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Jueves, 17 de abril de 2008 - 03:14 GMT
Colombia/Ecuador: olla a presión
Hernando Salazar
Hernando Salazar
Bogotá

Rafael Correa y Álvaro Uribe
Continúan las recriminaciones mutuas.

Las relaciones entre Colombia y Ecuador son como una olla a presión a punto de estallar por segunda vez, donde se cocina una explosiva sopa de declaraciones, comunicados, acusaciones, demandas y filtraciones.

Por eso, analistas consultados por BBC Mundo creen que la mejor salida en estos momentos es que se callen los presidentes Álvaro Uribe, de Colombia, y Rafael Correa, de Ecuador, y dejen actuar a sus cancillerías.

El primer estallido de esa olla a presión se produjo el 2 de marzo pasado, cuando Ecuador rompió relaciones diplomáticas con Colombia.

El gobierno de Quito tomó la decisión después de que aviones colombianos bombardearon un campamento guerrillero en su país y mataron a 26 personas, entre ellas Raúl Reyes, el tercero al mando en las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

 Acusaciones cruzadas

El más grande golpe dado por el gobierno de Álvaro Uribe a las FARC en cinco años y medio resultó costoso con Ecuador, pero también con Venezuela y Nicaragua, que tomaron partido por Quito y cortaron relaciones.

Pero, además, entró en juego México, pues cuatro de los muertos en el campamento de Reyes eran nacionales de ese país, al igual que una sobreviviente.

La presión entre Ecuador y Colombia comenzó a bajar cuando se logró un principio de acuerdo verbal en el Grupo de Río, Caracas y Managua restablecieron relaciones con Bogotá y Quito prometió hacerlo, aunque solo reabrió la frontera.

Sigue la tensión

Sin embargo, la calma fue provisional. Mientras avanzaban los esfuerzos de la Organización de Estados Americanos (OEA) por restablecer las relaciones diplomáticas, seguían las declaraciones de Bogotá y Quito, y continuaban filtrándose correos electrónicos y fotos halladas en el computador de Reyes.

El gobierno colombiano ya había utilizado ese material para acusar a las autoridades ecuatorianas de ser complacientes con la presencia de las FARC en su territorio, pero Quito había rechazado reiteradamente esos señalamientos y respondido con otros.
Rafael Correa en visita de Estado a México
Correa volvió a tocar el tema durante su reciente visita a México.

Hace una semana hubo una especie de tregua verbal, a propósito de la visita a los dos países de una comisión de la OEA, que intenta encontrar fórmulas para la reapertura de las embajadas.

Pero la tregua se rompió el 11 de abril, durante una visita del presidente ecuatoriano, Rafael Correa a México.

Allí Correa volvió a tocar el tema, se quejó de Colombia y su colega mexicano, Felipe Calderón, exigió que se hiciera total claridad sobre la muerte de los cuatro nacionales de su país en el ataque al campamento de las FARC.

Entonces, Bogotá consideró que Correa era contradictorio y que se negaba a "pasar la página". Y se desencadenó una nueva oleada de comunicados y declaraciones, donde abundaron los adjetivos, que subieron de tono.

Uribe aprovechó su presencia en Cancún para decir que alentará las investigaciones judiciales sobre la forma como murieron los cuatro mexicanos, pero dijo que no habrá indemnización alguna a sus familias.

"Que se callen"

El ex canciller colombiano Augusto Ramírez Ocampo le dice a BBC Mundo que, en cuanto a la relación entre Colombia y Ecuador, "esa comedia de equivocaciones echó por la borda todo el esfuerzo para bajarle el nivel a las aguas".

El presidente Uribe hablando en Cancún durante el Foro Económico.
Uribe asegura que los estudiantes mexicanos eran "compinches" de las FARC.
Por eso, sugiere que los presidentes "se callen" y en lo mismo coincide Sandra Borda, profesora de Ciencia Política de la Universidad de los Andes.

Socorro Ramírez, una experta de la Universidad Nacional de Colombia en las relaciones con Ecuador, asegura que ambos gobiernos están exagerando.

"Más que un intento por normalizar las relaciones y poder hacerle frente al problema de fondo, a lo que asistimos es a exageraciones y descalificaciones de cada lado y a un esfuerzo por hacer primar la mirada unilateral sobre realidades compartidas", escribió Ramírez esta semana.

Ella considera que Colombia descalifica los esfuerzos de Ecuador contra las FARC, cuando este país asegura haber destruido 47 campamentos de esa guerrilla durante 2007, y desconoce las condenas que Rafael Correa ha hecho contra prácticas como el secuestro.

Y agrega que Ecuador también "exagera cuando el gobierno señala que se agotó la vía diplomática con Colombia y cuando desconoce los esfuerzos que, en medio de la confrontación, ha hecho el Estado colombiano para controlar esa frontera".

En su diálogo con BBC Mundo, Borda va más allá y dice que "es legítimo que las autoridades ecuatorianas no se quieran involucrar en el conflicto colombiano, porque ellos no pueden permitir que su territorio se vea en el centro de la confrontación de un país ajeno".

Otros, en cambio, lamentan que Ecuador se haya declarado neutral en esa confrontación y, de paso, pareciera darles a las FARC el mismo estatus que a un gobierno legítimo.

Más allá de todo, lo cierto es que el conflicto interno colombiano sigue poniendo a prueba las relaciones con los vecinos de Colombia.



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