Hugo Chávez ha estado involucrado durante meses en una creciente disputa con Álvaro Uribe.
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La última jugada de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) fue una buena noticia para los rehenes y sus familiares y para el presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías.
Buena para las cónyuges, hijos y amigos de los cautivos, que durante años han hecho campaña para la liberación de sus seres queridos.
Y en el ámbito diplomático, buena para el mandatario venezolano que ha negociado directamente con las FARC.
Chávez ha estado involucrado durante meses a una creciente disputa con su homólogo colombiano, el conservador Álvaro Uribe, quien lo apartó de las negociaciones como mediador entre el gobierno de Bogotá y el grupo insurgente.
Socios improbables
En aquel momento, la idea era que el presidente de Venezuela ayudara a superar el punto muerto que había entre las dos partes sobre la propuesta de intercambio humanitario de rehenes por rebeldes en prisión.
Se considera que Chávez tiene una comunicación privilegiada con las FARC.
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Después de todo, ¿quién mejor que Chávez, con su visión bolivariana para negociar con los insurgentes de izquierda?
Pero la asociación de estos dos líderes sudamericanos con ideologías opuestas tuvo una corta vida.
Uribe consideró que su homólogo venezolano se inmiscuía demasiado en el conflicto y terminó por apartarlo de las negociaciones acusándolo de tener conversaciones sobre temas delicados con generales colombianos sin previa autorización.
Las cosas han ido de mal en peor desde que Chávez acusó a Uribe de ser un títere del imperio estadounidense y de amenazar con romper toda relación con Colombia.
Uribe, que tiene el apoyo de un vasto sector del pueblo colombiano en esta materia, no ha dado señales de querer volver a invitar a Chávez como mediador, a pesar del éxito que ha tenido con los insurgentes.
Parece poco probable que este último gesto unilateral de las FARC haga cambiar la posición del mandatario colombiano.