La liberación de cuatro rehenes abre esperanzas pero también dudas.
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Carlos Lozano, director del semanario Voz, del Partido Comunista Colombiano, es de los pocos que en este país pueden contactar a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
La militancia política de este periodista le ha valido vetos y señalamientos. Estos últimos han sido negados rotundamente por él. En 2007, incluso, el presidente Álvaro Uribe lo acusó de ser "cómplice de las FARC".
Lozano hizo parte del grupo de personas y entidades que han actuado como facilitadoras en la búsqueda de acercamientos entre el gobierno del presidente Uribe y las FARC para concretar un acuerdo humanitario.
A raíz de la liberación de cuatro ex congresistas que estaban secuestrados por las FARC, BBC Mundo habló con Lozano sobre las probabilidades de conseguir un acuerdo humanitario, que permita la liberación de tres dirigentes políticos, tres contratistas de Estados Unidos y 37 militares y policías.
¿Qué pasará ahora con los políticos, los militares y policías que siguen en poder de las FARC y qué pasará con el acuerdo humanitario?
Ésa es la incógnita. Es muy importante que se dé esta liberación unilateral de los cuatro ex congresistas, como lo fue hace un mes la de Clara Rojas y Consuelo González. El problema es que hasta aquí se cumplen los compromisos de las FARC con el presidente (Hugo) Chávez, que eran estas liberaciones y las pruebas de vida.
Parece muy distante todavía la posibilidad del acuerdo humanitario, que sería lo más aconsejable para poder resolver el problema de todos. En eso puede ayudar el presidente Chávez.
Se equivoca el gobierno colombiano cuando cierra esa posibilidad, aunque yo sé que el gobierno de Francia y de Suiza van a seguir apoyándose en la buena colaboración y en las positivas gestiones del presidente Chávez.
Chávez consigue liberaciones como las de hoy, pero sigue distanciándose de Uribe. Recientemente lo calificó de mafioso. En esas condiciones, ¿cómo puede Chávez seguir haciendo una mediación de facto?
Pensar en que retorne a su papel de mediador y facilitador como en octubre pasado es imposible. Las relaciones entre los dos presidentes no existen.
Chávez tiene interés en estos temas, porque la paz de Colombia es la paz en las fronteras. En función de su propia seguridad fronteriza él ha venido trabajando en esa dirección y creo que por eso lo va a seguir haciendo, no es porque sea cómplice de la guerrilla ni enemigo de Colombia ni de Uribe.
¿Qué tanto han avanzado Francia y Suiza en la búsqueda de un acuerdo humanitario, después de que las FARC dijeron que España y la iglesia Católica se habían autoexcluido?
Francia y Suiza siguen trabajando. Ellos tienen comunicación, como se dice 'línea directa' con las FARC. Sin embargo, estamos ante los inamovibles de un lado y del otro.
Los familiares piden, pero las partes no parecen mostrar demasiada voluntad.
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Toda gestión con las FARC choca en (la exigencia de desmilitarizar) Pradera y Florida. De ahí no se mueven. Así como toda gestión con el gobierno de Colombia choca con que no se puede hacer el despeje de Pradera y Florida, sino la llamada zona de encuentro, que no está claro qué es eso, ni cómo va a funcionar.
Pero yo creo que con paciencia y con cierta insistencia de parte de Suiza y de Francia, con la ayuda de Chávez, se pueden ir abriendo puertas.
Yo creo que cualquier situación que desemboque en la posibilidad de una negociación de un intercambio humanitario tendrá que hacerse en función de lo de Pradera y Florida. No veo otra alternativa hoy.
En esto también hay que ser realistas. No se trata de que hay que aceptar el chantaje de las FARC, sino de buscar fórmulas intermedias aceptables, que es lo que a mi modo de ver viene haciendo el ex ministro (Álvaro) Leyva.
Usted no menciona a España ni a la Iglesia. ¿Quiere decir que están por fuera de la mediación?
Lo que ocurrió con ellos era previsible. Yo se los había advertido a ambos. Que era mejor jugar un papel con mucho más cuidado.
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El problema con el gobierno de Uribe y con la guerrilla de las FARC es que le han dado al acuerdo humanitario, que es un acto de humanidad, un objetivo militar, estratégico.
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En el viaje del presidente Uribe a Europa, fíjese que mientras Suiza y Francia le reclamaban independencia para actuar, España hizo todo lo contrario, le dio una especie de cheque en blanco "haga lo que usted quiere presidente, nosotros lo respaldamos". Un país facilitador no puede hacer eso.
Chávez demostró que podía tener un lenguaje con el gobierno y otro con las FARC, que le permitiera acercarse. Estoy seguro de que si Chávez hubiera seguido en la mediación, los hubiera convencido (a las FARC) de que desistieran de Pradera y Florida, y los tendría negociando en Caracas o yo no sé dónde.
Y la Iglesia, mientras el padre Darío (Echeverri) y monseñor (Luis Augusto) Castro (presidente de la Conferencia Episcopal) abrían caminos, monseñor (Pedro) Rubiano (Arzobispo de Bogotá) los incendiaba. Eso fue desgastando el papel de la iglesia.
¿Cree que hay voluntad de parte y parte para conseguir un intercambio que permita devolverles la libertad a soldados y policías, y a guerrilleros?
Hasta ahora no hay voluntad de ninguna de las partes. El problema con el gobierno de Uribe y con la guerrilla de las FARC es que le han dado al acuerdo humanitario, que es un acto de humanidad, un objetivo militar, estratégico.
Chávez estaba intentando acercar a las partes. Eso lo están haciendo con mucha discreción, casi en secreto, Francia y Suiza. Aquí estuvo el canciller de Francia y ahora está una delegación Suiza. Ellos están trabajando en esa dirección y ojalá tengan resultados.
Yo soy optimista. Yo sé que el intercambio humanitario es inevitable. Hace tres meses era imposible pensar que las FARC fueran a hacer liberaciones uniltaterales.
Con Leyva estuvimos haciendo gestiones con las FARC para que liberaran a los enfermos. Lo rechazaron y nos dieron un portazo. Después llegó Chávez. Y mire en lo que va esto. Ya van seis liberados.