permanente entre desarrollo y preservación en el Amazonas.

Subsidio mensual

Santa Lucía de Jacarequara es una comunidad de 14 familias. Cuentan 32 niños en la precaria escuela, pero son muchos más los que nos vienen a recibir al muelle y posan, entre risas tímidas, para la cámara de mi colega del servicio chino, Ping Shum.

La harina de mandioca garantiza los ingresos de la comunidad.

Bajo un techo de paja, hombres y mujeres comparten la actividad que garantiza los ingresos de la comunidad: la elaboración de farofa o harina de mandioca.

En realidad, se trata de una variedad propia de esta zona, llamada farofa salvaje o tucupí, porque el bulbo tiene un veneno que debe ser extraído antes de su consumo.

Aquí, la lavan con cuidado, la muelen (con ayuda de un motor que también usan para sus botes), luego la prensan, tamizan y cocinan. Junto con el pescado, el producto procesado lo venden en las ciudades río abajo.

Este lugar es, además, uno de los primeros beneficiarios de un programa del gobierno para la protección del hábitat.

El llamado "Bolsa Floresta" entró en vigor en septiembre de 2007 en el estado brasileño de Amazonas, con una intención: dar valor a los "servicios ambientales" que presta la selva.

Niños en la comunidad de Santa Lucía de Jacarequara.

En la práctica, la propuesta es sencilla: entregar un subsidio mensual a las familias de las reservas para que éstas se conviertan en custodios del bosque.

Son unos 50 reales (US$ 30), que comprometen a las familias a talar sólo de acuerdo con las normas establecidas por expertos.

Edivaldo Correa Pinto, uno de los líderes comunitarios, nos cuenta que la vida en el pueblo mejoró tras el plan, aunque no todos los grupos familiares reciben el pago "porque no llevaron los documentos".

"Bolsa Floresta" es una de las iniciativas modelo del estado, y sus creadores esperan expandirla a otras zonas del Amazonas aún más afectadas por la deforestación.

Pero el programa no está exento de críticas: algunos lo consideran paternalista y otros reclaman que debería alcanzar a más familias (según el coordinador del plan, Virgilio Viana, hoy son unas 2000).

Las comunidades aborígenes, por su parte, insisten en que no fueron tomadas en cuenta en su definición, y otras voces aseguran que es imposible controlar su cumplimiento.

En respuesta a la pregunta de Alex, un lector de BBC Mundo que escribió desde Panamá, muchos señalan que, en realidad, Brasil tiene normas estrictas contra los atentados al medio ambiente - al menos, sobre papel. En la práctica, todavía queda asegurar que la ley se cumpla.

En los próximos días Valeria Perasso seguirá mandando sus fotos e impresiones desde el barco en el que viaja por el Amazonas.


Gracias a todos los lectores por los mensajes que le han ido enviando a Valeria Perasso a lo largo de su recorrido por el Amazonas. En la octava y última entrega de su foto-diario, Valeria contestará algunas de las preguntas y comentarios que ustedes plantearon.


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