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Jueves, 1 de mayo de 2008 - 08:43 GMT
El Vaticano y el dilema de Fernando Lugo
Fernán González
Fernán González
BBC Mundo

Fernando Lugo (der.) toma la comunión

La elección de Fernando Lugo a la presidencia de Paraguay ha colocado a las máximas autoridades de la Iglesia Católica en una situación sin precedentes: es la primera vez que un obispo, aunque jubilado y suspendido de sus funciones de sacerdote por participar en política, llega a la más alta magistratura de un país.

Según el código de derecho canónico, la ley que gobierna la Iglesia, la ordenación de Lugo como obispo no puede ser anulada.

 El dilema del Vaticano

Es tal la complejidad del caso y su dimensión política y diplomática, que el Vaticano no se ha pronunciado todavía sobre el estatus del presidente electo.

La ley canónica no prevé la salida de un obispo, se presenta una situación nueva. Los especialistas (del Vaticano) estudian el tema para encontrar una solución lo más aceptable posible para la Santa Sede
Roque Acosta, Conferencia Episcopal Paraguaya

El caso de Lugo es objeto de estudio, según le dijo a BBC Mundo el portavoz de la Conferencia Episcopal Paraguaya, Roque Acosta.

"La ley canónica no prevé la salida de un obispo, se presenta una situación nueva. Los especialistas (del Vaticano) estudian el tema para encontrar una solución lo más aceptable posible para la Santa Sede", afirmó Acosta.

Teología de la Liberación

Tras ordenarse como sacerdote en 1977, Lugo fue enviado como misionero a Ecuador, donde se puso en contacto con la Teología de la Liberación, que vincula el cristianismo con activismo político a favor de los pobres y oprimidos.

Fernando Lugo
Lugo pidió perdón a la Iglesia por su decisión de postularse a la presidencia.

A esta escuela teológica, que alcanzó numerosos adeptos en América Latina, se opusieron enérgicamente el papa Juan Pablo II y el actual pontífice, Benedicto XVI, quien como cardenal Joseph Ratzinger era entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Su tratamiento de los prelados y sacerdotes que abrazaron esta corriente teológica le ganó en parte su reputación de inflexible guardián del dogma católico.

Tras regresar a Paraguay, Lugo fue nombrado obispo de la diócesis de San Pedro en 1994.

Durante su labor pastoral en ese departamento, considerado el más pobre del país, se destacó por su obra en beneficio de los más necesitados.

Las responsabilidades de Lugo como obispo de San Pedro terminaron oficialmente en 2004, cuando el papa Juan Pablo II ordenó su jubilación.

Sin embargo, se le permitió continuar ejerciendo como sacerdote.

Disyuntiva

Ante la disyuntiva de decidir entre la prohibición de la Iglesia para participar en política y la ley paraguaya que impide que clérigos se postulen a cargos públicos, el llamado "obispo de los pobres" decidió colgar los hábitos en diciembre de 2006 para presentar su candidatura a la presidencia.

Se estudia la dispensa del ejercicio del ministerio episcopal para que él, si así lo desea y lo permite su estatus legal, pueda recuperar sus facultades plenas como pastor de la Iglesia, al final de su período en la presidencia
Roque Acosta, Conferencia Episcopal Paraguaya

La reacción del Vaticano fue no aceptar su renuncia al sacerdocio y su solicitud para ser laico.

En su lugar, se le suspendió a divinis, una sanción que le prohíbe ejercer funciones sacerdotales como la administración de algunos sacramentos.

Las autoridades vaticanas tomaron una medida semejante en el caso del sacerdote salesiano Jean-Bertrand Aristide, electo presidente de Haití en 1991.

Pero mientras Aristide, quien había sido expulsado de su orden, no era bien visto por la jerarquía católica haitiana por sus posiciones políticas radicales, los obispos paraguayos parecen tener hasta ahora una opinión positiva de Fernando Lugo, quien recientemente pidió perdón a la Iglesia por su decisión de postularse a la presidencia.

"Si mi actitud y mi desobediencia a las leyes canónicas causaron dolor, pido sinceramente perdón a los miembros de la Iglesia", dijo el mandatario electo en los comicios del pasado 20 de abril.

Opciones

Lugo se reunió la semana pasada con el Nuncio Apostólico en Paraguay, Orlando Antonini, a quien corresponde anunciar la decisión de las autoridades vaticanas sobre su estatus canónico, que debe contar con la aprobación del papa Benedicto XVI.

Fernando Lugo con el Nuncio Apostólico en Paraguay, Orlando Antonini
Lugo se reunió la semana pasada con el Nuncio Apostólico en Paraguay, Orlando Antonini.
Sin embargo, nada sobre el tema trascendió del encuentro.

Las opciones que más se barajan son tres.

La primera es reducir a laico el estatus de Lugo.

Otra, menos drástica, es retirarle temporalmente su dignidad de obispo. Así lo confirmó a BBC Mundo el vocero de la Conferencia Episcopal Paraguaya, Roque Acosta.

"Se estudia la dispensa del ejercicio del ministerio episcopal para que él, si así lo desea y lo permite su estatus legal, pueda recuperar sus facultades plenas como pastor de la Iglesia, al final de su período en la presidencia", indicó Acosta.

"Decisión papal"

Según fuentes del Vaticano, consultadas por BBC Mundo, el Papa podría optar también por mantener el actual estatus canónico de Lugo, la suspensión a divinis, sin pronunciarse sobre el asunto.

Su intención, aseguran las mismas fuentes, sería no hacer nada que se interprete como un gesto que pudiera menoscabar la autoridad del presidente electo en un momento crucial para Paraguay, tras el fin de 61 años de gobierno del Partido Colorado.

Esta salida diplomática estaría en línea con la política considerada de cautela y prudencia que sigue Benedicto XVI para resolver situaciones conflictivas o potencialmente difíciles dentro de la Iglesia.



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