Cuando uno camina por primera vez por el centro histórico de la Ciudad de Panamá puede pensar que éste fue víctima de un reciente ataque de barcos piratas con cien cañones por banda.
Muchos de sus cerca de 900 edificios están en ruinas y otros en un avanzado estado de deterioro.
Sin embargo, si el viajero observa con detenimiento, podrá ver pequeñas cuadrillas que se esfuerzan por detener el paso del tiempo.
La mayoría de estos trabajadores viven en la zona y han sido contratados por la Oficina del Casco Antiguo, una entidad estatal que, además de desarrollar proyectos de restauración de inmuebles, busca involucrar en ellos a la comunidad.
"Algunos de los obreros de las cuadrillas son jóvenes ex pandilleros, que participan en un programa piloto destinado a mejorar la seguridad del área e incorporar a este sector de riesgo a la comunidad", le dice a BBC Mundo la asistente ejecutiva de la oficina, Pitu Jaén.
"También tenemos varios programas de capacitación para que la población local se incorpore al desarrollo del área, tanto en la construcción o la restauración como en su preparación para que puedan trabajar en el sector turístico y hotelero", añade.
Patrimonio humano
La Ciudad de Panamá fue fundada en 1519 por el conquistador español Pedro Arias de Ávila, en el sitio conocido en la actualidad como Panamá La Vieja.
La Boyacá fue construida en 1890 y restaurada en 2005.
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Un siglo y medio después fue destruida, a causa de la invasión de unos 1.200 piratas capitaneados por el galés Henry Morgan.
El 21 de enero de 1673 se fundó la nueva ciudad, en lo que ahora se llama el Casco Antiguo.
Hace diez años, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) inscribió al conjunto monumental histórico de la Ciudad de Panamá como Patrimonio Mundial de la Humanidad.
"Ahora lo que queremos hacer es destacar el patrimonio humano del Casco Antiguo", nos dice Jaén.
"En muchas partes, se pone más énfasis en el patrimonio material, pero los sitios históricos no tienen ningún sentido sin la gente", explica.
Interés social
Jaén señala que uno de los problemas de los centros históricos es que, cuando se ponen de moda, suelen llegar personas con alto poder adquisitivo, muchas de ellas extranjeras, que compran propiedades para remodelarlas.
Este proceso, que puede resultar en la revalorización de la zona y en la expulsión de sus habitantes menos favorecidos, se conoce en el vocabulario urbanístico como "gentrificación".
"Lo que el estado panameño está tratando de hacer, a través de la oficina, es frenar un poco la gentrificación para mantener el sabor de diversidad que tiene el casco", dice la funcionaria.
Sin embargo, uno de los principales desafíos es que la gran mayoría de los inmuebles del centro histórico pertenece al sector privado.
Como respuesta, una de las iniciativas estatales ha sido la de restaurar edificios de su propiedad para convertirlos en viviendas de interés social.
Para habitarlas, seleccionan a personas que hayan vivido en el centro histórico durante más de 30 años, como promedio.
Anfitriones del Casco
A estas personas, en general de la tercera edad, se les cobra un pequeño alquiler.
Pitu Jaén, frente al convento de Santo Domingo.
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Las viviendas no se venden porque las autoridades saben que muchas propiedades de la zona han cambiado de dueños de manera informal y no quieren que este panorama se repita dentro de diez o quince años.
Hasta ahora, se han reparado unos siete edificios -uno de ellos, La Boyacá, tiene 26 apartamentos- y hay planes de recuperar cerca de otros 20.
La Oficina del Casco Antiguo ha invitado a los pobladores a participar en un programa llamado, provisionalmente, "Anfitriones del Casco".
La idea es que los vecinos les cuenten a los visitantes sobre su vida en el barrio.
Además, en la manzana donde está La Boyacá, un bello inmueble de madera que parece la proa de un barco, hay planes de hacer un pequeño museo de sitio, que recoja las historias de la gente que vivió allí y las de sus actuales moradores.
Escuela taller
La oficina también tiene una escuela taller, en colaboración con la Agencia Española de Cooperación Internacional, en la que 50 chicos y chicas del área cursan, a nivel técnico, estudios de restauración, carpintería, forja y albañilería.
A la vez que estudian, hacen una obra. En estos momentos, trabajan en la contrucción de un centro cultural y turístico en las ruinas del convento de Santo Domingo.
La comunidad tiene la oportunidad de participar y beneficiarse de varias otras actividades, incluidos un festival anual de música, conciertos, obras de teatro, proyección de películas, danza en lugares públicos, mercados de las pulgas y una gira especial para niños en el centro histórico.
Además, se trata de ayudar a la economía informal, mediante cursos para que se mejore la oferta y la calidad de los alimentos que se venden en la zona.
"Queremos que, dentro de lo posible, el dinero se quede dentro del casco y la economía mejore", le dice Pitu Jaén a BBC Mundo.
"La idea es que la población no sea desplazada, sino incluida en el desarrollo", concluye.