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Andrés Schipani
BBC Mundo, Lima
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El juicio se aplazó 24 horas tras una "crisis hipertensiva" de Fujimori.
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En el primer día del juicio por violaciones a los derechos humanos contra Alberto Fujimori, durante horas, lo único que se escuchaban eran los alegatos de las dos partes mientras el ex mandatario permanecía calmo y tranquilo.
Fuera de la sede de la Dirección de Operaciones Especiales de la Policía Nacional -donde Fujimori estaba siendo juzgado-, un centenar de manifestantes pro-Fujimoristas, vestidos de anaranjado clamaban: "Fujimori es inocente".
A pocas calles del tribunal, manifestantes pro-derechos humanos reclamaban: "justicia y verdad". En los cerros aledaños, francotiradores del ejército se mantenían vigilantes.
Perú mira atento
Dentro detrás de un vidrio supuestamente blindado, de un lado se encontraban los familiares de las víctimas de las llamadas masacres de 'La Cantuta' y 'Barrios Altos' por las que el ex mandatario es acusado de "actor mediato".
Cuando el ex presidente hizo su entrada, estoico, con la serenidad que siempre lo ha caracterizado, algunos se mordieron el labio inferior.
Del otro lado, se encontraban algunos congresistas Fujimoristas y en primera fila, los hijos del ex mandatario -Keiko, Sachi, y Kenji-, expectantes.
Testigos
Detrás del cristal, sentando en un banco en el centro de la sala y de cara al tribunal, un impasible Alberto Fujimori escuchaba atentamente, mientras la defensa presentaba a los testigos - entre los más notorios estaban los miembros de grupo paramilitar 'Colina', quienes fueron los responsables inmediatos de las dos masacres.
Lea: Fujimori clama su inocencia a gritos
Los familiares de víctimas de abusos se hicieron presentes.
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Mientras tanto, y siempre mostrando calma, el acusado tomaba notas incesantemente en un cuaderno.
"El grupo Colina representa la eliminación de la subversión sin tener que pasar por las manos de la justicia (...) y el acusado era el único con el poder de decidir si llevar a cabo o no una operación especial.", dijo José Peláez Barrales, el principal fiscal.
Y para el hombre que siempre fue caracterizado de frío, calculador y que ahora demostraba su clásico estoicismo a flor de la piel, la pregunta del presidente de la Sala Penal Espacial, César San Martín, sobre cómo se declaraba con respecto a los cargos que se le imputaban, le hizo perder los estribos. Fujimori se puso de pie y mirando al tribunal pidió permiso para una breve exposición.
Alzando su índice derecho, acusador y exaltado señaló que él había recibido el país en los años noventa en un colapso general, agobiado por la inflación y el terrorismo generalizado.
"No sólo era Sendero Luminoso", dijo enfáticamente agregando que el país se estaba desangrando en un territorio controlado por huestes terroristas y que las Fuerzas Armadas se enfrentaban sin armas a problemas limítrofes con Ecuador y Chile.
Furioso
Entonces, levantando ambos brazos, dijo furioso que gracias a su gobierno "se rescataron los derechos humanos de 25 millones de peruanos".
Fujimori enfrenta juicio tras varios años de ausencia del país.
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Ante el exabrupto, fue interrumpido en varias ocasiones por el presidente quien le advirtió "aquí mando yo" y le pidió explícitamente que respondiese la pregunta. Del otro lado del cristal, los familiares de las víctimas miraban azorados.
Fujimori se acomodó, pidió disculpas y agradeció el tiempo otorgado. Y luego afirmó rotundamente: "Soy totalmente inocente (...) no acepto la acusación fiscal".
Inmediatamente, giró su cabeza hacia el cristal y esbozó su primera sonrisa del día, dirigida a sus hijos.
Luego, vino el receso de dos horas. A la salida, su hija mayor, la jefa de la bancada Fujimorista del Congreso, Keiko, afirmaba a la prensa: "estamos muy orgullosos de mi padre y de su defensa (...) él es completamente inocente".
Larga espera
Fuera, las huestes de reporteros esperaban el fin del receso. Esperaban, como muchos peruanos, el inicio de uno de los primeros momentos claves de éste proceso histórico para Perú: su primera interrogación.
Pero ese momento nunca llegó. El ex mandatario -quien sufre de problemas de hipertensión arterial-, sufrió un pico de alta presión y su médico ordenó un reposo de por lo menos 24 horas.
"Mi padre está delicado de salud", decía con tono suave Keiko fuera de la sala penal.
Del otro lado, se escuchaban voces de los familiares de las víctimas. "Qué conveniente", dijo uno de ellos.