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Jueves, 8 de mayo de 2008 - 17:38 GMT
Día 1 en el Amazonas: Manaos

Valeria Perasso
Valeria Perasso
Manaos, Brasil

Manaos se esconde bajo una nube espesa. El avión está iniciando el descenso, y todo indica que la ciudad nos aguarda allí abajo.

Imposible adivinarlo, sobre una masa blanca que parece impenetrable. Sólo unos minutos después, se nos revela. No la ciudad... sino la selva.

El Amazonas inabarcable llega más allá de donde alcanza la vista. Es una sábana uniforme de verdes y negros, de lenguas de tierra que parecen perder la batalla frente al avance del agua, distribuida en decenas de ríos tributarios del "gran río", el más caudaloso del mundo.

Capital de selva


Manaos, capital del estado brasileño de Amazonas, está enclavada en la selva.

Se asoma tímida, con sus casas de cemento de colores y sus edificios descascarados que dan testimonio de una época de prosperidad económica acabada.

Ubicada sobre el Río Negro, cerca de su confluencia con el río Solimões, es el principal puerto de la región, y la puerta de acceso para quienes visitan la mayor reserva verde tropical del planeta.

En Manaos no hay estación seca. "Este año, el invierno se hizo largo y no acaba", dice una mujer que vive en la ciudad desde hace cuatro décadas. El termómetro marca 32 grados, y la humedad empaña los cristales de gafas y relojes.

Su pasado

Vista de Manaos.

Esta ciudad fue el centro de la floreciente industria del caucho, a comienzos del siglo XX. Con el desarrollo de alternativas sintéticas al látex, la economía de Manaos declinó notoriamente, y sus calles no saben guardar el secreto. Caóticas y congestionadas, las transitan 2 millones de habitantes.

En las últimas décadas, el gobierno de Brasil estableció aquí una zona franca, con incentivos fiscales y medidas de fomento de inversiones, que han convertido los alrededores de la ciudad en un polo industrial.

Teatro Amazonas

Uno de los signos de glorias pasadas es el Teatro Amazonas. De estilo neoclásico, aunque con una cúpula de mosaico "robada" a la arquitectura del norte brasileño, esta sala de ópera fue levantada en 1896, para celebrar la prosperidad de los "barones del caucho".
Frente al Teatro Amazonas, en la plaza principal de Manaos.

Su inauguración demoró 15 años, mientras los constructores esperaban la llegada de mármoles de canteras italianas, vidrios franceses, candelabros de cristal y herrería artesanal. Así aparece retratado en el film "Fitzcarraldo", del alemán Werner Herzog, que cuenta la historia de un hombre decidido a erigir un teatro, justamente en la selva.

Hoy, la sala alberga el renovado Festival Amazonas de Ópera, que busca conseguir para Manaos un lugar destacado en el mapa cultural del país.

Para muchos locales, sin embargo, el edificio es sólo telón de fondo de la apacible tarde que transcurre alrededor del la plaza principal.

En los próximos días Valeria Perasso seguirá mandando sus fotos e impresiones desde el barco en el que viaja por el Amazonas.


Gracias a todos los lectores por los mensajes que le han ido enviando a Valeria Perasso a lo largo de su recorrido por el Amazonas. En la octava y última entrega de su foto-diario, Valeria contestará algunas de las preguntas y comentarios que ustedes plantearon.


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