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Domingo, 24 de febrero de 2008 - 11:58 GMT
¿Candidato de unidad?
Fernando Ravsberg
Fernando Ravsberg
BBC Mundo, Cuba

Afiche en una calle cubana

Este domingo, los 614 diputados electos en enero, designan al presidente del Consejo de Estado, cargo ocupado durante más de 30 años por el comandante Fidel Castro, quien acaba de anunciar su renuncia al puesto.

Este anuncio plantea el inicio formal de una transición en Cuba, aunque ésta ya venía gestándose desde hacía meses con medidas económicas e incluso políticas adoptadas por el presidente interino, general Raúl Castro.

Y casi con toda seguridad él será el nuevo jefe de Estado, tal y como estaba previsto desde hacía muchos años y como insinúa el periódico oficial Granma cuando anuncia que fue el candidato que obtuvo el mayor porcentaje de votos en las elecciones.

Hay quienes especulan con otros dirigentes, como el vicepresidente Carlos Lage, podrían ocupar el cargo pero eso resulta bastante improbable dada la necesidad de tener un candidato de unidad.

Eslabón ideal

Por ahora, ese candidato es Raúl Castro, un hombre que reúne una historia político-militar respetada por los viejos dirigentes y un pragmatismo económico que da esperanzas de reformas a los más jóvenes.

Raúl Castro
Ese candidato es Raúl Castro, un hombre que reúne una historia político-militar respetada por los viejos dirigentes y un pragmatismo económico que da esperanzas de reformas a los más jóvenes

Es el eslabón ideal entre la generación épica -los viejos combatientes de la Sierra Maestra y de la clandestinidad- y los jóvenes nacidos con la Revolución como Carlos Lage, el canciller Felipe Perez Roque o el ministro de cultura Abel Prieto.

Finalmente el trabajo del hermano menor del Comandante es ser una especie de bisagra para la entrega del poder a los dirigentes más jóvenes, incluyendo los secretarios provinciales del Partido Comunista, desconocidos en el exterior pero con un enorme peso dentro del país.

Sin embargo, esa transición generacional, que a la postre es la verdadera que enfrentará el país, parece planificarse concienzudamente, tratando de evitar divisiones internas que enfrenten a uno u otro sector.

En este sentido, Raúl Castro controla los cuerpos armados, el ministerio de Defensa, y ubicó al frente de la cartera del Interior al general Abelardo Colomé Ibarra, un hombre que ha estado junto a él desde los días de la lucha guerrillera.

Este control le podría asegurar la capacidad de frenar cualquier intento de fractura en la cúpula del poder, donde conviven diferentes tendencias políticas unidas hasta ahora por la carismática personalidad de Fidel Castro.

Sector inmovilista

Y no todos tienen los mismos criterios respecto a los cambios que reclama la población y que implican una mayor apertura económica y la eliminación de muchas prohibiciones burocráticas que entorpecen la vida de la gente.

Diputados en el parlamento cubano
Existe un sector inmovilista que no quiere ceder ni siquiera en cambios tan insignificantes como abrir el acceso a los hoteles a los nacionales o permitir la compraventa de automóviles a ciudadanos cubanos.

Sin lugar a dudas existe un sector inmovilista que no quiere ceder ni siquiera en cambios tan insignificantes como abrir el acceso a los hoteles a los nacionales o permitir la compraventa de automóviles a ciudadanos cubanos.

Hará falta el respaldo de Raúl Castro y por lo menos el silencio de Fidel -prometió ser "cuidadoso" a la hora de expresar sus criterios- para poder avanzar por el camino de las reformas que han pedido cinco millones de cubanos en un debate nacional.

Este domingo se oficializará la transición pero será difícil que al día siguiente se produzca una revolución, el proceso que se gestó durante meses y que nació con la renuncia de Fidel Castro, continuará dando lentamente sus primeros pasos.

La razón es mantener la unidad del Partido Comunista y del gobierno. Raúl Castro fue muy claro cuando expresó que todo se haría por consenso, lo que en otras palabras quiere decir arduas negociaciones internas.

El asunto es aún mas importante porque los dirigentes cubanos dicen tener la percepción de que cualquier división dentro del país sería inmediatamente aprovechada por EE.UU. para tratar de desestabilizar y derrocar al gobierno.

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