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Martes, 11 de marzo de 2008 - 15:30 GMT
¿Quién contará las historias?
Susan Lee

"El acceso a cientos de periódicos, estaciones de radio, canales de TV y al mundo de Internet brinda a cada persona las herramientas para conocer y tomar acción sobre situaciones que afectan a otros seres humanos en todas las esquinas del planeta."

Susan Lee

Los medios de comunicación son una fuerza poderosa. En Amnistía Internacional sabemos muy bien del poder que los medios pueden tener porque, en parte, somos un producto de ese poder.

DERECHOS HUMANOS
Susan Lee
Susan Lee tiene una larga carrera en el campo de la defensa de los derechos humanos en América Latina.
Su trabajo con Amnistía Internacional comenzó hace 15 años cuando entró como investigadora de casos de derechos humanos en países como Colombia y Paraguay.
Actualmente es la directora para América Latina de este organismo.
Fue en 1961 -sí, mucho antes de los blogs, del internet y hasta del Fax- cuando un abogado inglés publicó un artículo llamado "Los presos olvidados" sobre las historias de aquellos que se encontraban encarcelados alrededor del mundo a causa de sus opiniones.

El ensayo fue republicado en varios países y algunos meses más tarde nació Amnistía Internacional, la mayor organización de miembros para la defensa de los derechos humanos - todo tras la publicación de un artículo.

El poder de los medios es incuestionable. El acceso a cientos de periódicos, estaciones de radio, canales de TV y al mundo de Internet brinda a cada persona las herramientas para conocer y tomar acción sobre situaciones que afectan a otros seres humanos en todas las esquinas del planeta.

Un lado oscuro

El 2007 ha sido uno de los peores años en las últimas décadas para quienes trabajan en los medios. Solamente en aquellos 12 meses, más de 150 trabajadores de medios fueron asesinados alrededor del mundo y muchos más continuaron recibiendo amenazas por el solo hecho de sacar a la luz escándalos y abusos de autoridad que muchos pretendían ocultar.

En una crisis que se manifiesta a diario, periodistas han sido intimidados y hasta asesinados por escribir historias similares a las que Amnistía Internacional contó hace cuatro décadas.

Póster de Alan Johnston en la entrada de la sede del Servicio Mundial de la BBC
Detrás de las vidas de periodistas como el corresponsal de la BBC, Alan Johnston, secuestrado en la Franja de Gaza, se encuentran los rostros de aquellos tantos que arriesgan sus vidas para traer luz a las historias de asesinatos, corrupción, pobreza, tortura y violaciones a los derechos humanos que traen una sombra a la vida de millones de latinoamericanos.
Irak -el lugar más peligroso para ser periodista hoy- dominó el espeluznante ranking, con decenas de informes de trabajadores de medios asesinados, seguido por Pakistán y Somalia.

Pero esto no va a ser una sorpresa para los periodistas en América Latina, un lugar donde reporteros, fotógrafos, productores y camarógrafos han sufrido constantes ataques a su trabajo en los últimos años. De hecho, Amnistía Internacional ha documentado 10 asesinatos durante el 2007 y sabe que muchos más profesionales de la información ya no trabajan sobre historias de violaciones a los derechos humanos por miedo a represalias.

Detrás de las vidas de periodistas como el corresponsal de la BBC, Alan Johnston, secuestrado en La franja de Gaza, del camarógrafo de Al-Jazeera Sami al-Haj, detenido en Guantánamo y del periodista de Internet Shi Tao, sentenciado a 10 años en China por su trabajo; se encuentran los rostros de aquellos tantos que arriesgan sus vidas para traer luz a las historias de asesinatos, corrupción, pobreza, tortura y violaciones a los derechos humanos que traen una sombra a la vida de millones de latinoamericanos.

En Amnistía Internacional hemos seguido de cerca el sufrimiento de muchos de aquellos periodistas.

Uno de ellos es Pablo Pacheco, activista y periodista cubano, quien ha estado encarcelado tras haber sido sentenciado a veinte años en marzo del 2003.

Las autoridades cubanas lo acusaron bajo artículos de la Ley 88 que provee largas penas en prisión a aquellos encontrados culpables de apoyar políticas destinadas a "interrumpir el orden interno, desestabilizar el país y destrozar el Estado Socialista y la independencia cubana."

No olvidemos que en la región de América fueron periodistas los que, por ejemplo, destaparon los muchos escándalos de corrupción y abuso de poder que han sacudido al continente durante varios años
Dina Meza, una periodista que hasta recientemente trabajó para la Asociación por una Sociedad más Justa (ASJ) en Honduras, ha sido victima de varios actos de intimidación desde 2005, cuando la organización comenzó a trabajar sobre violaciones a los derechos laborales cometidas por empresas de seguridad privada. Las amenazas comenzaron tras el asesinato de Dionisio Díaz García, uno de los abogados que trabajaba con Dina en la ASJ.

Amnistía International también trabajó sobre el caso del reportero norteamericano Bradley Roland Will quien fue asesinado a balazos en Oaxaca, México, el 7 de octubre de 2007, mientras filmaba un enfrentamiento entre manifestantes de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) y hombres armados -más tarde identificados como oficiales del gobierno local.

Los dos oficiales que fueron detenidos en conexión con el asesinato fueron más tarde liberados sin cargo después de que las autoridades concluyeran que los miembros de la APPO fueron responsables. Hasta hoy existen serias preocupaciones sobre la imparcialidad de la investigación llevada a cabo.

El asesinato de Bradley es uno de una larga lista de abusos contra periodistas en México, casos en los que las autoridades fallaron en tomar acción para prevenir y castigar a los culpables, aún cuando los crímenes fueron cometidos por bandas criminales.

Independencia de los medios

Los medios de comunicación y periodistas independientes son partes cruciales de cualquier sociedad que dice respetar los derechos humanos o el estado de derecho. Son aquellos valientes individuos, junto con los miles de activistas de derechos humanos, quienes sostienen un espejo frente a nuestras sociedades, mostrándonos aquello que necesita de nuestra atención, aun cuando reunir esa información representa un riesgo a sus vidas.

Son aquellos trabajadores de medios independientes quienes corren hacia las crisis, las guerras y las balas, para recordarnos sobre las injusticias y desafíos del mundo en el que vivimos.
No olvidemos que en la región de América fueron periodistas los que, por ejemplo, destaparon los muchos escándalos de corrupción y abuso de poder que han sacudido al continente durante varios años y quienes hoy continúan luchando por dar un espacio a las historias de aquellos que sufren abusos.

Son aquellos trabajadores de medios independientes quienes corren hacia las crisis, las guerras y las balas, para recordarnos sobre las injusticias y desafíos del mundo en el que vivimos.

En Colombia, por ejemplo, los retos que enfrentan los trabajadores de medios han sido particularmente complicados. Gracias al valeroso trabajo de algunos periodistas destacados se ha podido conocer gran parte de la devastadora situación de derechos humanos que hombres, mujeres y niños viven en ese país.

Muchos de esos valientes periodistas han sido amenazados y asesinados por su labor. Pero en muchos otros casos aquellos profesionales de la información se han visto obligados, al igual que en otros países en conflicto, a autocensurar su trabajo para salvaguardar su seguridad y la de sus familias.






 

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