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Gary Duffy
BBC, Río de Janeiro
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Los grupos parapoliciales ofrecen protección... pero a un buen precio.
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Las vastas favelas de Río de Janeiro acogen a más de un millón de los ciudadanos más pobres de Brasil. Muchos de estos barrios marginales están en manos de bandas de narcotraficantes y sufren regulares y violentos choques con la policía.
Pero muchas de estas áreas están cayendo bajo el control de lo que se conoce como "milicias", complicando aún más una de por sí difícil situación de seguridad de las favelas.
Se trata de operaciones al estilo de "justicia por mano propia" a cargo de ex oficiales de policía, agentes fuera de servicio y bomberos, que ofrecen expulsar a las pandillas de traficantes de droga y brindar protección a la comunidad... pero a un buen precio.
¿Protección?
"Los pagos que ellos reciben son jugosos", declaró a la BBC el investigador policial Claudio Ferraz.
"Al ocupar un área exigen un pago que equivale a un impuesto como si fueran los amos del lugar. En algunas zonas tienen el control absoluto", explicó.
Las milicias vienen actuando desde hace algún tiempo, pero los observadores estiman que su número ha crecido en los últimos años, mientras las autoridades insisten en que están lidiando con el fenómeno.
Sin embargo, aunque ha se ha tomado algunas medidas contra personas sospechosas de pertenecer a estos grupos, subsisten las dudas sobre si la policía de Río de Janeiro puede efectivamente combatir la corrupción dentro de sus propias filas.
Pocos habitantes de las favelas hablan abiertamente sobre las milicias. Una representante comunitaria se expresó bajo la condición del anonimato.
"Ellos lo controlan todo, exigen, asesinan. Si no haces lo que ellos quieren, tu destino es la tumba", aseguró.
"Dictadura"
En algunas comunidades parece existir cierto nivel de aceptación e incluso de apoyo a las milicias que aparecen como una alternativa contra las bandas de narcotraficantes. Esto, al mismo tiempo, refleja la desconfianza en la policía.
No hay suficientes policías, segura un ex oficial.
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A pesar de esta aparente oferta de seguridad, las autoridades y algunos observadores consideran que terminan ejerciendo el control de la comunidad a través del temor y la violencia, exigiendo el pago de servicios como gas, televisión por cable y hasta el tiempo de acceso a internet.
"Creo que son peores que los narcotraficantes", dijo Gilberto Ribeiro, jefe de la policía de Río de Janeiro.
"Combaten a los traficantes porque quieren hacerse del control de ciertas áreas y posteriormente comienzan a controlar a la población para su propio beneficio económico", agregó.
"Es realmente preocupante que en estas comunidades pobres vivan bajo otro tipo de dictadura", opina Julita Lemgruber, directora del centro de estudios sobre seguridad y ciudadanía de la Universidad Candido Mendes de Río de Janeiro.
"Son grupos armados ilegales que controlan ilegalmente un territorio", añade.
Para un ex oficial de policía la explicación de este fenómeno es obvia:
"No hay suficientes policías para cubrir 700 favelas", dijo el capitán retirado Rodrigo Pimentel a la red TV Globo de Brasil.
"Las milicias programan turnos de protección que cubren entre 15 a 40 hombres en esas comunidades. Esto tiene su precio, así que no es fácil. El estado no puede hacerlo (cubrir 700 comunidades) pero las milicias sí".
La zona más segura
El diputado Jair Bolsonaro sugiere legalizar las milicias.
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Los críticos aseguran que es el fracaso del Estado lo que ha hecho que las bandas de narcotraficantes y las milicias hayan tomado muchas áreas pobres.
La favela de Tavares Bastos parece demostrar que un cambio es posible.
Este barrio, con una vista espectacular de Río de Janeiro, es una de las pocas favelas no controladas por milicianos ni narcotraficantes.
La razón es obvia: la cercanía del cuartel del fuertemente armado Bope, batallón élite de la policía.
No todos en la ciudad admiran a este batallón, sobre el que pesan acusaciones de violación de derechos humanos.
Pero en Tavares Bastos muchos piensan que la proximidad de esta fuerza ha conllevado una calidad de vida única en ese barrio.
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Ellos lo controlan todo, exigen, asesinan. Si no haces lo que ellos quieren tu destino es la tumba
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"Esta comunidad se ha convertido en la más segura de Río de Janeiro", aseguró un residente. ""Ya no hay traficantes ni ladrones. Nuestros niños pueden vivir en paz".
Una vecina añadió: "Ya no tenemos tráfico de drogas ni robos. Todo está tranquilo".
Pero el panorama en otros barrios de la ciudad es más sombrío, y al menos un centenar de las más de 700 favelas de Río de Janeiro podrían estar en estos momentos bajo control de las milicias, aunque las autoridades dicen que es difícil saber la cifra exacta.
Y cuando el gobierno del estado dice que desea erradicar las milicias, al menos un político defiende un controvertido argumento.
"Ellas ofrecen seguridad y permiten mantener el orden y la disciplina en las comunidades", expresó Jair Bolsonaro, diputado al Congreso brasileño.
"El gobierno debería apoyar a las milicias porque ellas no tienen la posibilidad de combatir el tráfico de drogas. Quizás en un futuro deberían legalizarlas", manifestó.