Ecuador pidió esclarecer la identidad de uno de los muertos en el bombardeo.
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La identificación y nacionalidad de un supuesto guerrillero de las Fuerzas Amadas Revolucionarias de Colombia (FARC) abatido en Ecuador reavivó la tensión entre este país y Colombia.
Se trata del cadáver que fue trasladado junto al cuerpo de Raúl Reyes por el ejército colombiano tras la incursión militar a territorio ecuatoriano a un campamento guerrillero clandestino.
Originalmente Bogotá aseguró que se trataba de Guillermo Enrique Torres, alias "Julián Conrado", uno de los dirigentes de la organización rebelde.
Sin embargo el Ministerio de Defensa de Colombia confirmó que el cadáver no ha podido ser identificado con "los registros decadactilares disponibles en el país", aunque dijo que podría tratarse de Franklin Ponelia Molina, a quien señalan de ser un ecuatoriano miembro activo de las FARC.
También sugiere que podría ser el mismo Franklin Aisalia Molina, ciudadano ecuatoriano reportado como desaparecido tres días antes del ataque colombiano y quien sus padres creen que podría ser la persona que murió en la incursión militar.
Previamente Ecuador advirtió sobre las consecuencias diplomáticas con Colombia en caso de que se confirmara la muerte de un ciudadano de ese país.
¿Colombiano o ecuatoriano?
Pero ¿qué diferencia hace que el cadáver pertenezca a un colombiano o a un ecuatoriano?
Varios estudiantes universitarios mexicanos también murieron durante el ataque.
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Para poder responder esta duda y entender el alcance de las consecuencias que implica su respuesta habría primero que saber qué es lo que hacía en un campamento guerrillero de las FARC.
El gobierno colombiano asegura que el hombre muerto era un miembro activo de las FARC, ratificando su tesis de que el grupo subversivo cuenta con el apoyo logístico y participación de ciudadanos ecuatorianos.
Si era un guerrillero, para Colombia se justifica la acción militar, ya que estaría actuando en legítima defensa de los intereses nacionales.
Sin embargo el argumento colombiano se debilitaría, si se confirma la identidad de Aisalia, un cerrajero de 38 años que vivía en Quito y cuyos padres aseguran que no tenía vínculos con movimientos sociales ni algún tipo de afiliación política.
Y esa es la otra posibilidad, de que el ecuatoriano haya sido un civil no vinculado a la guerrilla (algo que también asegura ser el grupo de estudiantes universitarios mexicanos que se encontraban en el campamento, cuatro de los cuales murieron), y que fuera abatido en su propio territorio por un ejército extranjero.
Posibilidad que el presidente de Ecuador, Rafael Correa, considera como grave, ya que no solo se trataría de una violación a la soberanía territorial ecuatoriana, sino de un ataque contra ciudadanos de su país.
El papel de la OEA
Los gobiernos de Ecuador y Colombia han dicho en reiteradas ocasiones que cualquier diferencia relacionada a la crisis debe ser zanjada por la vía diplomática con la intervención de la Organización de Estados Americanos (OEA).
La OEA tendrá que asumir un papel determinante para resolver las diferencias entre Ecuador y Colombia.
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Pero además de mediar, habrá que ver si este organismo logra despejar de una vez los varios interrogantes que dejó la muerte de Raúl Reyes en suelo ecuatoriano.
Por un lado el gobierno colombiano exige explicaciones de los supuestos vínculos de los gobiernos de Venezuela y Ecuador con el grupo guerrillero.
Por otra parte, Ecuador pide que se verifique la veracidad de los documentos extraídos de los computadores de Reyes recuperados en el ataque, así como de la supuesta participación de Estados Unidos en la ejecución del ataque militar.
Por lo pronto, lo único claro en este complejo panorama es que la relación diplomática entre ambos países está aún muy lejos de volver a su cauce normal.