Un enfrentamiento entre presos con pistolas y machetes dejó el sábado nueve muertos y dos heridos en una cárcel de la ciudad más violenta de Honduras, dijeron las autoridades.
La pelea empezó cuando un reo, vinculado con una de las temidas pandillas "maras", mató de un disparo a un reo común, conocido como "paisa", lo que desató la furia de los miembros de su banda en el presidio de la ciudad norteña de San Pedro Sula.
"Nueve reos, ocho de ellos miembros de pandillas, murieron a causa de una reyerta con miembros de los paisas", dijo a la agencia de noticias Reuters el portavoz del Ministerio de Seguridad, Héctor Mejía.
La televisión local difundió imágenes de los cadáveres cubiertos con sangre en los pasillos del presidio.
Mejía dijo que fuerzas especiales de la policía tomaron el control del presidio, que aloja a unos 3.000 reos y está ubicado
en una zona céntrica de la ciudad de San Pedro Sula, a unos 165 kilómetros al norte de la capital, Tegucigalpa.
Fuentes policiales revelaron a la agencia de noticias EFE que ocho de los reclusos murieron en el interior del presidio y otro, quien al parecer habría iniciado la riña, falleció en el Hospital Mario Catarino Rivas.
El informe preliminar de las autoridades del presidio indica que los reos perecieron por heridas con armas blancas, aunque a uno de
ellos se le decomisó una pistola.
La mayoría de ellos guardaba prisión por el delito de secuestro.
Cárceles superpobladas
San Pedro Sula es la ciudad más violenta del país, ya que se encuentra en el corredor que utilizan bandas del narcotráfico
para transportar cocaína desde Colombia a Estados Unidos por el litoral atlántico del país.
Es, también, la segunda ciudad más grande de Honduras y un gran centro industrial y comercial.
Los centros penitenciarios de Honduras están superpoblados, alojando a más de 12.000 presidiarios.
Son escenarios frecuentes de enfrentamientos y crímenes entre bandas delictivas rivales, en episodios en los que participan integrantes y ex miembros de las violentas "maras".
La alta tasa de criminalidad y la gran cantidad de pandillas de la droga tornan insuficiente la capacidad de las cárceles para recibir a criminales, tanto en Honduras como en América Central.