Cristina Fernández llegó al poder de la mano de su esposo, el presidente Néstor Kirchner.
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El amplio triunfo de la entonces candidata oficialista y ahora presidenta, Cristina Fernández, en las elecciones presidenciales celebradas en Argentina ha sido atribuido fundamentalmente al desempeño económico del gobierno de su esposo, Néstor Kirchner.
Al mismo tiempo, hay coincidencia en que la gestión de la primera mujer argentina elegida jefa de Estado en las urnas enfrentará grandes desafíos en ésa y otras materias, como las relaciones internacionales.
En 2001, el país sufrió una de las peores crisis políticas, financieras y sociales de su historia.
En diciembre de ese año renunció el presidente Fernando de la Rúa y Argentina llegó a tener cinco mandatarios -incluido él- en tan sólo diez días.
La tercera economía latinoamericana declaró la moratoria de su deuda externa, muchas industrias y empresas cerraron, el desempleo llegó a niveles nunca antes vistos y la mitad de la población cayo bajo la línea de pobreza.
Pero durante el gobierno de Néstor Kirchner, quien asumió en 2003, Argentina se recuperó rápidamente.
En lo político, se restituyó la gobernabilidad. En lo económico, se reestructuró la deuda externa, y cayeron la desocupación y la pobreza. Argentina llegó a crecer a un ritmo promedio del 8% anual.
Cristina Fernández ofreció continuar y profundizar los logros de la gestión de Kirchner, un mensaje que cautivó a la mayoría de los votantes.
"Ganamos ampliamente"
"La principal razón del triunfo de la primera dama fue el miedo a ese pasado de crisis. La población quiere perpetuar el buen momento que está viviendo y ninguno de los opositores fue capaz de ofrecer una mejor opción", dice a BBC Mundo el analista político Felipe Noguera.
Los retos
Pero la cómoda victoria también plantea incómodos retos. Los observadores coinciden en que, a partir de la toma de posesión, el gobierno de Fernández tendrá que hacer frente a preocupaciones económicas, institucionales y diplomáticas.
Entre las primeras se destaca la inflación y el riesgo de una crisis energética.
Los economistas afirman que el alza de precios es inevitable en una economía que crece como la argentina. Como consecuencia, en los últimos meses se ha registrado un fuerte aumento de precios en productos de la canasta básica de alimentos.
El problema es que hay fuertes discrepancias entre las cifras de inflación que publica el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), por un lado, y las que dan los analistas independientes, por el otro.
Estos últimos hablan de un 20% anual, mientras que el INDEC sólo registra un 9%.
Los críticos acusan al gobierno de "manipular" los índices, pero el oficialismo lo niega. De no resolverse, esta controversia podría ensombrecer los logros económicos en los que se apoyó Fernández durante la campaña.
Por otra parte, la crisis energética ya ha asomado en los meses de invierno, cuando la oferta de gas natural y electricidad no pudo hacer frente a la demanda de las calefacciones hogareñas.
En verano podía reeditarse por el uso de aparatos de aire acondicionado y una mayor actividad, en general.
"Esto se debe a la falta de inversiones", explica a BBC Mundo el economista Alan Cibils. "Si no se capitaliza el sector, la situación puede empeorar".
Institucionalidad y diplomacia
Durante la campaña electoral, Cristina Fernández dijo que quiere comenzar una etapa de mayor institucionalidad en Argentina, aunque no ha precisado en qué sentido.
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Se dice que ella no simpatiza tanto como su esposo con el estilo de Hugo Chávez. Quizás esto genere un cambio en la relación con Venezuela.
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"Habrá que ver si renuncia a los 'superpoderes' que el Congreso le dio al Poder Ejecutivo para redistribuir partidas presupuestarias y si desiste de gobernar por decreto, como lo ha hecho su esposo", dice Felipe Noguera.
La política exterior también plantea interrogantes. Hay coincidencia en que Argentina está prácticamente aislada internacionalmente por la "dureza" de Néstor Kirchner frente a Estados Unidos, el Fondo Monetario Internacional y algunos inversores europeos.
Además, su principal relación con el resto de América Latina parece ser a través del mandatario venezolano, Hugo Chávez, con quien Kirchner tiene un vínculo estratégico en materia energética y financiera.
¿Pero cambiará esto con Cristina Fernández? Durante la campaña, la primera dama ha hecho numerosos viajes al exterior con dos agendas: una ha sido exhibir ante el mundo una cara más "amigable" y otra mostrarle a los argentinos que defiende sus intereses en el exterior.
"Habrá que ver si ahora, como presidenta, puede cumplir con las expectativas que ha generado en ambos sentidos", afirma Noguera.
"Al mismo tiempo se dice que ella no simpatiza tanto como su esposo con el estilo de Hugo Chávez. Quizás esto genere un cambio en la relación con Venezuela".